(CNN Español) - En pleno corazón de Madrid, en el entorno del conocido como “Paseo del Arteâ€, se encuentra la Real Fábrica de Tapices. Fue fundada en 1721 por el rey Felipe V, siguiendo el modelo de los talleres reales franceses de principios del siglo XVII y queriendo emular la grandeza de la Corte de Versalles.
Dicen que visitarla es como trasladarse en el tiempo, no solo porque alberga una magnÃfica colección de tapices y alfombras de los siglos XVI al XX, también porque en ella se mantiene vivo el oficio de los artesanos, cada vez menos común -sobre todo en Occidente- con los efectos de la globalización.
José Ignacio GarcÃa trabaja en la Fábrica de Tapices desde los 14 años. Reconoce que por aquel entonces tampoco era un trabajo común, pero explica: “Me gustó, entré… Y luego con el tiempo me ha ido gustando bastante más. Porque si no estos oficios no son para hacerte rico...â€.
Ahora trabaja en la restauración de más de 30 tapices del Palacio de Dresde, que fue destruido en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Además de restaurar tapices ya existentes, en esta fábrica también se realizan diseños por encargo. Es el caso del tapiz sobre la masacre de Sabra y Chatila, que hace referencia a la matanza de palestinos en los campos de refugiados de las localidades homónimas durante la Guerra del LÃbano. Un pedido para el Museo Panárabe que se abrirá en Beirut en el cual están trabajando Marta Soria y otros siete tejedores.
Este tapiz mide más de 22 metros caudrados y les tomará tres años terminarlo. Al pasar tanto rato con las obras, los artesanos inevitablemente crean un vÃnculo. “Cuando ya estás terminando el tapiz estás cansada, pero cuando lo cortas te da penitaâ€, reconoce Marta.
El proceso de elaboración de un tapiz es laborioso y requiere de mucho tiempo, dedicación y paciencia. Lo primero que hacen los tejedores es montar la urdimbre, que es la base del tapiz. Se monta en un urdidor, luego lo pasan al telar y colocan los hilos uno a uno.
Después pintan las lÃneas base del tapiz a partir del cuadro que les facilitan. Pasan un papel cristal grande, calcan las lÃneas base y lo colocan pegado a los hilos para con un grafito, que es lápiz, marcar hilo por hilo, punto a punto, hasta hacer las lÃneas.
Uno de los grandes atractivos de este lugar, que también tiene un museo abierto al público, es que el visitante puede admirar obras de arte y, al mismo tiempo, observar a los artesanos trabajando en cada uno de los tapices.
“Ha sido un descubrimiento. Ahora lo vamos a valorar muchÃsimo más porque hemos visto cómo se trabaja desde el inicio y nos ha sorprendidoâ€, reconocen Concha Giménez y Pilar de la Hoz, dos amigas que por primera vez han visitado la Real Fábrica de Tapices.
Esta manufactura centenaria tiene como clientes a gobiernos, casas reales de todo el mundo -incluida la española- , museos y también a particulares. José Ignacio recuerda que cuando se casó el actual Rey de España, Felipe VI, allà se restauraron diferentes tapices para el evento de la boda. “Eran los que estaban expuestos donde estaban los invitadosâ€, aclara. “Mi hija cuando se lo expliqué (tiene ocho años), estaba superorgullosa, decÃa que su madre es famosaâ€, añade Marta.
Sin embargo, pese a gozar de prestigio internacional, la historia de esta fábrica no ha estado exenta de dificultades. Fabricar un metro cuadrado de tapiz puede costar entre 15.000 y 30.000€. Es decir, estamos ante un objeto de lujo, al alcance de solo unos pocos. De hecho, la fábrica no suele vender más de dos o tres al año.
Como reconoce Antonio Sama, Conservador de la Real Fábrica de Tapices, el principal desafÃo es lograr que se produzcan los encargos suficientes para mantener la actividad de la fábrica y de sus trabajadores.
Como en cualquier trabajo u oficio, aquà también ocurren anécdotas. Marta recuerda que una vez una clienta les encargó un tapiz con una escena de caza: “La clienta querÃa que se pusiera en el tapiz a su perrito, que era chiquitito, muy pomposo, y nada tenÃa que ver con los perros de caza… Y el dibujante sustituyó al perro de caza y puso a su perrito. Quedó muy curiosoâ€, cuenta con una sonrisa.
Al conversar con los artesanos y escuchar cómo hablan de su oficio una cosa queda clara: sienten pasión por él y les resulta muy gratificante. Ellos son el principal activo de esta fábrica, un museo vivo y también un reducto en el que el cariño por este oficio ancestral, la artesanÃa, se mantiene intacto