En esta segunda carta que nos envía el interno Mario José Redondo, este aporta nuevos detalles sobre su vida anterior a la tragedia que acabó de forma brutal con la vida de su primo José Rafael Llenas, devastó a varias familias, incluida la suya propia, y conmocionó a la sociedad dominicana en su conjunto.
Hace varias semanas que le solicitamos nos comentara sobre las circunstancias que rodearon la tragedia y Redondo ha comenzado a responder.
A algunos, para satisfacer su morbo, es probable que les agrade una narración o descripción al estilo de la desaparecida revista Suceso.
Si así fueran las respuestas, pueden nuestros lectores estar seguros de que Ciudad Oriental no convendría en hacer estas publicaciones.
De lo que se trata es de conocer el porqué de ese horrible hecho de sangre para poder evitar que se vuelvan a repetir.
Redondo nos está permitiendo entrar en su mente con la serie de cartas que nos estamos intercambiando, él en la prisiòn purgando una condena de 30 años, nosotros en libertad de movimiento.
Más de una persona aboga porque al interno le apliquen una pena de muerte que no existe en la República Dominicana y llegan a cerrar sus ojos ante la realidad de que el interno tendrá que vivir toda su vida con esa culpa y, además, de que los hechos no pueden ser revertidos.
Reaccionan con una pasión desenfrenada, la que entendemos y respetamos, pero no compartimos. Algunos quieren, incluso, que sean elaboradas leyes retroactivas para aplicarlas a un caso específico. Es más, plantean la aplicación de ley del Talión, superada felizmente hace muchos siglos.
El conjunto de preguntas que nuestros lectores le enviaron a Mario José, ya se las hemos hecho llegar. El ha pedido tiempo para ir respondiéndolas puesto que el proceso es lento.
Aunque conocemos de las pasiones que desatan cada una de sus cartas, quienes particpamos en esta iniciativa estamos haciendo historia.
No es una historia cualquiera, sino una que tiene a sus protagonistas vivos.
Mario Rendondo relata hechos inéditos sobre las circunsctancias que lo llevaron a participar en la tragedia de la familia
Por primera vez en toda la historia de la República Dominicana, los lectores de un periódico (Ciudad Oriental), tienen la oportunidad de intercambiar puntos de vistas con un interno condenado a 30 años de prisión por un crimen horrendo.
Eso no había ocurrido nunca.
De este intercambio podemos extraer importatísimas experiencias los padres y madres de familia, los maestros y directivos de centros de estudios, las autoridades del sistema judicial y penitenciario, los periodistas, los sicólogos, siquiatras, en fin... todos.
Mario José está escribiendo de su puño y letra todos los antecedentes de aquella tragedia. Sus cartas las publicamos sin edición alguna para que él pueda expresarse a plenitud, aunque a muchos no le agrade lo que él diga o deje de decir.
La sentencia del Tribunal Constitucional que le reconoce el derecho de publicar en los medios de comunicación, específicamente en Ciudad Oriental, nos da a todos la oportunidad de hacer historia.
La siguiente es la segunda carta que nos envía Mario José en respuesta a una de nuestras preguntas.
2da Entrega MJR/CO
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Cucama, La Romana
Febrero 21, 2014
Señor
Robert Vargas
Director
Ciudad Oriental
Su Despacho
Distinguido señor Director:
Le agradezco la publicación de la primera parte de este intercambio la semana pasada. Aspiro a que el mismo ofrezca una constructiva oportunidad de colaboración con usted y sus muchos apreciados lectores que pueda ser de utilidad para la colectividad desarrollándolo como sigue:
- Historias de Argentina 74-84
- Antecedentes Luis Palmas
- 4to. Bachillerato
- Otoño 95
Localmente pocos están en posición de apreciar los extremos de violencia que sufrió Argentina durante el período 74-84 del siglo pasado. El uso de fuerza y terror desbordó, por mucho, los límites de la razón. Lo que para unos fue estadio de lucha, para otros fue escudo de horror. Para las víctimas fue ocasión de persecución, desaparición, tortura y en muchos casos, cientos, muerte.
