¿Moda o falta de personalidad?

Señor directo:

El pasar de los años trae consigo novedades y reformas necesarias, cambios en la conducta y niveles de adaptación, que hasta cierto punto son normales y justificables de acuerdo al grado de desarrollo y madurez emocional del individuo en particular, a la transformación social alcanzada por el conglomerado humano y a la influencia directa de la evolución y cambios drásticos en la naturaleza de nuestro planeta.

Producto de esos cambios surgió algo que conocemos como “moda” o tendencia de los mismos gustos o intereses en un grupo significativo de personas por un tiempo determinado.

Al principio la moda se identificó con la apariencia personal, luego abarcó otros tópicos: la música, el lenguaje hablado y corporal, actividades sociales, políticas, etc., y hoy para muchos, resulta un ardid imprescindible a la hora de actuar y tomar decisiones.

Actualmente se ha impuesto como protesta ante las costumbres de la sociedad en general, se ve toda clase de incongruencia y desfachatez en la apariencia personal y en las normas morales y éticas de conducta social, impera un abuso excesivo por romper esquemas y patrones formales y naturales y rayar en lo estrafalario, grotesco, vulgar y obsceno, desafiando todo tipo de norma tradicional.

Los patrones de conducta de preferencias sociales masivas y los diseños modernos, especialmente de productos tecnológicos, son los que están a la vanguardia de la moda y se fundamenta en dos parámetros esenciales; cantidad (abundancia o frecuencia de uso) y duración (tiempo que prevalece). La moda se aplica sin hacer ningún tipo de cuestionamiento o consecuencia posterior, la mayoría se introduce en ella porque sí, por falta de autenticidad y personalidad y por temor a ser rechazados o tildados de anticuados, todos lo hacen y no se pueden quedar atrás, hay que tenerlo o hacerlo porque está de moda.

¡Craso error!

Muchas modas no afectan negativamente nuestra imagen o conducta, pero hoy existen muchas cosas que nos dañan irreversiblemente, tanto física, como psíquicamente.

El lavado de cerebro para seguir esa corriente moderna degenerativa y perjudicial es arduo, si se tienen bien arraigados los principios morales tradicionales y se posee un carácter definido, pero si se es un cabeza hueca con personalidad de veleta, se cree que la moda es el mejor aliado para parecer inteligente.

El problema no es la moda en sí, sino la falta de personalidad, que se propaga como una epidemia que solo se cura al cumplirse el tiempo que tenga de vida el germen que la produce.

Están de moda los hombres-mujeres y las mujeres-hombres, los hijos-padres (gobiernan) y los padres-hijos (obedecen), los tatuajes, cirugías estéticas, las ejecutivas y los amos de casa y niñeros, los impotentes (jóvenes usando viagra) y las insaciables, las marionetas de la tecnología y enajenados mentales y cualquier comportamiento antinatural y pernicioso, todo tipo de extravagancia que se le ocurra a cualquier persona con influencia en el medio social, enarbolando que, “la moda no incomoda”.

Idalia Harolina Payano Tolentino