“Yo he sido formado en República Dominicana y en Nueva York. Me gustaba salir a patinar al Central Park o al Madison Square Gardenâ€
Santo Domingo-República Dominicana.–El ex presidente dominicano Leonel Fernández pondera a Nueva York como la ciudad multicultural que le ayudó a transitar por el conocimiento, la que acogió a su familia de migrantes y en la que soñó ser pelotero. En esa urbe tuvo contacto con El Diario La Prensa a través de un tÃo –el periodista Luis Fernández– que lo llevó a hacer pies de fotos, traducir publicaciones y en donde llegó incluso a escribir artÃculos.
Después de agotar tres mandatos presidenciales (1996-2000, 2004-2008 y 2008-2012) se muestra un poco más distendido en la sede de su Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode). Incluso hace algunas bromas, como la de su deseo de poder felicitar a El Diario La Prensa cuando el periódico arribe a su bicentenario o sobre un Santo Domingo grande al que “Nueva York “le queda chiquitoâ€.
Nacido en el 26 de diciembre de 1953, Fernández preside el oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y su influyente fundación. Tiene tres hijos y está casado con Margarita Cedeño, actual vicepresidenta de la República.
Aunque vivió en Nueva York regresó al paÃs para estudiar Derecho en la estatal Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en la que luego impartió docencia en el área del derecho de prensa.Domina el inglés y el francés. Su amplia formación polÃtica e intelectual le sirvieron para construir además un liderazgo en el ámbito internacional.
¿A qué edad emigró a Nueva York y qué recuerda del primer momento en que vio la ciudad?
Yo llegué a la ciudad de Nueva York exactamente en el mes de septiembre del año de 1962, con lo cual tenÃa ocho años de edad al momento de llegar a Nueva York. Recuerdo que viajé en un vuelo de VIASA (Venezolana Internacional de Aviación, Sociedad Anónima), la lÃnea aérea venezolana y que mis abuelos me depositaron en el aeropuerto con un gran cÃrculo aquà adelante (señala el pecho) que decÃa mi nombre, el nombre de mi madre y a quién debÃan entregarme cuando llegara a la ciudad de Nueva York.
Y por supuesto, cuando llegué al aeropuerto de Nueva York, que entonces no se llamaba Kennedy, eso vino después…, impresionado, cuando salimos a las calles y yo vi aquellos edificios, aquellas calles tan anchas, pues eso se quedó grabado siempre en mi memoria como, digamos, un gran acontecimiento. Porque, en efecto, haber llegado a la capital del mundo y haberla visto a tan temprana edad, pues eso se quedó fijado para siempre en mi memoria.

¿Cuáles fueron los trabajos que desempeñó en esta urbe?
Mire. Primero era estudiante. Yo llegué a los Estados Unidos al nivel del segundo año de la primaria, entonces me inscribieron en una escuela llamada la P.S. 75, P.S. es PublicSchool 75, que quedaba en la calle 95, en la Western Avenue, entre 95 y 96,P.S. SeventyFive–decÃan en inglés–EmilyDickinson, el nombre de la poetiza norteamericana, y ahà estuve hasta el sexto curso. Entonces, en el sexto curso se dio la graduación de la escuela elemental y pasé entonces al Junior HighSchool, que es la escuela intermedia. Esa Junior HighSchool se llamaba Junior High School 118 Joan of Arc, Juana de Arco, y allà hice el séptimo y el octavo curso, entonces para pasar a la High SchoolBrandeis, que quedaba un poco más abajo por la 80 y tanto. Esa fue mi primera etapa; fue más bien de estudiante.
Ahora bien, cuando ya pasé al octavo curso, de tarde, conseguà mi primer empleo, que era, como decÃan en Nueva York, deliveryboy, para una bodega de unos señores judÃos. Recuerdo perfectamente su dueño, llamado Mister Mayer. Él me tomó mucho afecto porque de mi casa iban a comprar siempre a esa bodega y él veÃa que éramos una familia, de mi madre, mi hermano mayor y yo, muy unida, muy trabajadora. Él veÃa que mi madre era enfermera y él lo sabÃa, y que también trabajaba como operaria en una fábrica. TenÃa dos trabajos para mantener a su familia, a sus dos hijos, más los familiares que tenÃa aquà en Santo Domingo. Entonces, un dÃa él me ofreció: ¿Por qué a la salida de la escuela, que es las 3:00 de la tarde, tú no vienes, te quedas aquà trabajando con nosotros, de 3:00 a 8:00, yo te pago un salario semanal de 60 dólares, más la propina que puedas conseguir?
