La labor del historiador profesional debe enfocarse en la búsqueda de la verdad del pasado y del presente, o de una parte de ella, apegada a los valores de la ética profesional, y sobre todo, al uso crítico de las fuentes que sirven de sostén a la producción de nuevos conocimientos.
Al estudiar la conducta de la producción intelectual desde un referente normativo, la ética enseña cómo asumir una posición crítica y valorativa con rango de verdad en la conducta y comportamiento del historiador profesional.
El historiador jamás se guiará por lo que él piensa o se imagina acerca de los hechos humanos, sino que sus indagaciones estarán condicionadas por la dinámica del tema objeto de investigación, siempre en correspondencia con la adopción de un determinado modelo teórico y metodológico que se aplicará en la búsqueda de conocimientos, los cuales deberán ser conocidos por la comunidad científica y por la sociedad, cuestión fundamental que implica la adopción de un compromiso ético.
La producción científica historiográfica debe caracterizarse por la objetividad, la rigurosidad, la pertinencia, el respeto, la honradez, la honestidad, la integralidad, la justicia, la pureza y otros valores humanísticos que cautivarán la admiración y el respeto de la comunidad académica e intelectual por la labor del historiador profesional.
En sus indagaciones, el historiador deberá apartarse lo más posible de las pasiones, los prejuicios, simpatías, antipatías y afecciones; deberá eliminar todas esas preferencias o creencias personales que pudieran enmascarar el conocimiento científico.
Por supuesto, no se le exige al historiador que abandone su compromiso social con la verdad, la justicia, la libertad y la solidaridad en aras de una supuesta "neutralidad e imparcialidad" en sus indagaciones porque entonces estaría asumiendo la ética de ascetismo, propia de un monje tibetano.
La función social del historiador no significa hacer historia panfletaria, afectiva, utilitaria, pragmática, providencialista o tendenciosa; esas y otras formas de escribir historia sólo conducen a reforzar las actuales confusiones sobre la pertinencia de la historia y el oficio del historiador. El compromiso con la búsqueda de la verdad, sea absoluta o relativa, implica avanzar en el diagnóstico y explicación de los hechos investigados para su debida divulgación.
Una historia comprometida con la verdad implica también un combate en el campo teórico, que no debe confundirse con la lucha política o partidarista. La búsqueda de una explicación para dar forma científica al conocimiento empírico incluye desnudar la maraña del discurso de las élites intelectuales instrumentalizadas. Aquellos que al servicio del poder encubren o manipulan la realidad no son científicos, sino mercenarios.
En resumen, todo el trabajo del historiador debe estar encaminado a la búsqueda de la verdad científica que está en constante construcción.
Deberá esforzarse por elevar el rigor intelectual, a sabiendas de que no basta una orientación ideológica justa sino existe una adecuada competencia profesional.
El historiador profesional deberá propiciar la polémica y el debate como prácticas que ayudan al desarrollo de las ciencias humanas, basados en la más amplia libertad de palabra y el respeto a las opiniones contrarias a las suyas.
Los historiadores que ejercen la docencia deben velar por la adecuada impartición de los conocimientos, que garantice una sólida formación de los dicentes y contribuya a despertar una conciencia crítica, cívica y patriótica entre las nuevas generaciones.
Es un deber irrenunciable del historiador rechazar al plagio total o parcial de obras o ideas ajenas, sin importar la variante en que se asuma dicho plagio.
El historiador tendrá siempre el deber de preservar la integridad física de las fuentes, aún en los casos de que no sean de su agrado o que sean de su propiedad.
La ética comprometida con los valores humanísticos y el oficio del historiador deben fundirse en un haz de verdad y cientificidad.
Referencias:
-Antognazzi, Irma. El historiador, la ética y el compromiso social. Revista Razón y Revolución, No. 5, otoño de 1999, Buenos Aires.
-Jiménez Marce, Rogelio. Marc Bloch o el compromiso del historiador. Takwá/Núm. 13/Primavera 2008/ pp. 183-188. Disponible en Internet.
-Pulino Cárdenas, Miguel y Hernández Gómez, Kenia Amaya. Código de ética y oficio del historiador. Revista Universidad y Sociedad. Vol. 2, No. 3. Universidad de Cienfuegos "Carlos Rafael Rodríguez. Septiembre/diciembre 2010. http://www.ucf.edu.cu
-Sánchez Marcos, Fernando. Verdad, libertad y solidaridad: los compromisos éticos del historiador. Disponible en Internet.