APUNTE.COM.DO, SANTO DOMINGO. -Mucho antes del nacimiento de Jesucristo y de la existencia de calendarios, documentos y civilizaciones organizadas, la humanidad vivió una de las etapas más extensas y decisivas de su historia: la Prehistoria, un período que abarca millones de años y que sentó las bases de todo lo que hoy se conoce como sociedad moderna.
La Prehistoria comprende desde la aparición de los primeros homínidos hasta la invención de la escritura, aproximadamente en el año 3,500 antes de Cristo (a. C.), momento que marca el inicio formal de la Historia. Todo lo ocurrido en este largo trayecto pertenece, sin excepción, a un tiempo muy anterior a Cristo.
Un mundo sin escritura, pero lleno de huellas
La característica principal de la Prehistoria es la ausencia de escritura. No existen textos, crónicas ni documentos que narren los acontecimientos de esa época. Sin embargo, el ser humano dejó huellas claras de su paso por la Tierra: herramientas de piedra, restos óseos, viviendas primitivas y expresiones artísticas como las pinturas rupestres, que hoy permiten a los arqueólogos reconstruir la vida de aquellos primeros grupos humanos.
El origen y evolución del ser humano
Durante la Prehistoria se produjo uno de los procesos más importantes de la humanidad: la evolución del ser humano. Desde los primeros homínidos hasta el Homo sapiens, el hombre fue desarrollando habilidades físicas e intelectuales que le permitieron adaptarse al entorno, comunicarse y organizarse socialmente.
El aumento del tamaño del cerebro, la postura erguida y el desarrollo del lenguaje marcaron un antes y un después en la forma de vivir y sobrevivir.
El dominio del fuego: un punto de inflexión
Uno de los grandes hitos de la Prehistoria fue el descubrimiento y control del fuego. Este avance transformó radicalmente la vida humana: permitió cocinar los alimentos, protegerse del frío, ahuyentar animales salvajes y fortalecer la vida en grupo alrededor de las hogueras.
El fuego no solo mejoró la supervivencia, sino que impulsó la organización social y cultural.
Herramientas, caza y supervivencia
La fabricación de herramientas de piedra, hueso y madera fue esencial para la caza, la pesca y la recolección. Estas herramientas evolucionaron con el tiempo, pasando de instrumentos rudimentarios a objetos más elaborados, lo que demuestra el progreso tecnológico incluso en tiempos tan remotos.
Durante gran parte de la Prehistoria, el ser humano fue nómada, desplazándose constantemente en busca de alimentos.
Arte y creencias en tiempos primitivos
Contrario a la creencia de que los hombres prehistóricos solo se preocupaban por sobrevivir, la evidencia demuestra que también desarrollaron arte y espiritualidad. Las pinturas rupestres, esculturas y enterramientos con rituales indican la existencia de creencias, simbolismos y una visión del mundo más compleja de lo que se pensaba.
El gran cambio: agricultura y sedentarismo
Hacia el final de la Prehistoria se produjo una de las transformaciones más trascendentales: el surgimiento de la agricultura y la ganadería. Este proceso, conocido como la Revolución Neolítica, permitió al ser humano dejar el nomadismo y establecerse en comunidades permanentes.
Con el sedentarismo nacieron las primeras aldeas, la división del trabajo y las bases de la organización social.
La Edad de los Metales y el fin de la Prehistoria
El uso de metales como el cobre, el bronce y el hierro marcó la última etapa de la Prehistoria. Estos avances tecnológicos impulsaron el comercio, la guerra y el desarrollo de estructuras sociales más complejas.
Finalmente, con la invención de la escritura en Mesopotamia, alrededor del 3,500 a. C., la humanidad dio el salto definitivo hacia la Historia Antigua, cerrando así un período que se extendió por millones de años.
Mucho antes de Cristo, pero clave para la humanidad
La Prehistoria no solo ocurrió mucho antes de Cristo, sino que representa el cimiento de