APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -El jueves 21 de abril de 1966, el periódico Libertad reveló la destitución de Máximo Antonio López Molina como presidente del Movimiento Popular Dominicano (MPD). Se le acusaba de violar la disciplina partidaria, el centralismo democrático y el principio marxista de la crítica y la autocrítica.
El relevo de este dirigente repercutió de inmediato en la opinión pública. En 1960, López Molina había sido el artífice de la estructuración del MPD, convirtiéndolo en una vigorosa fuerza política que se opuso a la dictadura de Trujillo en el tramo final de su ominoso régimen.
La noticia ocupó las primeras planas de los diarios locales. La prensa recordó que el depuesto presidente del partido de la bandera negra y roja tuvo una notable incidencia en la transición democrática iniciada tras el ajusticiamiento del tirano en mayo de 1961, proceso que fue interrumpido por el golpe de Estado contra el profesor Juan Bosch en septiembre de 1963.
También se rememoró su resistencia frente a aquella acción antipatriótica. López Molina asumió el rol de comandante de la guerrilla sublevada el 21 de octubre de 1963 en la zona montañosa de Cevicos, liderando a jóvenes emepedeístas que desafiaron al gobierno cívico-militar del Triunvirato.
Debido a su actividad guerrillera, el dirigente fue deportado a Francia el 30 de noviembre de 1963. No pudo regresar al país sino hasta después de finalizada la sangrienta guerra civil de 1965. Su retorno ocurrió de modo clandestino el sábado 15 de enero de 1966 a través del puerto de La Romana, evadiendo el impedimento de entrada impuesto por el Triunvirato. Dicha prohibición había sido ratificada el 16 de octubre de 1965 por el gobierno provisional de Héctor García-Godoy, mediante el rechazo de una solicitud de anulación de esa arbitraria medida que vulneraba su derecho al libre tránsito.
Antes de su regreso definitivo, el presidente del MPD intentó volver en varias ocasiones sin éxito; fue devuelto a París desde Nueva York y, tiempo después, abandonado en la isla de Guadalupe, donde recibió ayuda de amigos franceses para retornar a Europa.
Durante sus dos años de exilio, este líder político visitó Cuba, Vietnam, Japón y la China continental. En estos destinos estableció cordiales relaciones con los partidos socialistas y participó en conferencias internacionales, utilizándolas como tribunas para denunciar las violaciones a los derechos humanos del gobierno golpista dominicano.
Por ello, para la opinión pública era difícil aceptar que un dirigente con un transparente historial de lucha democrática sufriera la humillación de la degradación partidaria. El comité central del MPD lo acusaba de renegar de la estrategia de la guerra popular, traicionar los principios del marxismo-leninismo y abrazar los vicios de la burguesía.
Este argumento resultaba inverosímil. El motivo real de la sanción residía en la severa crítica que López Molina había hecho a los gobiernos de la Unión Soviética y Cuba, presididos por Leonid Brezhnev y Fidel Castro, durante una conferencia en Vietnam.
El líder dominicano les reprochaba la presunta indiferencia de sus partidos comunistas cuando se produjo la invasión de las tropas de los Estados Unidos a la República Dominicana en 1965.
Dura crítica repercute en el campo socialista
Dicho cuestionamiento fue difundido por la agencia oficial de prensa de la República Popular China, Xinhua, junto a la condena de los delegados comunistas de Albania y Corea a la propuesta revisionista de la «coexistencia pacífica», alegando que dividía al movimiento socialista.
La crítica del presidente del MPD a los cubanos fue plasmada en una carta enviada a Fidel Castro desde París, el 17 de julio de 1965. En ella le recriminaba que, durante la intervención estadounidense en Santo Domingo, el Partido Comunista de Cuba no había observado el principio del internacionalismo proletario.
Esta controvertida postura provocó el enfado del primer ministro cubano. A principios de enero de 1966, Castro aprovechó el escenario de la Primera Conferencia Tricontinental en La Habana para manifestar su profundo desacuerdo. A este evento asistía una delegación dominicana de la cual formaba parte el ingeniero Cayetano Armando Rodríguez del Prado, vocero del comité central del MPD.
