APUNTE.COM.DO.- El fortalecimiento del fenómeno de El Niño durante la segunda mitad de 2026 podría modificar las condiciones que influyen en la actividad ciclónica del Atlántico, justo cuando la temporada entra en su fase de mayor actividad. Sin embargo, una menor cantidad de tormentas no significa que la República Dominicana esté libre de riesgo, ya que un solo ciclón puede provocar impactos significativos en el territorio nacional.
La más reciente discusión diagnóstica del Centro de Predicción Climática de Estados Unidos, emitida el 13 de agosto, confirmó que El Niño se está fortaleciendo y proyectó más de un 90 % de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte. Además, la NOAA estimó un 69 % de probabilidad de que, entre octubre y diciembre, alcance una intensidad histórica, superior a los eventos registrados desde 1950.
El Niño es la fase cálida del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), caracterizada por temperaturas de la superficie del mar superiores al promedio en zonas del Pacífico ecuatorial, especialmente en la región central y oriental.
Su desarrollo no depende únicamente del calentamiento del océano. Surge de una interacción entre el océano y la atmósfera: cuando las aguas del Pacífico tropical se calientan de forma anómala y cambian los patrones de los vientos, también se modifica la circulación atmosférica y la distribución de las lluvias.
La NOAA explica que El Niño está asociado con temperaturas oceánicas por encima del promedio y con el debilitamiento de los vientos alisios sobre el Pacífico tropical, lo que puede reorganizar los patrones atmosféricos y afectar regiones alejadas mediante teleconexiones climáticas.
En agosto, la NOAA informó que las anomalías de temperatura de la superficie del mar superaban los 2 grados Celsius en sectores del Pacífico ecuatorial oriental. El índice Niño-3.4, una de las principales referencias de monitoreo, registró en julio una anomalía de +1.4 grados Celsius, mientras otros indicadores mostraban un calentamiento mayor hacia el este del Pacífico.
Uno de los efectos más importantes de El Niño para la temporada ciclónica del Atlántico es la cizalladura vertical del viento, es decir, el cambio en la velocidad o dirección del viento entre los distintos niveles de la atmósfera. Los ciclones tropicales necesitan que su estructura permanezca organizada para desarrollarse; cuando la cizalladura es fuerte, puede desplazar las tormentas lejos del centro de circulación, dificultando su fortalecimiento.
La NOAA señala que El Niño suele aumentar la cizalladura en el Atlántico, creando condiciones menos favorables para la formación de ciclones, por lo que en años de El Niño la actividad tiende a ser menor.
Para la temporada de 2026, la NOAA proyectó en mayo un 55 % de probabilidad de actividad por debajo de lo normal, con un rango de entre ocho y 14 tormentas con nombre, de tres a seis huracanes y entre uno y tres huracanes mayores.
La temporada ciclónica del Atlántico se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre, con mayor actividad entre agosto y octubre. El fortalecimiento de El Niño durante estos meses puede influir en el tramo final de la temporada.
En mayo, el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) indicó que los modelos apuntaban al desarrollo de El Niño durante el verano y su permanencia hasta el invierno, con posibilidad de fortalecerse en el pico de la temporada. Este escenario podría incrementar la cizalladura sobre el Atlántico tropical y dificultar la formación de ciclones.
La actualización de la NOAA del 13 de agosto confirmó que El Niño está en desarrollo y fortalecimiento, con más del 90 % de probabilidad de alcanzar intensidad muy fuerte en otoño e invierno.
Esto podría inclinar las condiciones hacia una menor actividad ciclónica en el Atlántico durante parte del período restante, pero no garantiza menos sistemas en todas las zonas ni descarta que un ciclón individual se forme o intensifique.
La propia NOAA advirtió que, incluso en eventos muy fuertes, los impactos de El Niño no ocurren de la misma manera en todas las regiones. Un fenómeno más intenso puede aumentar la probabilidad de ciertos efectos climáticos, pero no los garantiza y no elimina la influencia de otros factores atmosféricos y oceánicos.