Y, bueno, en efecto acordamos eso. Yo llegaba a las 3:00 de la tarde, hacÃa muchos deliverys, me ganaba los 60 dólares y en las propinas me ganaba mucho más. ImagÃnese usted un niño de 12 años ganando casi 150 dólares a la semana, entonces era una cosa extraordinaria y con eso ayudaba a mi mamá, ayudaba a la casa y de alguna manera también conseguÃa cosas que yo deseaba en aquel momento, compraba patines de hielo.
“Cuando empecé la campaña electoral del año 1996 decÃa que querÃa hacer de la República Dominicana un Nueva York chiquito...con el tiempo ha salido un Santo Domingo grande. Entonces, es tan grande que ahora Nueva York nos queda chiquito, ja, ja, jaâ€
Me gustaba salir a patinar los domingos, al Central Park o al Madison Square Garden. Pues, entonces ahà compraba los patines hockey o los patines de figuras, ¿no?, iba a los juegos de baloncesto, al Madison a ver a los New York Knicks, me dejaban ir al YankeeStadium, al SheaStadium, entonces y… lo podÃa pagar yo mismo con lo que ganaba en la bodega de Mister Mayer. Eso era en aquellos años.
Ya posteriormente cuando yo volvÃa Nueva York, que estaba de vacaciones aquà en la universidad, bueno, pues llegué a conseguir un empleo en una imprenta, llegué a trabajar en una imprenta y de ahà ganaba creo, pues, 300 dólares a la semana y ese tipo de cosas fue la que hice en Estados Unidos.
¿Recuerda los lugares donde vivió y a algunas de las personas que conoció y que extraña?
Bueno, yo vivà siempre en el mismo lugar, la 200 West, de la 95, apartamento 1. Ahà fue donde vivà todo el tiempo. Mi mamá vivÃa ahà desde los años 50s y fue un apartamento que mantuvimos hasta que mi madre decidió regresar definitivamente a República Dominicana a finales de los años 70s. De manera que lo tuvo por cerca de 35 años, en ese mismo lugar.
¿Personas que conocÃ? Bueno, cuando era deliveryboy pues llegué a conocer algunas personalidades, pues llevaba las mercancÃas a esos lugares donde esas personas estaban. Por ejemplo, siempre recuerdo conocÃa a Harry Belafonte, porque le llevé mercancÃas a su apartamento, y ya estando en la Presidencia aquà en República Dominicana vino su hija a visitarnos a Palacio en una ocasión, con motivo de un festival de cine, y yo le comenté a ella que yo le llevaba los deliverys a su padre, Harry Belafonte, y ella se lo contó a su papá y luego vino y me preguntó que cuánto me dio de tips, es decir, cuánto me dio de propina. Y yo le digo, ya yo no lo recuerdo (sonrÃe). Pero en más de una ocasión, en varias ocasiones le llevé deliverys a Harry Belafonte.
Otra persona que conocà de la época, que admiraba mucho, era un jugador de baloncesto, llamado Wilt Chamberlain, y en dos ocasiones, por lo menos, le llevé el envÃo, la entrega de envÃo a Wilt Chamberlain. De manera que tuve esa oportunidad de conocer a personalidades de ese tipo, asÃ. Siendo niño vi en campaña electoral a Robert Kennedy, allá en Nueva York, circulando lo llegué a ver. Llegué a conocer a Angela Davis, la profesora de filosofÃa de la Universidad de Berkeley en esos años. En fin, personalidades de ese tipo, aunque digamos, no puedo decir que éramos amigos, sino que los vi y pude saludar algunos, pero en efecto tuve la oportunidad de conocer en aquella época.
¿Háblenos de su contacto y de su experiencia con El Diario La Prensa?
Con El Diario La Prensa hay una experiencia muy interesante, porque resulta que mi tÃo, Luis Fernández, era periodista de El Diario La Prensa, y llegó a ser con el tiempo jefe de redacción de ese periódico. Entonces, cuando yo estaba aquà en Santo Domingo, en la universidad, e iba de vacaciones a Nueva York y me pasada dos meses, tres meses allá.
Mi tÃo solÃa llevarme al periódico. Yo tenÃa una vocación periodÃstica también, yo supongo que influida por él, porque mi tÃo me decÃa desde que yo era niño: yo quiero que tu seas periodista y yo lo tenÃa como modelo en la familia. Entonces iba al periódico. El en principio me ponÃa a hacer pies de fotos. Los pies de fotografÃas. Entonces, hacÃa muchos pies de fotos. Traducciones del New York Times o del Daily News para El Diario La Prensa y ya luego hasta escribir algunas cosas que no estaban firmadas.
