Cuando escuché que en los EE. UU., en una de las cárceles, a los presos les asignan perros rescatados para que los críen y los cuiden, al principio no me lo podía creer.
Pero después de ver este vídeo, me quedé realmente impresionado…
Esta idea genial se le ocurrió a una organización benéfica que se dedica a llevar a los lugares de detención los perros que han sufrido maltrato de sus anfitriones anteriores.
Los presos tienen que entrenar los perros, hasta que estas criaturas de cuatro patas estén listas para volver al refugio de animales o encontrar una nueva casa.
Lo más sorprendente es que no solo el comportamiento de los animalitos se rectifica, sino también el de los criminales sufre cambios muy serios.
Los detenidos conocen la bondad, aprenden a ser cariñosos y cuidadosos, y los animales sienten que alguien, por fin, los necesita.
Conoce la historia de una perrita que se llama Esther y un convicto Jason. ¿Quién hubiera pensado que entre dos criaturas marginadas y totalmente rechazadas por la sociedad podría surgir tal conexión?..