Septiembre llegó. Para muchos supone el fin de unas fantásticas vacaciones y, con ello, la vuelta al 'cole'. Las palabras normalidad y rutina caen como un jarro de agua frÃa. “¿Tendré amigos?, ¿aprobaré todas?, ¿seguirá Doña Fulanita dando clase?...â€. Y, en medio de la vorágine de sentimientos encontrados, toca retomar las actividades.
Es fundamental que los padres hablen con sus hijos sobre el inicio escolar, les preparen y acompañen en el cambio y la novedad. Si ellos transmiten entusiasmo, la actitud de los pequeños será positiva.
Cuando un niño no quiere ir al cole es importante escucharle, saber por qué, darle herramientas para superar las dificultades y explicarle los beneficios que obtendrá al ir: “¡Qué suerte, vas a ver a tus amigos!â€, “aprenderás mucho con este profesorâ€, “vas a saber mucho inglésâ€... Un mensaje del tipo “yo tampoco quiero ir a trabajar y me aguanto†solo conseguirá resignación y tristeza en el niño, pero no una actitud de reto y superación. Si restamos importancia a las dificultades y aspectos negativos, facilitaremos el afrontarlos con seguridad y optimismo.
Pilar de Castro-Manglano, especialista en PsiquiatrÃa Infantil y Adolescente en la ClÃnica Universidad de Navarra, da las claves para afrontar positivamente esta etapa y obtener los mejores rendimientos.
- Trasmitir ilusión y entusiasmo: los niños deben saber que pueden disfrutar aprendiendo y, que en un futuro, ese conocimiento les hará mejores y más felices, aunque cueste esfuerzo. Deben unir el aprendizaje no solo al esfuerzo, sino a la satisfacción de aprender, ser mejores y compartir conocimientos con los demás.
- Acompañarles en la adquisición de hábitos y rutinas estables: los niños necesitan estructura, horarios y rutinas. El colegio aporta estabilidad; saben lo que tienen que hacer en cada momento y aprovechan el tiempo al máximo. Es importante tener los mismos hábitos en casa. Cuando lleguen de la escuela, es bueno que hagan un breve descanso para merendar y seguidamente ponerse con sus tareas. Los ordenadores y juegos siempre después de terminar sus deberes y preferiblemente reducidos al fin de semana. También es importante crear una rutina en el horario de irse a dormir.
- Compartir los momentos del niño: la ilusión de recibirles cuando lleguen, preguntarles cómo les ha ido, preparar el uniforme, el material y salir al paso de sus dificultades con los amigos o con las materias. Lo ideal es llenar el tiempo poco a poco y de manera progresiva.
- Acompañar al niño emocionalmente en sus éxitos, sus fracasos y superaciones tanto académicas como sociales, permite un desarrollo sano a medida que va creciendo y adaptándose a las exigencias propias de la edad. Hay que saber que el esfuerzo es positivo siempre que conseguimos llegar a una meta, que debe trazarse adaptándose a la capacidad y el ritmo del niño.
Si a pesar del acompañamiento emocional sano, las rutinas, los condicionantes favorables, el niño se resiste o sufre por ir al colegio, lo más prudente es pedir consejo a los especialistas para afrontar las dificultades. El tiempo no siempre lo cura todo.
“Mamá no quiero ir al colegioâ€. ¿Y ahora qué? fue publicado anteriormente en los blogs de la ClÃnica Universidad de Navarra.