APUNTE.COM.DO.- Un equipo de geofísicos de la Universidad de California en Riverside ha presentado un estudio en la revista Geophysical Research Letters en el que detallan un método para identificar con mayor precisión las zonas de una falla donde se acumula la tensión que posteriormente se libera en grandes terremotos. La investigación se centró en el terremoto de magnitud 8,84 que sacudió la costa de Kamchatka, en el extremo nororiental de Rusia, el 30 de julio de 2025, uno de los sismos más potentes de los últimos años.

Axel J. Periollat y Gareth J. Funning, autores del trabajo, partieron de una pregunta clásica de la sismología: cómo reconocer, antes de una catástrofe, qué sectores de una zona de subducción están realmente bloqueados y cuáles liberan energía de forma gradual. En estos límites entre placas tectónicas, donde una placa se hunde bajo la otra, se generan los sismos más grandes del planeta y, en muchos casos, los tsunamis más destructivos.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

La principal novedad del estudio reside en su enfoque metodológico. En lugar de supuestos previos sobre la ubicación de las asperezas, los investigadores utilizaron mediciones de velocidad horizontal obtenidas con estaciones GNSS —la versión más precisa de los sistemas de posicionamiento satelital para medir deformaciones del terreno— y con ellas construyeron un modelo probabilístico de bloqueo intersísmico sobre la megafalla de Kamchatka.

El modelo reveló una región principal con alta probabilidad de estar bloqueada, una especie de costura profunda donde la deformación se había acumulado durante décadas. Según los autores, esa zona retenía desde el gran terremoto de 1952 un déficit de deslizamiento que explica casi por completo la magnitud del sismo liberado en 2025. La energía almacenada desde entonces equivalía al momento sísmico descargado en la ruptura, lo que refuerza la relación entre bloqueo prolongado y el posterior terremoto.

Acantilados rocosos y mar agitado bajo un cielo nublado con una pequeña silueta humana en la cima.

Periollat y Funning procesaron las velocidades geodésicas de la península rusa con un modelo de elementos de contorno sobre una geometría triangular de la megafalla derivada de Slab2.0, una referencia global para estudiar zonas de subducción. Luego aplicaron un muestreo probabilístico para evaluar, elemento por elemento, qué partes de la interfaz estaban bloqueadas, sin imponer un patrón predefinido.

El resultado fue un modelo con seis regiones principales de alta probabilidad de bloqueo, entre las que destacó un clúster principal compuesto por 618 elementos del modelo. En esa zona, las probabilidades más altas coincidieron con los sectores de menor variabilidad estadística, lo que indica que el patrón no era un artefacto aislado sino una característica robusta del conjunto de soluciones exploradas.

Una persona arrodillada opera una computadora junto a una antena sobre un trípode en una cumbre rocosa con montañas nevadas de fondo.

Los autores calcularon que, con una convergencia tectónica de unos 80 milímetros por año, cada elemento bloqueado acumuló aproximadamente 5,8 metros de déficit de deslizamiento entre 1952 y 2025. En términos de magnitud sísmica, ese almacenamiento corresponde a eventos de magnitud de momento entre 8,85 y 8,99, compatible con el terremoto de 2025, cuyo momento sísmico se estimó en 2,26 × 10²² N·m.

El estudio no afirma que todo el segmento de la falla estuviera completamente trabado, sino que incluso con un bloqueo parcial en la región principal el modelo reproduce la energía liberada en 2025. No es necesario que toda la falla esté inmovilizada para generar un gran sismo; basta con que una porción persistente haya acumulado suficiente tensión durante décadas.

Vista panorámica de una ciudad con edificios, calles agrietadas, escombros, palmeras agitadas y un cielo nublado al atardecer.

Otro aporte relevante del trabajo es la comparación entre el terremoto de 2025 y el gran sismo de 1952, estimado en Mw 9,0. Ambos ocurrieron en el mismo sistema de subducción y parecen asociados a una asperidad persistente, una zona de bloqueo que resiste más de un ciclo sísmico y vuelve a concentrar tensión con el tiempo.

Según el estudio, la región señalada por el modelo coincide con el sector donde después se produjo la ruptura principal en 2025, lo que sugiere que estas zonas de bloqueo prolongado pueden ser identificadas con antelación mediante el análisis geodésico, aunque aún no sea posible predecir el momento exacto en que se producirá un sismo.

Sismógrafo analógico con aguja de punta roja que dibuja ondas sísmicas en un papel cuadriculado sobre un tambor. Equipo técnico y papeles al fondo.