(CNN) – Mi primer encuentro en “Robotsâ€, una nueva exhibición del Museo de Ciencia en Londres, fue con un bebé animatrónico. Incuestionablemente parece tener vida y cuenta con el tamaño perfecto de un bebé, sujetado de manera segura con un pañal blanco y colgando verticalmente de una pared.
Cada detalle –el látex de su piel, la maraña de pelo negro de bebé– parecÃa tan real como una escultura de Ron Mueck. El brazo izquierdo se alzaba lentamente, la boca estaba entreabierta, los párpados permanecÃan entrecerrados. Lo estudié con intensidad, como esperando una reacción –un llanto, un gorgoteo–, pero sin ningún deseo de rescatar al bebé que estaba en la pared y ni de cargarlo. Por otro lado, se trataba sin lugar a dudas de una máquina: un cordón umbilical de tubos de metal brillante alimentaban su columna vertebral.
“Robots†se trata tanto de cultura como de ciencia. Responde a una pregunta aparentemente simple sobre la que se ha reflexionado durante los últimos 500 años: ¿cómo diseñamos robots con los que podamos interactuar felizmente?
La pregunta se ha vuelto cada vez más recurrente en la medida en que los robots humanoides se multiplican en el laboratorio. Algunos de ellos, probablemente, terminarán en nuestros hogares, escuelas, universidades y clÃnicas, asà como en parques temáticos y museos. 1 de 10 | Kodomoroid, diseñada por los laboratorios japoneses Hiroshi Ishiguro, lee las noticias. 2 de 10 | Este bebé animatrónico fue desarrollado para la industria del cine. 3 de 10 | Está a punto de mover sus extremidades, boca y ojos, pero no hace ningún ruido. 4 de 10 | El diseño de Eccerobot se inspiró en el libro de medicina del siglo XIX "AnatomÃa de Gray". 5 de 10 | Alter, un nuevo androide desarrollado por investigadores de la Universidad de Tokio y la Universidad de Osaka, mueve su cabeza, ojos, boca, cuerpo y manos como respuesta a las personas alrededor suyo. 6 de 10 | Una réplica del androide Maria, de la pelÃcula de Fritz Lang “Metrópolis" (1927). 7 de 10 | El Endoskeleton T-800 de "Terminator Salvation†(2009). 8 de 10 | Tres prototipos de robots humanices para el servicio de REEM desarrollados por Pal Robotics. 9 de 10 | Baxter, desarrollado por Rethink Robotics, puede realizar tareas sencillas, como cargar y descargar cajas. 10 de 10 | Harry, un robot diseñado por Toyota en 2005, puede tocar la trompeta.
El “valle asombrosoâ€
El curador Ben Russell pasó cinco años reuniendo más de 100 robots humanoides para esta exhibición. Rastreó robots históricos y autómatas, pero además en el camino logró salvar algunos de ellos. (Uno estaba hecho de componentes de calefacción, otro de chatarra y fue encontrado oxidándose).
“Nos gusta antropomorfizar. Somos la única especie que lo hace. Nos gusta inventarnos objetos parecidos a nosotrosâ€, explicó Russell sobre los robots humanices que expone.
En 1970, un investigador japonés de robótica llamado Masahiro Mori planteó un fenómeno complejo conocido como el valle asombroso. Su teorÃa básica era que los humanos respondemos positivamente a un robot en la medida en que más se parece a nosotros, pero sólo hasta cierto punto. Y entonces, de repente, resultamos sintiendo una fuerte repulsión por ellos.
"Los robots pueden alcanzar un punto en el que se vuelven demasiado parecidos a nosotros, son demasiado cadáveres y espeluznante", relató Russell.
El robot parece casi humano, pero no está del todo bien: induce la incomodidad de estar cerca a algo que está enfermo, y nos recuerda nuestra propia mortalidad.
Los diseñadores de robots contemporáneos parecen haber respondido a este desafÃo en diferentes modos.
Harry, un robot diseñado por Toyota en 2005, puede tocar la trompeta.
