NEW YORK, Estados Unidos.-  Siempre he sostenido que no todo está perdido en nuestra Quisqueya.
Y uso este término para subrayar que la corrupción pública y privada, que es endémica en nuestro país no todas las veces se queda impune.

Lógicamente la soga se acostumbra a partir por lo más delgado, es decir, que en la mayoría de los casos, solo juzgan a los pequeños y débiles.
 
Aclaro que esta expresión no quiere decir que estoy en desacuerdo con que se castiguen a los corruptos de menor cuantía, no hay que castigarlos a todos, según el tamaño de sus delitos.

Obviamente que la pena que tendrán que pagar los hermanos Serret y sus socios no será más grande que la aplicada a los del caso de Banínter, la cual debió ser la maxima de 30 años, pero todos sabemos el tipo de justica que tenemos en la República Dominicana.
 
Si hubiese sido aquí en los Estados Unidos, los responsables de ese robo no hubieran visto la luz del sol por mucho tiempo.
 
Es decir que el caso del Banco Peravia donde al parecer se han hecho más triquiñuelas, tracamandacas y tropelías que en el caso Banínter, aunque la cantidad de dinero estafado es menor que el caso de Baninter, sus autores criollos y extranjeros tendrán que recibir una pena más pequeña y muy pronto saldrán de la cárcel, porque si los propiciadores de Banínter los condenaron a 5, 10 y 15 años, y algunos ya están en las calles como si nada, pienso que en el caso del Banco Peravia y pronto esos "ilustres ciudadanos y ciudadanas" se pasearan por las calles de Baní, por las del resto del país y hasta por Estados Unidos y la Patagonia de la república de Argentina como si nada hubieran hecho.
 
Lo que me extraña es que en los casos de Félix Bautista, Leonel Fernandez Reyna, Alejandrina Germán, Euclides Gutierrez Félix, Víctor Díaz Rúa, Melanio Paredes, Margarita Cedeño de Fernández y otros miembros de esa corporación de peledeistas corruptos, la justicia no actuara con la rapidez y la precisión que lo hizo en el caso del Banco Peravia.
 
Ojalá y no pase lo mismo cuando le toque el turno al grupo de Danilo Medina Sánchez incluyéndolo a él con el caso Odebrecht de Brasil, las plantas de carbón de Catalina, Baní y otros más que de aquí allá de seguro aparecerán. 
 
El caso del Banco Peravia y de los hermanos Serret es un mensaje tambien claro para algunas autoridades municipales y gubernamentales de Baní que piensan que la perpetuidad en el poder, los pactos diabólicos y las relaciones con autoridades corruptas, lo librarán del juicio de la historia y de la misma justicia. 
 
Tarde o temprano el que la hace, la paga, y según cambian los tiempos igual pudieran cambiar las autoridades judiciales.

Detengan esa voracidad, esa ambición en el uso de los bienes públicos, y tambien porque no decirlo con los bienes privados, es decir con las cosas ajenas, porque lo que es de el pueblo es ajeno porque es de todos no de un solo ni de un grupito, sean que estos bienes estén en el Ayuntamiento, la Gobernación, el Senado, la Cámara de Diputados, o en el caso particular de una empresa privada.
 
Estos ejemplos de castigo a la corrupción en el sector privado se debieran trasladar con la misma intensidad al sector público, porque ya estamos hartos  de tanta impunidad, de tanta corrupción y de tanto encubrimiento y permisidad de la justicia dominicana.