En 1994, los declarados antecedentes de “activista político” de Luis Palmas, los excesos de su denuncia violenta de la izquierda y pasional reivindicación de la escalada de terror promovida por la derecha en su país hubieran, probablemente, disparado las alarmas de casi cualquiera. Pero para nuestro minúsculo club colegial de historia, guiado por un religioso que estoy seguro estaba bien intencionado pero también definitivamente despistado y medio, fuera de liga frente a este señor que eventualmente se revelo destructivamente como veterano del mal, la naturaleza sinuosa del señor Embajador Consorte de la República de Argentina en República Dominicana pasó desapercibida.
Por la historia de Luis Palmas pasan todas las explicaciones de como un hombre sin meritos técnico-profesionales reconocidos, accede en grande a partir del 84 a la nómina del estado argentino. En la repartición organizada por la controvertida administración gubernamental Menem, a Palmas lo premiaron con funciones oficiales en Buenos Aires mientras que a la esposa (separada del señor Palmas) la engancharon a diplomática y la enviaron a representar a su país ante la República Dominicana.
Irónicamente, el ex Presidente Menem que protegió a tantos desde el solio presidencial de la Republica Argentina, ha debido pasar los últimos años de su vida luchando en los tribunales de su país donde ya ha sido condenado por diversas infracciones penales.
Ahora con las facilidades del Internet podemos encontrar información sobre esos tortuosos años, pero en la década de los 90’s, el acceso a detalles inéditos, contados por “protagonistas”, causaron sensación en el reducido grupo de miembros del club de historia del Colegio Loyola.
En el plano personal, a mis 17-18 años afanaba por afirmarme como persona, me movía en un medio social que guarda sus propias pautas y expectativas.
Me gradúe en el verano del 1995, de las 50 y tantas familias que tomaron parte en los actos de graduación, solo el matrimonio Palmas Meccia ocupo un lugar en la mesa de honor. Si había algo que temer o que evitar en aquellas personas, todavía a esas alturas, meses antes de mi terrible tragedia familiar, ni la Dirección del Colegio ni mis 18 años lo habíamos descubierto.
En Junio de ese año salí del país con el objeto de participar en un programa de Frances como segundo idioma, Martín Palmas también formó parte del grupo que viajó desde RD para participar en ese mismo curso. Esta coincidencia proyectó el vínculo que se desprendía de ambos haber sido compañeros de aulas durante bachillerato, miembros de la directiva de la promoción, más allá de la etapa escolar.
En Septiembre ya había regresado y estaba involucrado en mis estudios universitarios. Partiendo de la definición de amigo que yo tenia entonces, a mis 18 años, Martín era mi amigo y en esa calidad visito mi casa alguna vez y yo, con mayor frecuencia, la de su familia, los señores embajadores de Argentina.
A su padre, Luis Palmas, me le fui acercando sin realmente proponérmelo, por medio de interpósita persona. Es Martín con sus fantasiosamente heroicos relatos, quien continúa construyendo mi versión introductoria sobre este sinuoso señor. Yo no lo reconocía en aquel momento pero el hijo, al menos en parte, me hablaba de las coloridas externalidades de alguien cuya putrefacta interioridad parecía desconocer en sus más destructivos extremos.
Recuérdese que la familia Palmas Meccia se había separado en el 89 y solo empezó a reunirse en el período 94-95 cuando Luis Palmas vino a la República Dominicana formalmente, como Embajador Consorte de la Republica de Argentina. Martín había estado alejado de su padre desde los 14 años. La persona con la que trataba a los 18, pienso, al menos en parte, era un extraño.
Sin apreciar la naturaleza de lo que acontecía fui haciendo mía la impresionada mirada de ese hijo que probablemente enfrentaba sus propias crisis.
Continuara…
Con mi aprecio y respeto,
Mario José Redondo
P.S.
Estimado Robert, al momento que estoy entregando este manuscrito recibí tu atenta carta donde incluyes las primeras preguntas de tus amables lectores. El proceso es lento, pero tienes mi humilde garantía de que continuare intentando contestar todas.
- Pido a los lectores recordar que no tengo acceso a internet y que nos apoyamos en una cadena manual para comunicarnos como todo interno