MI SOLIDARIDAD CON LA DIPUTADA CASTILLO

En uno de esos tantos errores que uno comete en la vida influido por el deseo de que se actúe apegado a las leyes, sobre todo en mí caso que desde hace casi 20 años me encargo de los asuntos judiciales del periódico El Nacional, sometí por ante el Ministerio de Educación a la diputada Josefa Castillo, con quien hasta ese entonces mantenía una excelente amistad.

Se trató de una irreflexión de mi parte ante una situación que se estaba dando en su colegio. Somos amigos desde niños y hoy entiendo que debí consultarla antes de acudir al Ministerio de Educación, razón por la cual aprovecho la ocasión para disculparme con ella.

Traigo el tema como introito para referirme a la situación por la que atraviesa la diputada Castillo, ante el atentado de que ha sido objeto.

Se trata de un abuso, de una cobardía y de un maltrato a la mujer que la población no debe dejar pasar por alto, porque de hacerlo no retrotraeríamos a tiempos felizmente superados donde imperaba la intolerancia y, sobre todo, los abusos contra las mujeres.

Este escrito no es una lisonja ni nada parecido a favor de la congresista Castillo, sino más bien una convicción que asumí a partir de una escena que presencié en la Esquina Caliente durante los 12 años de gobierno del fenecido Joaquín Balaguer, cuando me desempeñaba como fotógrafo de la Fotografía Dorka.

El episodio a que me refiero es nada más y nada menos que la famosa paliza que asesinos de la “Banda Colorá” ocasionaron en ese entonces a la bien recordaba Maltica, porque no estaban de acuerdo con sus pensamientos y obrar político. 

Más que una agresión, lo ocurrido con la congresista Castillo es un atentado a la libertad de expresión, consideración y divulgación del pensamiento.

La sometí por ante el Ministerio de Educación por algo que luego me arrepentí, pero jamás intenté ni intentaré cometer algo contra su vida ni la de nadie.

Se trata del libre juego de las ideas y pensamiento, legado que los dominicanos se los debemos a personas como el periodista Orlando Martínez y otros tantos.

Tolerar lo ocurrido con la diputada Castillo equivale a dar paso a que se abra la llave de la intolerancia para que se repitan hechos como el de la querida Maltica, quien de paso es la madre del comunicador Tomás Ventura.