RIO DE JANEIRO, Brasil (CNN) - Mientras se llenan los podios de medallas y se escuchan celebraciones alrededor de los estadios olÃmpicos en RÃo, el escuadrón de homicidios no tiene una noche libre. Especialmente no en la violenta favela de Baixada Fluminense.
Este es uno de los peores distritos con respecto a asesinatos en RÃo, la ciudad emblemática en un paÃs donde hay 60.000 asesinatos por año, de acuerdo con el Foro Brasileño de Seguridad Pública.
Tomamos un paseo junto con el escuadrón de homicidios. Ellos son hombres ocupados que no quieren ser nombrados, pero querÃan que su trabajo fuera visto.
El brillo y las luces neón de los olÃmpicos no han mejorado la vida aquà en las favelas. De hecho, se podrÃa decir que el desvÃo de fondos para la villa de los atletas y las instalaciones olÃmpicas agotó el dinero, justo cuando más se necesita en lo peor de la crisis económica.
Un total de 26 impactos de bala
La recesión ha hecho que la tasa de homicidios suba 38% y que la de crÃmenes violentos se dispare en 80% en el estado de RÃo, de acuerdo con el Instituto de Seguridad Pública de Brasil.
El escuadrón de homicidios responde a un promedio de cuatro homicidios por dÃa. Un dÃa respondieron a 17. Una noche de sábado, nos unimos a su tercera llamada por un homicidio en su turno de 24 horas, alrededor de las 11:00 p.m.
La escena primero fue asegurada por la policÃa militar, pero alrededor del cuerpo no hay señales de dolor, solo una toalla blanca puesta respetuosamente por un hombre sobre la cara del fallecido, una señal del insensible, rápido y brutal fin al que este joven hombre se enfrentó.
No está su calzado, al parecer, a menos de que haya decidido ponerse unas sandalias blancas nuevas y calcetines cuando salió por última vez de casa.
La trabajadora forense toma un ligero respiro cuando nos dice cuántos orificios de bala encontró en él. Un total de 26. Muchos de los casquillos están esparcidos alrededor del cuerpo, pero uno está justo al lado de su cabeza y es el la ejecución final. Es un número grande, inclusive para los asesinatos de RÃo, un número de casquillos reservados para los asesinatos por venganza contra aquellos que hablan con la policÃa.
Privado de un fin digno
Pero en este caso, nos dicen los locales de forma frÃa, parece un asunto más simple. Al lado del cuerpo está un casco de motociclista, pero no hay motocicleta. Una mujer que mira el casco como una potencial nueva adquisición es una de muchos que nos dicen que el hombre muerto era un ladrón que fue atrapado por la milicia local. Es posible, dicen, que él robara la motocicleta que conducÃa y entonces obviamente tomó una vuelta equivocada. Al parecer tras dispararle le quitaron la moto.
Tres pistolas distintas fueron usadas en el asesinato, deduce la policÃa debido a los casquillos encontrados. Otra arma fue encontrada en el lugar. La forense busca en la ropa del hombre muerto y encuentra un revolver en su ingle, escondida y sin usar.
No hay nada que pueda usarse para identificar al hombre. La forense busca en su bolso llena de sangre y no encuentra un teléfono o una identificación, solo el estuche donde alguna vez estuvo el teléfono. Alguien claramente la ha quitado a la vÃctima un final digno.
Por tanto, queda en los forenses el intentar encontrar quién era. El arma puede ser la mejor forma de lograrlo. Un oficial de la policÃa buscará huellas digitales y realizará pruebas balÃsticas. Esto tal vez los llevará a otro crimen y entonces al nombre del hombre muerto.
Los asesinatos no se detienen por los OlÃmpicos
Por un breve momento, la tensa calma en la calle es interrumpida por fuertes sonidos. Esta vez son fuegos pirotécnicos de celebración, pero algunos dÃas son de disparos. Alrededor de la hora en que el joven hombre fue asesinado, se realizaba la final de 100 metros femenil. El contagioso entusiasmo de camaraderÃa y armonÃa de los juegos aquà no se ve.
Todo se hace de forma rápida. En menos de una hora, mientras los investigadores todavÃa intentan averiguar el nombre del hombre, llega un vehÃculo para llevarse el cuerpo. El vehÃculo tiene cuatro espacios separados en la parte de atrás, en este momento todos vacÃos.
La noche del sábado se está convirtiendo en la mañana del domingo y en algún lugar, alguien se está preguntando dónde estará este hombre.
La policÃa nos dice que están en medio de una guerra civil que no se detuvo por los Juegos OlÃmpicos, mismos que tampoco se detendrán por la pérdida de esta vida.