APUNTE.COM.DO.- Fink emprendió un viaje en motocicleta por Sudamérica con una promesa: darles a sus dos perras una vida más libre y aventurera. Aunque con el tiempo tuvo que despedirse de sus compañeras, no continuó solo. En plena ruta conoció a Fatum, la mascota que ahora viaja con él en el asiento del copiloto.

Mientras recorre el continente, Fink ha aprendido a hallar lo positivo en cada experiencia y a entender que la felicidad se vive en cada momento, y que lo más importante no es la meta sino el recorrido.

Antes de partir, Fink —quien prefirió no dar su apellido— residía en Ciudad de México y se desempeñaba como diseñador gráfico en una empresa de serigrafía y bordado.

“Tenía un buen trabajo, no me faltaba nada, pero tenía esa sensación de que había algo más en la vida, algo que se podía hacer más allá de trabajar, la vida en círculos y la rutina”, declaró a CNN desde Argentina.

Esa inquietud constante y sus dos perras, Nouba y Cosa, fueron los motivos que lo llevaron a cambiar su estilo de vida, hacer caso a lo que sentía y seguir su instinto.

Nunca tuvo un objetivo concreto, según relata, pero sí la curiosidad de explorar lo desconocido: personas, culturas, gastronomía, costumbres y paisajes, además de disfrutar del viaje con la mejor compañía.Fink y su perrita Fatum durante su viaje por Chile en octubre de 2025.

Cuenta que sintió una emoción muy particular desde que empezó a planear el viaje, vender sus cosas, despedirse de familiares y amigos y renunciar a su empleo. Finalmente, en diciembre de 2018, arrancó la aventura a bordo de su motocicleta, la Rinoceronta, que adaptó con una canasta acolchada donde viajaban Nouba y Cosa. También decidió compartir el recorrido en sus redes sociales.

La primera meta era recorrer el sur del continente hasta llegar a Ushuaia, la ciudad conocida como “el fin del mundo”, en el extremo sur de la Patagonia argentina. Fink describe el inicio del viaje como una etapa de aprendizaje, en la que debió silenciar los pensamientos que le venían a la mente y abrirse a grandes experiencias.

“Lo principal eran los miedos, las incertidumbres y enfrentarte a ellos”, afirma el hombre de 44 años. “Pensaba en qué pasaría si me quedaba sin dinero, si se descomponía la moto o si me accidentaba, pero al final del día te das cuenta de que las cosas que tengan que pasar van a pasar”.

Los tres salieron de Ciudad de México y siguieron la aventura por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Desde allí, uno de los hitos del viaje fue cruzar el Tapón del Darién, un tramo de selva tropical montañosa, remota y sin caminos que conecta Centroamérica con Sudamérica.

Fue necesario subir la motocicleta a un velero para llegar a Colombia y, desde allí, continuar hacia Ecuador, Perú, Chile y Argentina. La moto se averió en varias ocasiones y volvió a funcionar, y viajaron en camionetas, lanchas, kayak y hasta a caballo.

Cuando finalmente llegaron a Ushuaia, justo cuando la pandemia de covid-19 se expandía por el mundo, tuvieron que modificar sus planes, pero disfrutaron de lo que el paisaje les ofrecía.Cosa (izquierda) y Nouba (derecha) en  la ciudad El Bolsón, en la patagonia Argentina, en enero de 2021.Fink, Cosa y Nouba en Río Gallegos, Argentina en julio de 2020.Fink con sus compañeras de viaje en las Líneas de Nazca, en Perú.Fatum descansa sobre la Rinoceronta, en el departamento de Valle Fértil, en San Juan, Argentina, en septiembre de 2025.