Ángel Javier
Abrilv del 1965
Los acontecimientos de la vida cotidiana, así como aquellos que se salen de la categoría de lo cotidiano, como lo fue la guerra civil ocurrida en el año 1965 para volver a instaurar la Constitución política de 1963 y para reponer en el poder al profesor Juan Bosch, quien había sido derrocado el 25 de septiembre de 1963, nos dejan experiencias y lecciones que es necesario extraer para situaciones que se puedan presentar en el futuro de los pueblos.
Primera lección: Los pueblos, al igual que el tiempo, no retroceden.
Los pueblos tienen ansias y sed de superación, tienen expectativas creadas que no deben ser defraudadas y quien lo haga está llamado a pagar las consecuencias.
Segunda lección: El liderazgo está para servir a los pueblos, y no al revés. Cuando el liderazgo se coloca de espalda, o contra el deseo de progreso de los pueblos, estos últimos crean otros líderes para que los guíe hacia la “tierra prometida”.
Tercera lección: Los pueblos crean la cantidad de líderes que sean necesarios en cada momento histórico.
En el 1965 el pueblo dominicano tenía como su líder al profesor Juan Bosch pero, por circunstancias históricas del momento, se vio que hacían faltas otros líderes y estos fueron surgiendo diríamos, espontáneamente, con el visto bueno y el apoyo del pueblo dominicano. Líderes como Francisco Alberto Caamaño, Fernández Domínguez, entre otros.
Cuarta lección: En una nación existen diversas corrientes, sectores sociales e intereses; ninguno de estos debe imponerse a los otros por la fuerza o la coacción, sino que debe haber una transacción para avanzar al ritmo que la historia señale como posible y mantener unida la nación.
Quinta lección: Frente a un enemigo exterior (de fuera, quiero decir) el pueblo y todos los sectores se unifican para defender a la nación.