(CNN) - La delegación de refugiados es quizá son el mejor sÃmbolo para la esperanza de estos Juegos OlÃmpicos. Representan a 60 millones de personas en el mundo. Compiten bajo la bandera del Comité OlÃmpico Internacional. Más que medallas o finales olÃmpicas, anhelan que el mundo tenga conciencia de la realidad que viven aquellos que perdieron su hogar.
Uno de esos diez atletas es la nadadora siria Yusra Mardini, de 18 años.
De su cuello aún no cuelga una medalla, pero es la encarnación del espÃritu olÃmpico. Sus victorias no se miden en puestos, ni en marcas mundiales. Su mayor triunfo es seguir viva.
Su mensaje: nunca hay que rendirse.
La natación marcó su vida desde los tres años. Y le salvó de la muerte: el año pasado cuando la embarcación en la que huÃa de Siria se averió intentando llegar a Europa, nadó durante tres horas hasta llegar a la isla griega de Lesbos.
"Pensé que serÃa una verdadera lástima si me ahogaba en el mar, porque soy nadadora", asà lo resumió cuando le contó su experiencia a la prensa el año pasado.
Ella y su hermana ayudaron a llevar el bote a tierra. Pero Lesbos solo era el inicio de la travesÃa. Ahora vive y entrena en Alemania.
Mardini, junto con sus  nueve compañeros, recibió una carta del papa Francisco. "Extiendo mis felicitaciones y deseo que triunfen en los OlÃmpicos de RÃo: que su coraje y fortaleza sirvan para la paz y la solidaridad", escribió el pontÃfice católico.
Con información de Ollie Williams y Atika Schubert