José C. Novas
Diciembre 28, 2011
Los genios pretéritos han establecido que algunos hechos históricos parecen repetirse si se desconoce el pasado; en el transcurso de nuestras vidas a veces cuando somos testigos de algún evento sorprendente, lo miramos asombrados y lo hacemos porque ignoramos la historia; ese planteamiento parece simple, pero lo cierto es, que en el fondo encierra una cátedra suprema de sabidurÃa.
Por ejemplo tuvimos el caso de dos mujeres poderosas en la historia de la isla de Santo Domingo, en las que coinciden los nombres de MarÃa y Marie (uno en español y otro en francés) en perÃodos distintos y que guardan espectacular paralelismo en la culminación de sus vidas, aún cuando ambas vivieron apartadas por una distancia de 200 años en el tiempo; en su caso los inevitables dictados de la historia produjeron el espejismo de la repetición.
La referencia es válida para refrescar el recuerdo de dos mujeres, una que en vida se llamo MarÃa MartÃnez, quien fue esposa y posterior viuda del generalÃsimo Rafael L. Trujillo, dictador dominicano entre 1930 y 1961 y la otra Madamme Marie Louise, la esposa del legendario gobernante haitiano Henri Christopher, titán antiesclavista, prócer de la emancipacion que condujo a la independencia de la primera República organizada por ciudadanos de origen africano y luego dictador que inventó un imperio tan diminuto que da la impresión que padecÃa de algún tipo de locura o desequilibrio mental.
Ciertamente las dos MarÃas fueron mujeres muy encumbradas en sus respectivas épocas en la pequeña isla del Caribe, la historia de sus vidas podÃan servir como argumento de una novela de televisón, las dos se convirtieron en mujeres muy ricas al heredar las fortunas que sus maridos arrancaron a sus pueblos y en cada caso, luego de llevar vidas suntuosas bajo el calor del Caribe, fueron a parar al congelante frio de Europa, donde sus dÃas y sus noches transcurrÃan bajo una soledad espantosa.
Los biógrafos de MarÃa MartÃnez viuda de Trujillo aseguran que durante la juventud fue una mujer bellÃsima, las fotografÃas e imagenes que de ella se conservan parecen desmentir esa afirmación, porque la muestran en sobre peso, con una pronunciada papada y pocos encantos femeninos; En cambio sobre Madamme Marie Luoise, la viuda del Chistophe de HaitÃ, los testimonios sobre esta histórica mujer haitiana no hacen referencias a la belleza fÃsica ni el atractivo personal, pero si resaltan que sentÃa pasión por las pompas sociales, hablan sobre los finos modales que se conducÃa en la sociedad, destacan sus encantos maternos y resaltan la fidelidad marital con la que llevo su vida.
Lo cierto es que tanto MarÃa MartÃnez la viuda de Trujillo, como Marie Luoise, la primera dama del imperio en HaitÃ, las dos, después de disfrutar sus mejores dÃas sobre alfombras en suntuosos palacios tropicales, coincidieron en la tragedia de ver sus maridos atravesados por una lluvia de balas, zambullidos en un charco de propia sangre y a partir del horror de la muerte de sus compañeros pasaron del lujo excesivo y la servidumbre desmedida, a la riqueza material sazonada por la soledad extrema, prisioneras de un apartamento en Europa.
Ambas con dinero de sobra, se sumieron en el aburrimiento que produce el olvido, ignoradas, incluso por los que antes le sonreÃan aunque fuera sin motivos o les servÃan obligados o movidos por el sentimiento de la adulación.
Es esta una lección elocuente de lo que es la historia sobre las etapas humanas, ella nos muestra como los personajes que dan sus pasos por la escalera social sustentada en la polÃtica autoritaria, y que se llegan a creer dueños de todo, de momento, como cuando llega el huracán y la estructura se desploma, se ven rodeados por la nada, que es peor castigo y el mayor tormento; los hechos históricos se producen, se suceden, se repiten y nos sorprenden por ignorancia, a veces por desconocer que el pasado da vueltas, muchas vueltas.
El autor es historiador