APUNTE.COM.DO, Santo Domingo, RD. – La prisa puede ser una enemiga silenciosa. Conocido popularmente como “forzar el mingo”, actuar sin la debida reflexión al tomar decisiones importantes suele generar errores irreparables, pérdidas económicas y conflictos personales que podrían haberse evitado.

Expertos en psicología y desarrollo humano coinciden en que la urgencia nubla el juicio, disminuye la capacidad de análisis y provoca decisiones impulsivas que rara vez resultan beneficiosas. José Luis García, colaborador de Apunte.com.do, explica que “cuando la impaciencia guía nuestras acciones, se sacrifican la claridad y la objetividad, dejando espacio para errores que afectan tanto la vida profesional como la personal”.

El fenómeno no solo se limita al ámbito laboral. En la vida cotidiana, desde elecciones financieras hasta decisiones en pareja o familiares, el exceso de velocidad mental puede conducir a arrepentimientos profundos. Por ejemplo, comprar una propiedad sin investigar el mercado, aceptar un empleo sin evaluar las condiciones o tomar decisiones familiares precipitadas son errores frecuentes que nacen de la prisa.

Diversos estudios sugieren que quienes practican la deliberación consciente y el análisis previo de sus opciones tienen hasta un 40% menos de probabilidades de enfrentar consecuencias negativas por decisiones impulsivas. La paciencia, según estos expertos, no es solo una virtud, sino una herramienta estratégica para alcanzar el éxito y la estabilidad emocional.

Además, la prisa tiene un efecto directo sobre la salud física y mental. Tomar decisiones apresuradas genera estrés, ansiedad y sensación de urgencia constante, lo que afecta la concentración, la memoria y la capacidad de resolver problemas de manera efectiva. En este sentido, detenerse para reflexionar es una inversión de tiempo que previene errores, fortalece relaciones y permite un manejo más consciente de la vida.

José Luis García enfatiza que “no se trata de posponer indefinidamente, sino de darle el tiempo necesario a cada decisión. Reflexionar, evaluar riesgos, considerar alternativas y escuchar la intuición son estrategias que transforman la urgencia en prudencia, evitando así que la impaciencia destruya oportunidades valiosas”.

En un mundo donde la rapidez es constantemente valorada, recordar que la prisa no es buena consejera se convierte en un acto de sabiduría. La paciencia, más que un valor, es la mejor aliada para quienes buscan decisiones acertadas, resultados sólidos y una vida más equilibrada.