El robot que toca la trompeta, Harry, creado por la casa automotriz Toyota en 2005, es claramente un robot humanoide blanco de silicona, pero sin rasgos faciales reales. Él existe para el entretenimiento, tal como uno de los antiguos juguetes autómatas, y puede tocar canciones como "What a Wonderful World".
Una de las exhibiciones favoritas de Russell, Eccerobot (de 2009), fue más realista en su diseño: está basado en el libro médico del siglo XIX AnatomÃa de Gray.
Su forma es humana pero no tiene ninguna clase de piel o de cara. Todas las entrañas están expuestas e imitan la mecánica interna del cuerpo humano. Los motores, la cuerda, la lÃnea de la cometa y el polimorfo sustituyen a los músculos, tendones, articulaciones y huesos.
Eccerobot me recordó a uno de esos cuerpos humanos de plastilina desollados y exhibidos por el anatomista alemán Gunther von Hagens, que ofreció una lección de anatomÃa mecánica.
(Pero sà lo encontré humanamente simpático en un aspecto: Eccerobot regularmente es apoderado por un dolor de espalda y tiene que descansar durante la noche).
Los robots en las diferentes culturas
Russell me presentó a un robot de comunicación japonés llamado Kodomoroid como "uno de los robots más extravagantes de la exhibiciónâ€.
Y estuve de acuerdo con él. Con un casco de pelo negro y vestida inmaculadamente de blanco con una blusa y zapatillas planes de ballet, parecÃa miedosamente real pero también se asemejaba a un maniquà de tienda que cobra vida. Y como con el bebé animatrónico, la examiné intensamente. También habÃa algo que no estaba del todo bien con ella.
Su trabajo, en Japón, consiste en leer las noticias diarias en el Museo Nacional de Ciencia.
Russell explicó que los japoneses han acogido culturalmente a los robots mucho más que cualquier otro paÃs. De hecho, cerca de un tercio de las piezas exhibidas en la exposición vienen de ese territorio.
Russell traza una conexión con la fe Shinto, dominante en Japón, en la que no hay grandes diferencias entre humanos y objetos inanimados: el sol, la luna, las montañas y los árboles tienen sus propios espÃritus o almas.
Kodomoroid, diseñada por los laboratorios japoneses Hiroshi Ishiguro, lee las noticias.
Telenoid, desarrollado en la Universidad de Osaka durante 2013, es un robot de comunicación, brillante, blanco y calvo, con miembros afilados y sin manos ni pies. Un niño, operando remotamente por computador, puede usarlo para comunicarse con alguien en otro paÃs.
La afirmación es que Telenoid reproduce en forma fÃsica los movimientos y la personalidad del niño, asà como su voz. Durante los ensayos, las personas que participaron aparentemente fueron felices de hablar y abrazar al robot. Se refirieron al calor del sentimiento en los ojos de Telenoid.
Por el contrario, en el mundo occidental los robots son constantemente vistos como una amenaza y todavÃa estamos tratando de superar las sospechas que nos despiertan.
Incluso el origen del término “robot†es un poco siniestro: entró por primera vez al léxico en 1921 con la obra teatral de ciencia ficción, "R.U.R.", del escritor checo Karel Capek. (R.U.R significa “Rossum's Universal Robotsâ€, o Robots Universales Rossum).
El drama se ubicaba en una fábrica de robots humanoides hechos con material orgánico sintético. Hasta que estos objetos se rebelan y destruyen a la raza humana.
Sin embargo, el diseñador estadounidense de robótica, David Hanson, optó por no inquietarnos y desde ya está diseñando robots de un realismo asombroso con inteligencia artificial, empatÃa, expresión facial y la capacidad de conversar. Me decepcionó no conocer uno: los robots de Hanson no están expuestos en el Museo de la Ciencia.
"En un futuro no muy lejano, las Genius Machines (máquinas genios) caminarán entre nosotros, serán inteligentes, amables y sabias", se lee en su página web. "Juntos, el hombre y la máquina crearán un futuro mejor para el mundo".
Ya lo veremos.
"Robots" estará en el Museo de Ciencias de Londres hasta el 3 de septiembre de 2017.