Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artÃculo son exclusivas del autor.
Es la hora del vocerÃo, por tanto muy pocos van a recordar por estos dÃas en RÃo de Janeiro que todo eso se lo debemos a los griegos; que fueron ellos los que inventaron los Juegos OlÃmpicos, no para ensalzar la belleza como sostienen los cursis, aunque es cierto que los atletas competÃan desnudos, sino para celebrar de otro modo, la fuerza fÃsica ( entiéndase la violencia). Sin embargo, durante las Olimpiadas se detenÃan las guerras.
Los Juegos de RÃo podrÃan pasar a la historia como los juegos que estuvieron a punto de no celebrarse.
Menos de veinte jefes de Estado o de gobierno han participado en la recepción que ofreció el presidente interino de Brasil, Michel Temer. Casi un centenar de jefes de estado participaron en la inauguración de los Juegos OlÃmpicos de Londres 2012 y de los de PekÃn 2008.
Las obras se han terminado a trompicones. Que nadie se extrañe si todavÃa se topa con pintura fresca en las paredes. Y con el mal sabor de que miles de brasileños que creen que la plata invertida en estos juegos debió disponerse para mejorar sus vidas. Y de trasfondo: un tufillo persistente a recelo polÃtico. Brasil es un paÃs que apenas cree en sus polÃticos. Y pensar que los juegos olÃmpicos, como cualquier otra competencia deportiva siempre ha sido usada por los gobernantes para pavonearse y garantizar la hipnosis colectiva aunque sea por dos semanas como es el caso.
Hagan este ejercicio que no cuesta nada: pasada la euforia y la reverberación del aullido, investiguemos qué pasará con lo que se ha construido para estos juegos y sobre los hombres de quiénes quedara la deuda contraÃda. Casi siempre ha sido asÃ, pero ni modo, como dicen los mexicanos…
Al margen de quienes se lleven a casa esas 528 medallas en juego, RÃo 2016, antes de empezar es lo más parecido a los Juegos de la derrota.