APUNTE.COM.DO.- SANTO DOMINGO.- Deivi de León compró un camión en la mina Barrick Gold y, luego de pintarlo, decidió venderlo. El precio original del vehículo era de 1,550,000 pesos, pero lo publicó en el Marketplace de Facebook por 1,300,000 pesos para agilizar la negociación. Lo que parecía una venta rápida se transformó en una pesadilla que, según relató, aún le causa temor.
Un hombre se comunicó con él identificándose como interesado en ayudarlo a venderlo en Azua. "Tú estás vendiendo ese camión barato, hermano. Yo te lo puedo vender aquí en Azua", le escribió. Deivi aceptó. El desconocido le aseguró que enviaría a dos personas para comprarlo y le pidió que retirara la publicación de Facebook, argumentando que él lo ofrecería a un precio superior. Ese fue, según Deivi, el primero de varios errores.
Sin conocer personalmente al supuesto intermediario, Deivi le envió primero la ubicación de su vivienda y después la del lugar donde tendría el camión. El hombre lo mantuvo confiado con mensajes y hasta le compartió una ubicación en tiempo real, simulando que se dirigía hacia donde estaba el vehículo, pero nunca llegó. Le dijo que había tenido que devolverse y que el negocio tendría que esperar hasta el día siguiente.
El sábado aparecieron finalmente dos hombres. Dijeron que habían sido enviados por "Rubio", nombre por el que conocían al supuesto vendedor, para revisar el camión. Lo probaron, lo inspeccionaron y, tras unos minutos, manifestaron que no les interesaba. Deivi volvió a contactar al supuesto intermediario para informarle que publicaría de nuevo el vehículo. La respuesta que recibió fue parte del engaño: el hombre le aseguró que los compradores no habían quedado convencidos porque Deivi no les había transmitido suficiente confianza, y le pidió que les dijera que ambos eran "como hermanos" y que el camión estaba en perfectas condiciones.
Los compradores regresaron aproximadamente una hora después y esta vez aceptaron comprarlo. El supuesto intermediario le indicó entonces a Deivi que preparara el acto de venta y colocara 600,000 pesos como valor de la operación. Según le explicó, eso facilitaría el proceso relacionado con el pago de impuestos a la Dirección General de Impuestos Internos por el traspaso. Deivi preparó el documento y envió al desconocido fotografías del acto de venta, la matrícula, los documentos del propietario y su cédula. Después llegó la solicitud de su número de cuenta bancaria. Poco después recibió una imagen que parecía ser un comprobante de transferencia por 1,300,000 pesos.
Deivi creyó que el dinero había sido enviado. "Ya me transfirió", les dijo a los compradores mientras les entregaba las llaves y los documentos del camión. Pero antes de dejarlos marcharse decidió revisar su cuenta: no había un solo peso. El supuesto intermediario intentó tranquilizarlo: "Entrega el camión, que eso te cae como en cinco minutos", le respondió. Deivi se negó. Fue entonces cuando el engaño quedó al descubierto.
Uno de los compradores le preguntó cómo era posible que él no conociera al hombre que supuestamente había enviado la negociación, si minutos antes les había asegurado que eran como hermanos. Los compradores también tenían un comprobante de transferencia, pero la transferencia no había sido hecha a Deivi. Habían enviado 600,000 pesos a la cuenta indicada por el supuesto estafador. El comprador llamó incluso a un familiar que había realizado la transferencia, quien confirmó que habían pagado el camión y mostró el comprobante. El problema era que el documento de venta establecía un precio de 600,000 pesos, mientras Deivi había anunciado el vehículo por 1,300,000. El supuesto intermediario había conseguido que las dos partes creyeran que estaban negociando directamente con la otra.
Según relata Deivi, cuando finalmente confrontaron al supuesto intermediario, este llegó a admitir que era un delincuente y les dijo que acudieran a la Policía si querían.
El mecanismo había sido sencillo, pero efectivo. El estafador nunca necesitó estar físicamente presente. Contactó a Deivi como supuesto intermediario y, por separado, convenció a los compradores de que estaban tratando con el propietario del camión. A cada parte le proporcionaba la información necesaria para mantener la operación en marcha, mientras evitaba que vendedor y compradores conversaran directamente sobre las condiciones que cada uno había acordado con él. La estrategia también incluyó pedir documentos personales, fotografías y datos bancarios, además de generar confianza con explicaciones sobre el precio y el supuesto proceso de venta.