La delegación criolla estaba presidida por el desaparecido abogado y asesor laboral Guido Gil Díaz, en representación del Movimiento Revolucionario 14 de Junio. La integraban también Carlos Amiama, del Frente Unido; Asdrúbal Domínguez, del Partido Comunista Dominicano, y Euclides Gutiérrez Félix, delegado del coronel Francisco Caamaño, presidente del gobierno en armas que culminó su labor el 3 de septiembre de 1965 tras firmar el Acta Institucional.
Conforme a las notas autobiográficas escritas por el ingeniero Rodríguez del Prado en 2008, en un aparte con el líder cubano, este le manifestó que las declaraciones de López Molina, difundidas por la prensa internacional, «nos hirieron profundamente».—Tú sabes lo solidaria que ha sido Cuba con todos los revolucionarios del mundo y, particularmente, con los de América Latina… Pero, ¿qué más podíamos haber hecho nosotros por los dominicanos en esa situación? —le habría dicho Fidel Castro.
El enfado del líder cubano era comprensible. En el momento de recibir la crítica, se gestaba en La Habana la Conferencia Tricontinental, donde nacería la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL) y se afianzaría el liderazgo de Ernesto «Che» Guevara.
Poco después se divulgaría el famoso mensaje del legendario comandante argentino-cubano dirigido a los pueblos del mundo: «América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación (...) tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del segundo o tercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo».
Además, la Revolución cubana había demostrado su solidaridad con el pueblo dominicano desde sus inicios, teniendo un rol principal en la expedición armada del 14 de junio de 1959 contra Trujillo. Cuatro años más tarde, ofreció apoyo total para que miembros del MPD y del Movimiento Revolucionario 14 de Junio se prepararan militarmente en su territorio para enfrentar al Triunvirato.
Por tanto, la crítica de López Molina a Castro fue exagerada. Era un hecho demostrable que el internacionalismo proletario constituía el eje de la política exterior de Cuba desde 1959.
A pesar de las tensiones, aquella cita de la Tricontinental, celebrada entre el 3 y el 15 de enero de 1966 en La Habana, se convirtió en el escenario donde Cuba ratificó el principio revolucionario que sirvió de sustento teórico para propagar su experiencia guerrillera hacia Bolivia y otros pueblos latinoamericanos. Esto consolidó una política de compromiso con el Tercer Mundo que, en ocasiones, entraba en contradicción con la posición soviética de la coexistencia pacífica.
Esa postura se haría evidente más tarde con las manifestaciones de solidaridad en Argelia, Angola y otras naciones africanas. Estas acciones otorgaron a Fidel Castro un sólido liderazgo internacional, convirtiéndolo en una de las cabezas del Movimiento de Países No Alineados, junto al mariscal Josip Broz Tito de Yugoslavia, Jawaharlal Nehru de la India y el coronel Gamal Abdel Nasser de Egipto.
Queja de Fidel incide en caída de López Molina
Sin duda, el enojo manifestado por Castro en aquella reunión gravitó de manera decisiva en la resolución tomada dos meses más tarde por el comité central del MPD para separar a López Molina de la dirección partidaria.
Dicha medida estuvo precedida por una disculpa que Rodríguez del Prado extendió al líder cubano. El joven ingeniero le aclaró que los pronunciamientos de López Molina se habían hecho a título personal y no reflejaban la línea oficial del MPD, puesto que, desde antes de la guerra de abril, el comité central de la organización contaba con un nuevo vocero, responsabilidad que recaía justamente en su persona.
Los integrantes del comité central emepedeísta sentían una profunda admiración y respeto por la figura de Castro; además, confiaban en que el gobierno cubano ofrecería apoyo logístico y político a su proyecto partidario de guerra popular.
Historia
Tras la destitución de López Molina de la presidencia y del comité central del MPD, su hermano Ernesto —mejor conocido como Tico— ofreció unas declaraciones al periódico Listín Diario el sábado 23 de abril de 1966. En ellas aseguró que la sanción era consecuencia directa de las divergencias surgidas en la Primera Conferencia Tricontinental.
Tico afirmó que López Molina había sido relevado por orden de los «revisionistas soviéticos y cubanos», y vaticinó que aquella «traición» recibiría el repudio de los partidos marxistas-leninistas de China, Albania, Japón y Corea. A pesar de estas denuncias, el periódico Libertad reiteraría de forma insistente que el exlíder había violado el centralismo democrático al enviar la carta crítica a Fidel Castro.