APUNTE.COM.DO.- Las estadísticas más recientes sobre la aplicación de las leyes migratorias en Estados Unidos ofrecen una radiografía de la estrategia del Gobierno de Donald Trump: los arrestos se han disparado, las detenciones de inmigrantes crecieron casi un 70% desde comienzos de 2025, el ritmo de las deportaciones se acelera y la tasa de fallecimientos bajo custodia alcanzó su punto más alto desde la pandemia.

Desde que Trump prometió ejecutar la mayor operación de deportación en la historia del país, CNN ha monitoreado indicadores clave. Los gráficos que acompañan el análisis muestran una ofensiva migratoria con avances desiguales que, con frecuencia, se ha recrudecido en varios frentes a la vez. Los datos se actualizarán a medida que se difunda nueva información.

El Gobierno de Trump afirma que los arrestos de las autoridades migratorias se enfocan en delincuentes peligrosos, a los que describe como “los peores entre los peores”. No obstante, los registros de Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC) de la Universidad de Syracuse muestran que la mayoría de los detenidos no tiene condenas penales en su historial.

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El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) interpreta las cifras de otra manera. La entidad asegura que cerca del 70% de las personas arrestadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) fueron condenadas o acusadas de algún delito en territorio estadounidense, un cálculo que incluye cargos pendientes. Tom Homan, zar fronterizo de la Casa Blanca, ha insistido en que dar prioridad a las amenazas a la seguridad nacional no exime a nadie más: “Si estás en el país ilegalmente”, advierte, “nunca estás fuera de la mira”.

Quienes critican el enfoque oficial sostienen que las autoridades engañan al público sobre sus prioridades. “DHS infla el número de arrestos de ‘criminales’ al incluir a personas con cargos penales pendientes, porque muchos cargos penales no terminan en condenas, y un arresto de ICE les niega el debido proceso y su oportunidad de comparecer ante un tribunal”, afirma David Bier, del libertario Instituto Cato.

Mientras los arrestos de inmigrantes se multiplican, se produce otro giro: los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) realizan muchas menos detenciones que antes. Con el endurecimiento de los controles en la frontera entre Estados Unidos y México y el desplazamiento del esfuerzo migratorio hacia el interior del país, ICE asume ahora la mayor parte de esos arrestos, aunque también se ha visto a agentes de CBP con un papel más visible en algunas operaciones dentro del territorio estadounidense.

Las tácticas agresivas desplegadas en público se han convertido en una estampa habitual de la ofensiva migratoria de Trump, con agentes federales que en algunos casos rompen ventanas de vehículos o derriban a personas durante arrestos u operativos. A medida que avanzan las acciones de control migratorio, el uso de fuerza letal en estos procedimientos queda bajo un escrutinio creciente: al menos 20 personas han recibido disparos de agentes de ICE y CBP en servicio durante el segundo mandato de Trump.

Funcionarios del DHS han argumentado en repetidas ocasiones que los agentes de ICE enfrentan un aumento considerable de agresiones en su contra. “Los agentes de ICE y CBP están capacitados para utilizar la mínima cantidad de fuerza necesaria para resolver situaciones peligrosas, priorizando la seguridad del público y la suya propia”, declaró un portavoz del DHS a CNN el año pasado. “Nuestros agentes están altamente capacitados en tácticas de desescalamiento y reciben regularmente capacitación continua sobre el uso de la fuerza”.

Defensores de los derechos de los inmigrantes y algunos líderes locales acusan al DHS de poner en riesgo a las comunidades estadounidenses por el uso de tácticas agresivas.