APUNTE.COM.DO.- Nadie sabía, salvo los cuatro de Liverpool, que aquella noche de hace seis décadas sería la despedida de los conciertos. Los Beatles tocaron su último concierto pago la noche del lunes, con frío, niebla y viento, ante un estadio a medias lleno, en una cancha de béisbol de San Francisco. Era el 29 de agosto de 1966.

El escenario estaba detrás de la segunda base, rodeado por una jaula de alambre de un metro ochenta de alto. Afuera, un camión blindado esperaba para sacarlos de ahí.

Aquel hecho ocurrido hace 60 años es importante porque marcó el cierre definitivo de la etapa de los shows en vivo y resumió el agotamiento, el miedo y el cambio artístico que atravesaba la banda. No era exactamente el final que tenían previsto.La frase de John Lennon sobre ser “más famosos que Cristo” desató en Estados Unidos quemas de discos, amenazas y protestas contra los Beatles (AP)

La frase de John Lennon sobre ser “más famosos que Cristo” desató en Estados Unidos quemas de discos, amenazas y protestas contra los Beatles. Todo había empezado dos meses antes, cuando terminaron de grabar Revolver. Al día siguiente se subieron a un avión para comenzar una gira mundial durante la cual no iban a tocar ni una sola canción de ese disco. No era capricho: canciones como “Eleanor Rigby” o “Tomorrow Never Knows” sencillamente no podían reproducirse en vivo con cuatro músicos sobre un escenario. El estudio los había llevado a un lugar al que el formato del concierto ya no podía seguirlos.

Hasta que los Beatles aparecieron, un disco era literalmente el registro de una actuación en vivo. Pero ellos habían empezado a ver el estudio como una plataforma creativa en sí misma, un lugar donde experimentar con sonidos que nadie había intentado antes. Eso los entusiasmaba. Los escenarios, ya no.

Mientras Bob Dylan y los Rolling Stones inventaban lo que hoy reconocemos como el recital de rock moderno, los Beatles tenían la cabeza en otro lado. Sus shows de 1966 seguían el formato de un variety televisivo de los años cincuenta: cinco o seis actos, y los Beatles al final, con una media hora frenética antes de decir buenas noches. El público no iba a escucharlos. Iba a verlos. Y a gritar tanto que ellos mismos no podían oírse tocar.

Antes de llegar a Estados Unidos, la gira ya había sido una pesadilla. En Tokio, Japón, grupos nacionalistas marcharon con carteles que decían “Beatles, váyanse a sus casas”. En Manila, Filipinas, el grupo rechazó sin saberlo una invitación de la primera dama Imelda Marcos a una recepción en el Palacio Presidencial. Los despidieron con una multitud hostil que los escupió en el aeropuerto. Estaban aterrados. Pero lo peor estaba por venir.Fotografía en blanco y negro de un campo de béisbol nocturno con un escenario pequeño, personas y vehículos sobre el terreno de juego

La grabación del último concierto de los Beatles quedó incompleta cuando la cinta se cortó en medio de “Long Tall Sally”, la canción final. El escenario montado en un estadio de béisbol.

El 4 de marzo de 1966, el diario británico London Evening Standard había publicado una entrevista con John Lennon. En ella, el músico —que tenía 25 años— reflexionaba sobre la crisis de la Iglesia en Inglaterra y la creciente idolatría juvenil hacia los artistas. “Somos más famosos que Cristo”, dijo. En Gran Bretaña, la frase pasó casi inadvertida.

El 29 de julio, la revista estadounidense Datebook la republicó. Y el sur profundo de Estados Unidos estalló.

Una iglesia de Ohio anunció que excomulgaría a los feligreses que escucharan a la banda. En los puntos más conservadores del país se organizaron quemas públicas de discos. El Ku Klux Klan amenazó con hacer piquetes en el recital de Washington. Cinco miembros enmascarados de la organización supremacista blanca se presentaron, pero quedaron completamente eclipsados por los 32.000 fanáticos de la banda.

El 6 de agosto, Brian Epstein, representante de Los Beatles, tuvo que dar una conferencia de prensa en Nueva York para contener el escándalo. Cinco días después, Lennon habló públicamente en Chicago, donde comenzaba la gira por Estados Unidos, para aclarar sus palabras. “Si hubiera dicho que la televisión era más popular que Jesús, no habría pasado nada”, explicó. “No era mi intención ofender”. La aclaración no frenó el fanatismo. Las cartas de odio siguieron llegando.Fotografía en blanco y negro de cuatro músicos en un escenario con guitarras, amplificadores y una batería con el nombre The Beatles

En San Francisco, los Beatles tocaron once canciones y se fotografiaron en el escenario porque sabían que era su último show. Los Beatles llegaron a Estados Unidos en medio de esa tormenta. Tocaron ante estadios con cientos de butacas vacías, algo que nunca les había pasado.

El momento más tenso de toda la gira ocurrió el 19 de agosto en Memphis. Antes del primer concierto, el entorno de la banda recibió un llamado anónimo: uno o todos los Beatles serían asesinados durante la actuación. Afuera del estadio, el Ku Klux Klan clavó un disco de la banda en una cruz de madera y prometió venganza. Durante el show nocturno, alguien arrojó un petardo al escenario.

Tony Barrow, jefe de prensa de la banda, lo recordó con precisión: “Los que estábamos al lado del escenario, incluidos los Beatles que estaban sobre él, miramos inmediatamente a John Lennon. No nos habría sorprendido verlo desplomarse”. Era tan solo un petardo. Pero el pánico fue real, hubo corridas y heridos leves. El público, en su mayoría fanáticos furiosos con los fundamentalistas que habían generado el clima de amenaza, reaccionó con indignación.

Lo que nadie sabía en ese momento es que entre el público de aquella gira había un joven que rompía discos de los Beatles por considerarlos blasfemos, pero que al mismo tiempo idolatraba a Lennon. Se llamaba Mark Chapman. El 8 de diciembre de 1980 asesinó a balazos al músico en la entrada del edificio Dakota, en Nueva York. Lennon tenía 40 años.

Al día siguiente de Memphis, la banda debía tocar en Cincinnati. La lluvia torrencial y los relámpagos los obligaron a posponer un show por primera y única vez en su carrera: los organizadores no habían construido el techo prometido. Paul McCartney se enfermó ante la idea de ser electrocutado en escena. El concierto se reprogramó.Integrantes de una banda musical tocan instrumentos sobre un escenario elevado iluminado de noche y protegido por vallasFotografía en blanco y negro de una persona de espalda sobre un escenario ante una tribuna repleta de espectadores en un estadioCuatro músicos tocan sobre un escenario instalado en un campo verde junto a amplificadores y una bateríaCuatro músicos actúan sobre un escenario elevado con amplificadores y una batería ante un fondo de césped verde