Así se ha comprobado en un estudio llevado a cabo en la Universidad de Texas en Dallas, Estados Unidos.
Se realizaron una serie de experimentos en niños, los cuales debían decidir quién tenía el dato correcto. Para esto se elegían dos personas, las cuales decían información muy parecida, pero una de ellas se presentaba como severa, mientras la otra de forma más relajada y amistosa.
De acuerdo a los resultados, los niños tendieron a considerar más veraz lo que decía la persona simpática, aunque supieran que no era experta, que lo que decía la otra.
La estrategia de mostrarse simpático ante un niño pequeño con el fin de aumentar la credibilidad de lo que se le diga puede ser beneficiosa si la usan, por ejemplo, policías, bomberos, y personal sanitario en situaciones de emergencia, pero puede resultar peligrosa si la utilizan otros desconocidos que quieran ganarse la confianza del niño con malas intenciones.