Reflexiones sobre la realidad nacional (resumen)
Por Luis Abinader
Esta crisis, cuyo fundamento principal es de naturaleza política y moral, es compleja. Se manifiesta a través de una severa falta de confianza en nuestro liderazgo político, lo que, a su vez, afecta la ya deficiente institucionalidad y credibilidad de los partidos políticos.
Casi veinte años de una desmesurada concentración del poder en manos de un solo partido, en base a la apropiación y uso ilegal de los recursos públicos, ha tenido nefastas consecuencias para el ejercicio transparente y pulcro de la política y el buen gobierno. Este comportamiento ha limitado la posibilidad de una competencia política justa y equitativa, convirtiendo la alternabilidad en el poder en letra muerta.
El PLD ha propiciado la desarticulación de la oposición, mediante la compra o cooptación de dirigencias completas y la intromisión divisionista en la vida interna de los partidos, a través de decisiones manipuladas del Tribunal Superior Electoral.
Tanto poder concentrado en la cúpula de un partido y en el presidente de la República ha minado las bases institucionales del Estado, subordinando el poder congresional y la justicia a sus designios, convirtiéndolo en una especie de “monarca” pseudo democrático.
Han sido la movilización ciudadana y la presión internacional los factores que han determinado que el gobierno actuara, tratando de involucrar al mayor número de personas, y selectivamente a quienes le adversan, mientras pretende cuidar las espaldas de sus colaboradores más cercanos.
Hace ya un año solicité que se estableciera un fiscal independiente para el caso Odebrecht. Hoy reitero, solo con un Ministerio Público y un poder judicial independiente se puede llegar a una justicia confiable.
A través del control total de los poderes públicos, los gobiernos del PLD han convertido la corrupción en una política de Estado. La exclusión de la gran estafa en las sobrevaluaciones, la falta de sometimiento de los responsables del cuestionado contrato de Punta Catalina y las elementales fallas procesales en las medidas de coerción del Ministerio Público, así lo demuestran.
El ingrediente que ha puesto en cuestionamiento las bases de la legitimidad de este gobierno, tras el destape de los escándalos de corrupción de Odebrecht, ha sido la creciente indignación ciudadana. Se trata del icónico movimiento de la Marcha Verde. Esta espontánea acción ciudadana que reclama justicia contra la impunidad y la corrupción, ha activado a cientos de miles de personas en toda la geografía nacional, como ocurrió el pasado domingo en San Pedro de Macorís.
La indignación ha levantado a la ciudadanía y proporcionado una cohesión moral que la unifica como una sola voz, dotándola de un poder y compromiso político que trasciende la simple lucha electoral y promete producir efectos eficaces en la transparencia, la justicia, la institucionalización y el adecentamiento de la vida pública.
Tengo la firme convicción de que ese esfuerzo ciudadano debe apoyarse, respetarse y profundizarse. Es esencial que todos estemos claros: sin ciudadanía y sin Estado de derecho, la vida democrática languidece y los partidos se convierten en simples maquinarias al servicio de elites políticas.
El sistema de partidos se encuentra en una delicada encrucijada. El problema central que le aqueja es producto del alejamiento de los partidos de los ciudadanos, a quienes deben su existencia y razón de ser. Se requiere un diálogo permanente entre ciudadanía y partidos, con transparencia, eficiencia y vocación moral.
El PRM constituye hoy una opción real de cambio. Sin embargo, para lograrlo debemos ganarnos la confianza perdida de la población en la política y en los políticos.
Hacia futuro, enfrentamos otra gran tarea: la reforma democrática del Estado, que comienza con lograr una efectiva separación e independencia de sus poderes, que incluye un sistema de justicia con verdadera autonomía, así como una Cámara de Cuentas y un Ministerio Público igualmente autónomos.
Todo ello exige de un PRM sólidamente unido y muy claro en sus objetivos. Se necesita conciencia de que el partido requiere una renovación política profunda que nos permita crear los mecanismos que aseguren la vida democrática y la transparencia interna, establecer unos marcos institucionales modernos y formar nuestros militantes en el conocimiento de la política y la ética. Solo por esa vía lograremos obtener el favor del pueblo.
(Ver texto completo de la reflexión en https://www.diariolibre.com/noticias/reflexiones-sobre-la-situacion-nacional-AD7353938