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Santo Domingo, RD.-Victor Alexander Portorreal, conocido con el mote de "El Metálico", y ahora como el "monstruó o el demonio", parece que tenía muy bien calculado el crimen que cometeria, ya que un día antes entregó a su madre, la hija biologica que criaba junto a sus hijastros,
Es decir, que prefirió salvar a su hija, para matar las ajenas, según los detalles que se han ido conociendo sobre su persona.
También se informó que "El Metálico o Monstruó", se enfadó mucho luego de que cerca de su residencia unos evengélicos realizaran un culto, y de manera indirecta cuestionaron su comportamiento. Esto lo habria más para cometer el crimen.
La forma en que mató su pareja y sus hijastros, así como al perrito de la casa, y la historia de que degolló una gallina y se tomó su sangre caliente solo llegan a la conclusión de que se trataba de una persona con una menta diabólica.
DEGOLLÓ UNA GALLINA
Según cuenta una persona que lo conoció, el asesino de su esposa,y sus tres hijastros, quien también mató el perrito de los menores, en una ocasión tomó la gallina de un vecino, la degolló y se bebió la sangre caliente que derramaba el ave directamente de la herida, como si nada hubiera pasado.
Dijo que a pesar de ese hecho, que consideró muy bochornoso, nunca pensó que Portorreal tuviera las agallas de matar a una madre y sus tres hijos menores de edad de una manera tan brutal.
Mientras que, otros vecinos contaron que todos los días Portorreal Mendoza, quien era apodado como “El Metálico, Chamán Chakra o la Greña, transportaba a los niños de Reyna Isabel a la escuela San José, ubicada en el kilómetro siete y medio de la carretera Sánchez.
A SU LLEGADA SE ENFADO
Vecinos del lugar opinaron que lo que desató la ira de Víctor Alexander Portorreal Mendoza en contra de su propia a familia, fue un culto que hizo un vecino evangélico en la proximidad.
“En medio del culto, cuando el asesino entraba a la vecindad, el pastor predicando empezó como a tirar puya y decía “aquí me huele a metálico, “me huele a santería”, “me huele a altares”, “es más, me huele a sangre, me huele a muerte”, revelaron los vecinos..
El hedor aún invade los rincones del pequeño apartamento que habitó por 17 días, mientras que las moscas han sido atraídas por la fetidez del lugar, por lo cual las familias piden a las autoridades que desinfecten la casa lo más pronto posible.
Apuntaron que el bajo a cadáver se ha metido por sus patios y temen que esto pueda degenerar en problemas a la salud, por causa de la moscas que vuelan por todas partes.
El asesino llegó a tal dimensión, que luego de matar a su pareja y sus dos hijastras, la violó, y al siguiente día ahorcó al niño. También mató al perrito de la casa.
El sábado, un día antes de cometer el horrendo crimen, Víctor Alexander Portorreal Mendoza (El Metálico), entregó su hija de un año y medio de edad que criaba junto a sus hijastros, a la madre de ésta, detallaron los vecinos del barrio Enriquillo, del kilómetro 8 de la carretera Sánchez, de esta Capital.
Ese hombre que le contó a la Policía Nacional que luego de degollar repetidas veces a Reyna Isabel, tomó a sus niñas, una por una, las ahorcó y luego las violó, y que tras cometer el hecho se fue a pasear con el niño de 11 años todo un día y lo ahorcó de regreso a la casa. A pesar de esos actos, dicen los vecinos que continuó viviendo muy normal con los cadáveres en el apartamento.
“Tras matarlos de forma tan cruel, él siguió haciendo una vida normal en el barrio. Entraba a la casa, salía a la calle, volvía a entrar y se bañaba. Se cambiaba de ropa y volvía a salir, pero en ese lapso no dejó ver ninguna expresión ni un comportamiento diferente de lo que siempre lo caracterizó”, dijo el señor Víctor Manuel Mancebo, uno de sus vecinos más cercano.
Explicó que el último día que vieron a “El Metálico” fue el miércoles en la tarde, cuando la gente empezó a advertir un bajo a cadáver, pero en realidad sospechaban que se trataba de un ratón, un gato, un perro o un pollo que se había muerto, y empezaron a buscar para limpiar el área.
“No encontramos nada y olvidamos eso, aunque el olor seguía dando muy fuerte, pero ya no lo vimos más y tampoco fue extraño para nosotros su ausencia. Entonces en la mañana del jueves un jovencito dijo que el olor salía del apartamento de los nuevos vecinos y que creía de que ahí dentro había alguien muerto en estado de putrefacción y fue cuando llamamos al 911”, dijo.
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