“Perdimos el control del vehículo al caer un charco en la circunvalación”, dice Robert de León, esposo de la ginecóloga fallecida el pasado domingo en un lamentable accdidente de tránsido.

Se trata del caso de Ruth Altagracia Infante, de 49 años, quien perdió la vida cuando regresaba a Santo Domingo junto a su esposo e hijo. Sus restos fueron velados en la Funeraria Blandino, de la avenida Abraham Lincoln, del Distrito Nacional, en medio de un gran dolor de sus familaires, y amigos.

Su pequeño hijo de cinco años, quien resultó con heridas en sus piernas en el accidente en el que su madre perdió la vida cuando regresaban a la capital desde el kilómetro 32 de la Autopista Duarte, por recomendaciones de varios psicólogos, permaneció con los familiares más cercanos junto al cuerpo sin vida de su madre para que le explicaran la situación.

Robert de León sufrió varias heridas en su cara producto del accidente

“Veníamos a velocidad moderada porque había lluvia, pero pese a eso, en esa vía se hacen una especie de charcos de agua. Veníamos circulando a unos 90 kilómetros por hora, nada del otro mundo, y al entrar en uno de esos charcos, perdimos el control del vehículo”, contó De León visiblemente afectado.

En unos 10 segundos el vehículo comenzó a dar vueltas, “yo no podría reconstruirte el momento, porque todo fue muy dramático. El caso es que el vehículo en que íbamos chocó contra un barandal y fue exactamente en la parte derecha de adelante, donde iba Ruth y le causó heridas que fueron mortales instantáneamente. Ella no sufrió”.

Ruth Infante, quien trabajada en la Clínica Profamilia Evagenlina Rodríguez, cumpliría 50 años el próximo mes y deja en orfandad a un niño de cinco años.

A la Funeraria Blandino llegaron decenas de arreglos florales como forma de solidaridad con la familia de la doctora.

Carta

En su cuenta de Facebook, Robert de León escribió una carta titulada: “La conocí hace 31 años... y hoy la pierdo para siempre”, donde explica cómo se conocieron

En el escrito expresa que “esto debiste leerlo el próximo 3 de septiembre, cuando estuviéramos celebrando la vida con todas las bendiciones que el Señor nos ha dado. Sin embargo, hoy tengo que despedirte para siempre, con lágrimas en mis mejillas, con el corazón roto y las dudas (por suerte momentáneas), de si podré sacar dos hombres de bien de Javier y de Lucas”.

Dice que “aún después de tu muerte me sigues enseñando... Te diré que la gente te adora y ya te extraña. Que los abrazos pueden sustituir las comidas y que el cuerpo humano tiene la capacidad de producir lágrimas infinitas”.

“Cuánto dolor Ruth. Entre tanta confusión, he sobrevivido porque he incorporado una nueva frase a mi discurso de vida: No le preguntemos a Dios ¿por qué?, preguntemos ¿para qué?”, se pregunta.

Agrega que “así las cosas, te tomaré la palabra en la última recomendación que me hiciste antes de partir: Hoy, pese a mi dolor, alabo y le doy gracias a Dios por este maravilloso viaje de 31 años que hemos compartido”.