Con el tiempo llegué a escribir artÃculos de opinión para El Diario La Prensa, e inclusive entrevistas. Hay una entrevista que luego se ha reeditado por otros medios que se llama “Diálogo Ãntimo con Juan Boschâ€, que fue una entrevista que yo hice con Juan Bosch para el periódico El Diario La Prensa y que, incluso, he visto que aparece en las obras completas de Juan Bosch. Y esa relación duró más o menos unos cuatro o cinco años. De manera que me siento parte de la familia de El Diario La Prensa, aunque quizá, como un primo distante, pero al fin y al cabo, parte de la familia de ese gran rotativo hispano de la ciudad de Nueva York.
¿Cómo define su experiencia de migrante a la ciudad de Nueva York?
Fabulosa. Yo creo que ha sido una gran experiencia que me ha servido para toda la vida, primero aprender a ser bis-cultural, bilingüe. Interesarme por una ciudad que yo considero la capital del mundo en muchos aspecto: la capital financiera, la capital cultural, la capital industrial, en fin, yo creo que Nueva York es un resumen de lo que ha alcanzado la civilización, la humanidad en todos sus tiempos históricos. De manera que para mÃ, Nueva York ha significado mucho y sigue significando en la actualidad porque mantengo una relación continua con instituciones académicas, instituciones culturales de la ciudad de Nueva York.
¿Cómo influyó en su formación polÃtica su estadÃa en Nueva York?
Mucho, de diversas maneras. Empezando primero por mi propio hogar. Mi abuela, que fue la primera que emigró hacia Nueva York, en plena dictadura de Trujillo (1930-1961), siempre tenÃa como gran orgullo de que ella era parte de la oposición trujillista y que eso ella lo aprendió en Nueva York, y sacaba con orgullo su carnet del PRD, de que ella fue de las primeras que se organizaron en el PRD en la lucha antitrujillista en Nueva York.
Mi madre también tenÃa como una inclinación por la polÃtica y a nuestro apartamento de Nueva York todos los fines de semanas iban dominicanos, yo calculaba en la sala nuestra no menos de 15 personas todos los domingos y de lo que se hablaba era de la polÃtica en la República Dominicana. Y se leÃa la prensa dominicana y las revistas dominicanas, fundamentalmente la revista Ahora, que en aquella época era la que mejor resumÃa los acontecimientos en la República Dominicana.
De manera que yo, a los diez, once, doce, trece años, ya veÃa en Nueva York todas las publicaciones de la República Dominicana y escuchaba, de las personas adultas que iban a mi casa, todo lo que ocurrÃa en la República Dominicana. Eso por un lado, pero por el otro la posibilidad de poder leer, a temprana edad, la prensa norteamericana, en New York Times, el New York Post, también me abrió una perspectiva que con el tiempo se consolidó, porque entonces leÃa, cuando yo me interesé por la polÃtica, publicaciones especializadas de la polÃtica.
Por ejemplo leÃa mucho una revista llamada MonthlyReview, que la hacÃan personas como Paul Sweezy, Paul Baran, por ejemplo, Harry Magdoff. Que luego conocÃ. Yo llegué a conocer a estas personas, a Paul Sweezy y a Harry Magdoff yo los llegué a entrevistar para la revista polÃtica del PLD, pero yo empecé a leerlos cuando era un teenager, cuando yo era un adolescente. Por tanto, eso me abrió una comprensión a los problemas de economÃa, a los problemas internacionales.
HabÃa otra revista llamada Nacla (North American CongressonLatinAmerica) y es una revista progresista sobre temas de polÃtica exterior de Estados Unidos para América Latina, que también leÃa y coleccionaba y todavÃa conservo esa colección, que está justamente en la Biblioteca Juan Bosch, de la Fundación Global, tanto la de MonthlyReview como la deNacla de cuando yo tenÃa 15 años de edad, aproximadamente. Entonces, no cabe duda de que Nueva York influyó.
Iba, por ejemplo, llevado por la escuela, a la sede de las Naciones Unidas, desde la escuela primaria, eso te abre como una curiosidad de saber qué exactamente es el sistema de Nacionales Unidas. Ya luego cuando yo vivÃa en la República Dominicana e iba de visita, pues ya yo participaba de actividades polÃticas en Nueva York, con el PLD en Nueva York, pero también con diversos otros grupos, de intelectuales, de artistas, que participábamos en tertulias, en debates, en paneles, sobre el problema de la polÃtica mundial, y eso lo hacÃamos en Nueva York. De manera que yo dirÃa que yo he sido formado entre dos lugares, en República Dominicana y en Nueva York.
