(CNN) - Casi cuatro meses después de llegar a la Oficina Oval, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está hasta los codos de acusaciones de supuestos delitos y un escándalo potencialmente devastador. La agenda polÃtica de Trump está detenida y sus compañeros republicanos, que previamente se habÃan alineado como un baluarte contra cualquier descuido significativo, están empezando a insinuar sus intensiones de investigar su comportamiento.
El prospecto de juicio polÃtico, hasta hace una semana descartado como una quimera entre los liberales frustrados, de repente parece una salida factible. Este miércoles en la tarde, el Departamento de Justicia nombró a un consejero especial para que lleve a cabo la investigación federal sobre los potenciales vÃnculos entre los socios de Trump y Rusia. Aún asÃ, aún hay un largo camino por recorrer y poca indicación de que los republicanos pudieran considerar ponerse contra el presidente.
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Pero aunque pase, las consecuencias serÃan casi imposibles de predecir. Sin embargo hay una sola garantÃa: ambos partidos podrÃan estar dispuestos, y tal vez obligados, a reconsiderar medidas de las que se rÃen hoy.
Entonces no es únicamente el destino de Trump el que está en juego en los próximos dÃas y semanas (y probablemente meses y años). La propia presidencia —la manera en la que los estadounidenses la perciben, el poder que imbuye y cómo los candidatos la persiguen— podrÃa ser alterada dramáticamente si la situación actual termina en una crisis a gran escala.
A continuación cuatro maneras en las que un juicio polÃtico a Trump podrÃa afectar dramáticamente el balance de poder en la vida polÃtica de Estados Unidos.
1. ¿Habrán nuevos balances en el poder ejecutivo expansivo?
Trata de no reÃrte.
Las preocupaciones sobre los lÃmites de la autoridad ejecutiva datan de los primeros dÃas de la república. Pero luego del 11S, mientras el Congreso se alejaba cada vez más de la Casa Blanca en asuntos relacionados con la acción militar en el extranjero, la presidencia ganaba poder mientras perdÃa responsabilidades.
No se trata únicamente de un tema partidista.
El programa de drones del presidente Barack Obama, en particular su ‘kill list’, provocó crÃticas de republicanos, demócratas, de escuelas de derecho constitucional y de activistas de derechos humanos. Durante su corto periodo Trump ha continuado con las polÃticas de las eras de George W. Bush y Obama. La mayorÃa de los miembros del Congreso han estado lo suficientemente felices de darle al presidente una libertad cada vez mayor para lanzar ataques aéreos (como en Siria) y otras operaciones más misteriosas, sin intervenir formalmente. FAVE.player({ configs: { adsection: "cnnespanol.cnn.com_us_t1", autostart: false, markupId: "fave-video2", video: "spanish\/2017\/05\/18\/cnnee-aristegui-intvw-gerardo-rodriguez-fbi-mueller-asesor-especial-investigacion-rusia-trump.cnn" } });
Aún asÃ, es difÃcil imaginar que cualquiera de los dos partidos hale las riendas, a menos de que una crisis los ponga en una situación en la que los estadounidenses y la conveniencia polÃtica asà lo demanden.
Asà es como ocurre: si el fiasco de Trump escala y aparece evidencia más condenatoria de supuestos excesos, y su presidencia termina prematuramente, los funcionarios del Capitolio tendrÃan que verse obligados a invertir la tendencia. Controles más claros sobre el ejecutivo podrÃan haber prevenido un gran número de controversias recientes.
Por ejemplo: el debate sobre si la Cláusula de emolumentos se aplica a los intereses de negocios de Trump les ha dado toneladas de diversión a los analistas y expertos, pero para la mayorÃa de la gente ha sido algo confuso. Cualquier legislación bipartidista escrita transparentemente, en lenguaje de 2017, parece ser absurda en el ambiente actual. Pero Estados Unidos, después de un juicio polÃtico, podrÃa ser muy diferente.
2. ¿Emplearán los partidos polÃticos controles más estrictos en sus procesos de nominación?
El Partido Republicano no siempre ha sido “el partido de Trumpâ€. Al principio de las primarias de 2016, las figuras del establishment estaban preocupados por el candidato empresario y hasta dónde su retórica llevarÃa al partido.
Cuando se volvió más aparente que la respuesta a esa pregunta serÃa la Casa Blanca, la mayorÃa de los republicanos se apresuraron a apoyar a Trump. La idea entonces era que, con su apoyo, el presidente podrÃa hacer un cambio sobre su polÃtica y su personalidad. Y mientras Trump se dejó convencer de la ortodoxia legislativa del partido republicano, sus problemas personales han puesto en duda a sus mayorÃas en el Capitolio y en los parlamentos de todo el paÃs.
