APUNTE.COM.DO.- El rey Harald V de Noruega falleció este jueves a los 89 años, dejando un legado de resistencia y sentido del deber en la monarquía escandinava. Reconocido como el monarca más longevo en ejercicio de la última era, mantuvo una agenda oficial imparable incluso cuando la edad y la salud supusieron un claro desafío.
Su reinado estuvo marcado por un compromiso férreo y por la voluntad inquebrantable de afrontar no solo sus propios problemas médicos, sino también las profundas crisis institucionales que sacudieron la Casa Real noruega en los últimos tiempos.
Harald destacó por enfrentar sin vacilar los obstáculos asociados a su edad avanzada, incluidos serios problemas de movilidad, varias intervenciones cardiovasculares y la superación de un cáncer de vejiga. Pese a todo, hasta el final rechazó la posibilidad de abdicar y prefirió mantenerse activo en la vida pública, con frecuentes desplazamientos al extranjero y un ritmo de trabajo notable.
Este espíritu de perseverancia vikinga se vio, sin embargo, puesto a prueba por el reciente desprestigio que atravesó la Corona noruega, resultado tanto del mediático proceso judicial contra Marius Borg, nieto político del rey, como de los polémicos nexos de su nuera, la princesa Mette-Marit, con Jeffrey Epstein.
Desde la infancia, Harald tuvo que enfrentarse a situaciones extremadamente difíciles. Hijo del rey Olav y la princesa Marta, fue el primer príncipe nacido en Noruega en más de cinco siglos, hecho decisivo para la consolidación de la nueva monarquía nacional tras la independencia respecto a Suecia. Su temprana vida estuvo marcada por el trauma del exilio, obligado a abandonar Noruega a los tres años por la invasión alemana de 1940. Junto a su madre y sus hermanas, resistió en Estados Unidos durante cinco años, hasta el regreso triunfal de la familia real en 1945, celebrado con fervor por la sociedad noruega.
El periodo de formación y las primeras etapas de su vida pública consolidaron la imagen de Harald como líder y símbolo nacional. Luego de convertirse en príncipe heredero, su ascenso al trono en 1991 coincidió con un momento clave de transformación para el país y para la institución monárquica. Su papel durante los atentados de Utoya en 2011 le valió un reconocimiento especial.
A lo largo de sus últimos años, Harald tuvo que hacer frente a una serie de problemas médicos relevantes. En 2003, superó un cáncer de vejiga y, solo dos años después, fue intervenido a corazón abierto para implantarle una válvula artificial. En 2020, necesitó una nueva intervención para reemplazar ese dispositivo, y posteriormente, en 2024, un marcapasos permanente tras una infección contraída en Malasia durante unas vacaciones.
El Ejecutivo noruego asumió entonces un gasto de dos millones de coronas, aproximadamente 177.000 euros, destinado a cubrir la operación, generando polémica y críticas en la sociedad noruega. El monarca siguió dando muestras de resistencia en circunstancias similares, como su ingreso en febrero de 2026 en Tenerife, donde permanecía de vacaciones, a consecuencia de una infección cutánea en la pierna. A pesar de las limitaciones físicas, el rey siguió participando en iniciativas públicas y privadas.
No solo las dificultades de índole personal marcaron los últimos años del reinado de Harald. La Corona se vio envuelta en polémicas de gran repercusión mediática y social que pusieron en entredicho el prestigio de la institución. Uno de los factores de mayor presión fue el proceso judicial contra Marius Borg, hijo de la princesa Mette-Marit de un matrimonio anterior.
Borg enfrentó graves acusaciones, un total de 38, entre ellos cuatro violaciones, lo que supuso un duro golpe para la familia real, que lo acogió siempre con afecto y trato de nieto, aunque sin formar parte formalmente de la Casa Real. El príncipe Haakon, hijo del rey, actuó como padre adoptivo, enseñándole los valores familiares y la responsabilidad.
A las vicisitudes judiciales de Marius Borg se sumó la situación de la propia princesa Mette-Marit, cuya enfermedad pulmonar crónica derivó en numerosas ausencias de la vida pública y cuya relación con Jeffrey Epstein propició un prolongado debate sobre la gestión de la imagen y los límites del entorno real. Estos hechos precipitaron una crisis reputacional inesperada y compleja para una monarquía históricamente discreta.
El recorrido vital de Harald de Noruega no se comprende sin atender a sus años de juventud, marcados tanto por las circunstancias históricas de Europa como por las expectativas familiares. En la década de los 50, numerosos medios y publicaciones especializadas sostenían que el joven príncipe podría casarse con la princesa Sofía de Grecia, la que sería reina de España, a raíz de la química mostrada por la pareja tras compartir un viaje con sus respectivas familias. La pr