¿Cuándo regresó para establecerse de nuevo en República Dominicana y en qué momento pensó que serÃa Presidente?
Yo dirÃa regresé a finales del 69, principio del 70, pero, como digo, siempre iba, dos o tres veces al año, de manera que yo nunca abandoné la ciudad propiamente. Vine a estudiar aquÃ, terminar el bachillerato y entrar a la universidad, pero nunca abandoné la ciudad de Nueva York, siempre estaba, porque mi madre se quedó allá y mi hermano, y yo estaba aquà con los abuelos.
De manera que estaba obligado a retornar siempre a la ciudad de Nueva York y ese vÃnculo se mantuvo siempre. Cuando terminé la universidad, entonces, me establecà allà un tiempo, hice un curso en la Universidad de Columbia, de periodismo, que se hacÃa, sobre tema de televisión, era periodismo y televisión. Y participaba siempre en muchos eventos académicos.
¿Presidente? Pues yo nunca pensé que iba a ser Presidente ni eso lo tenÃa en mis planes, ni nunca soñé con ser Presidente. Esas cosas se dan en la vida. Yo siempre he dicho que yo llegué a ser Presidente cuando me di cuenta que fracasé como pelotero, porque yo lo que querÃa ser en la vida era atleta, era ser pelotero, y empecé en Nueva York, jugando en una liga que se llamaba “Little League BaseballMorningsideâ€, un área que queda cerda de la universidad de Columbia, ahà jugábamos.
Yo era parte de un equipo que se llama Los twins, Los twins de Morningside, y tenÃa traje número 3. Yo recuerdo que cuando me entregaron ese uniforme yo dormà con él. Yo me acosté en mi cama con mi uniforme, porque yo lo que querÃa ser era jugador de béisbol y mi Ãdolo se llamaba Juan Marichal, que era en aquellos años la figura dominicana que más atraÃa en Estados Unidos. Entonces, yo querÃa ser como Juan Marichal. Entonces, en el fondo me frustré, querÃa ser pelotero y no pude. Al final terminé siendo presidente, que nunca me lo planté ni lo deseé.
¿Qué aconseja a los migrantes dominicanos establecidos en Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos?
Yo les dirÃa que valoren exactamente lo que significa la ciudad de Nueva York, que la valoren, que la aprecien, que se puedan empoderar de esa ciudad, que se integren a la ciudad, que traten de aprender el nuevo idioma, que aprendan inglés, que visiten las instituciones culturales, que vayan a los museos, que vayan a los teatros de Broadway, que vean los musicales, que vean las obras de teatro, que promuevan a sus hijos, en términos escolares, que puedan ir a los colleges y a las universidades.
En fin, que le saquen todo el provecho posible a la ciudad que tiene la mayor oferta cultural y educativa del mundo. Y yo creo que si uno es capaz de hacer eso, se enriquece en lo personal y puede, efectivamente, entender el porqué Nueva York es la gran ciudad, valorada por todos los urbanistas, por todos los arquitectos. Todos lo que estudian desarrollo urbano, siempre ven a Nueva York como el gran modelo.
Yo, obviamente, debo decir que cuando empecé la campaña electoral del año 1996 decÃa que querÃa hacer de la República Dominicana un Nueva York chiquito. Lo que ha pasado es con el tiempo ha salido un Santo Domingo grande. Entonces, es tan grande que ahora Nueva York nos queda chiquito, ja, ja, ja.
Finalmente, podrÃa enviar un mensaje para El Diario La Prensa en suaniversario 100.
Mis felicitaciones más sincera por haber mantenido esta publicación durante un siglo. Desde niño, yo me pongo a ver, con ocho, diez años de edad, yo veÃa cada dÃa en mi casa El Diario La Prensa. Por tanto, está como vinculado con mi vida, pero con la vida de muchas personas, que su referencia, en la lengua española, en término de noticias, era el Diario La Prensa.
Era el único periódico que existÃa en español en aquella época. Hoy dÃa existen muchos. Incluso existe un periódico hispano para Manhattan y un periódico hispano para Brooklyn, pero en aquella época el único que existÃa era El Diario La Prensa. De manera que era la única fuente de información que existÃa.
Tiene una historia. Todos los grandes acontecimientos de los últimos años de Estados Unidos y de la ciudad de Nueva York están registrados ahÃ, en el periódico El Diario La Prensa. Es un periódico que se ha renovado, que se ha modernizado a lo largo del tiempo y yo espero que usted me pueda entrevistar de nuevo para El Diario La Prensa cuando cumpla sus 200 años y que pueda felicitar entonces a El Diario La Prensa con motivo de su bicentenario.