Aunque ambos partidos quieren que sus procesos de nominación al menos parezcan ser abiertos y accesibles, y hay leyes que ayudan con esta causa, la caÃda de Trump podrÃa ser usada para vender medidas restrictivas. Las primarias cerradas usualmente tienen el efecto de acordonar el camino para candidatos insurgentes. Pero podrÃa haber más. El Comité Nacional Republicano, por ejemplo, podrÃa alterar sus estatutos para hacer más difÃcil que cualquier candidato que no se haya registrado en, por ejemplo, 10 años, haga parte de los eventos oficiales del partido.
En conclusión: republicanos y demócratas tendrÃan que crear estándares y vetos más exigentes para sus potenciales candidatos. FAVE.player({ configs: { adsection: "cnnespanol.cnn.com_us_t1", autostart: false, markupId: "fave-video3", video: "spanish\/2017\/05\/18\/cnnee-conclusiones-intvw-cesar-paz-alvaro-alba-trump-fbi-comey-rusia-mueller-impeachment.cnn" } });
3. ¿Habrá nuevas leyes o costumbres sobre las finanzas de los presidentes entrantes?
Luego del Watergate, los legisladores siguieron la llamada agenda “de buen gobiernoâ€, aceleraron el proyecto de ley de ética y aumentaron las leyes existentes en un esfuerzo por restaurar la confianza del público en sus lÃderes electos. Aún asÃ, muchos de los problemas de Trump están llenos de preguntas de transparencia e influencia. Si ocurre el proceso de impeachment, medidas similares podrÃan ser polÃticamente más atractivas.
Durante su campaña, Trump rechazó o se burló de las costumbres —reglas no escritas, esencialmente— que demandaban a los candidatos hacer públicos sus pagos de impuestos y (alguna) información médica. La ausencia de lo anterior ha hecho casi imposible analizar sus posibles conexiones con Rusia.
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Si el Congreso alguna vez decide pasar una ley exigiendo la divulgación de un mÃnimo de información financiera para los aspirantes a la Casa Blanca, esta serÃa la oportunidad. No es una idea completamente loca. Legisladores en 26 estados están considerando o promoviendo una legislación que pueda pedirles a los posibles candidatos cambiar varios años de declaraciones de impuestos a cambio de un lugar en el tarjetón.
El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, recientemente vetó una ley aprobada por los legisladores estatales que habrÃa impedido el acceso a la boleta electoral para aspirantes a la presidencia y la vicepresidencia que no hicieran públicos las declaraciones de impuestos de los últimos cinco años.
Luego de Trump, implementar esos requerimientos podrÃa ser una manera fácil para que los funcionarios elegidos se ganen el favor del público. (Y no les costarÃa mucho: Trump, después de todo, fue el primer candidato en décadas en mantener esta información en secreto). FAVE.player({ configs: { adsection: "cnnespanol.cnn.com_us_t1", autostart: false, markupId: "fave-video4", video: "spanish\/2017\/05\/18\/cnnee-dusa-molinares-trump-en-su-propio-laberinto.cnn" } });
4. ¿SerÃa un cargo menos ‘impresionante’?
A diferencia de otras democracias que tÃpicamente percibimos que están ofreciendo derechos y protecciones similares, el sistema presidencial estadounidense, a diferencia de los gobiernos parlamentarios de Europa Occidental, enfoca inmensamente su poder en la Casa Blanca: una sola persona, una sola oficina.
En Gran Bretaña, por ejemplo, los primeros ministros dependen del éxito de sus partidos para asumir o retener el poder. En Estados Unidos, por supuesto, ofertas frecuentes dividen el gobierno. En ese sentido, los presidentes —como Obama en los últimos dos años de su presidencia— pueden ganar una influencia desmesurada en un gobierno dominado por sus oponentes polÃticos.
Que Trump ahora tenga mayorÃas en ambas cámaras del Congreso no viene al caso. Él, como sus recientes predecesores, es el beneficiario de décadas de poder ejecutivo expandido. La pregunta que sigue es tan relevante para el gobierno como para la cultura popular: ¿deben los estadounidenses tener tanta reverencia por “la oficina presidencialâ€?
Sin nada más, Trump ha dañado la creencia, empujada infaliblemente por figuras tradicionales del establishment polÃtico, que la naturaleza de la presidencia cambia la de sus habitantes
Puesto de manera simple: los presidentes también son personas. El paÃs debe ser prudente en no perder de vista esto.