Las recurrentes crisis económicas mundiales que sufrimos, por ejemplo, se deben, más que a fallos en los sistemas de producción, a carencias morales que permean todo el sistema. Dunning, describe esos fallos en tres aspectos:
1. Fallo de los mercados: riesgo moral, política macroeconómica equivocada, especulación excesiva (inmobiliaria y bursátil), etc.
2. Fallo de las instituciones: funcionamiento ineficiente de los sistemas de regulación y supervisión, infraestructura jurídica y financiera inadecuada, falta de rendición de cuentas o transparencia y modelos de información financiera inadecuadas.
3. Fallo de las virtudes morales, que está en el centro del fallo de los mercados y de las instituciones. Fallos de esta clase son el capitalismo de casino y la corrupción, la falta de veracidad, confianza y responsabilidad social, y la codicia excesiva de los inversores o las instituciones, el falseamiento de los balances y la manipulación ilícita de los mercados.
Como ha dicho Hans Kung, “sin moral las leyes no pueden subsistir, y ninguna disposición legal se puede llevar a efecto en ausencia de una conciencia moral basada en ciertos principios éticos elementales”.
Por otro lado, el impacto que tiene el desarrollo tecnológico sobre la vida de las personas y del planeta impone nuevos retos éticos personales, sociales y globales. El uso del internet a nivel individual, por ejemplo, cuestiona temas de privacidad, de bullying y de pornografía, para solo citar algunos casos.
En la próxima entrega analizo los avances tecnológicos, cómo han impactado el comportamiento ético. El criterio ético para juzgar cualquier medida o avance tecnológico debe ser si ofrece más ventajas que inconvenientes para la sociedad en general, en otras palabras, siguiendo el criterio del bien común, como ha afirmado la doctora Mary Warnock, de la Academia Británica. l