Llámenme loca, pero la señora que está sosteniendo al bebé en la foto parece estar pensado: “¿Ya te vas?”
Conocí a Natalia, la hija de mi amiga Ámbar, cuando tenía ya casi dos meses.
Tardé más de lo planeado por estar esperando que las otras dos amigas del grupo pudieran ir conmigo y al final no fuimos juntas, pero ese es otro tema. La idea original era visitarlas cuando la bebé cumpliera el mes. Es mi política personal para con mis amigas y familiares que acaban de parir.
Es probable que sea una exagerada, y solo quizás no todas las mamás de recién nacidos se ven tan agobiadas como me sentí yo cuando tuve a mis hijos, pero por cómo lo viví, yo prefiero hacerlo así con mis conocidas. Si no puedo ir al hospital antes de que mamá y bebé se vayan a su casa (en donde todo está un poco más “controlado”), entonces me parece solo prudente esperar al menos 30 días para hacerles una visita. ¿Por qué? Aquí van mis razones:
1. Los nuevos papás necesitan tiempo para conocer y disfrutar a su bebé. Cuánto tiempo duerme, por qué llora, cómo se cambia un pañal, qué es “lo normal” en él, cómo será la nueva rutina, son datos que los padres primerizos solo pueden obtener pasando tiempo dedicados a su bebé. Cuando uno tiene la casa llena de gente entrando y saliendo, esto se dificulta mucho, generando estrés en los papás, y el bebé. Además el papá muchas veces tendrá solamente algunos días para estar en casa, y es mejor que entonces pasen ese tiempo solos.
2. La lactancia. Este proceso necesita de mucho tiempo, espacio y calma. Cuando una no sabe ni por donde empezar, y además tiene en la sala una amiga, tía, prima o abuelita a la cual atender, y el timbre que no deja de sonar, es fácil caer en la tentación de darle un biberón y ver cómo se lidia con ese asunto después. El problema es que para que llegue ese “después” puede pasar más de un mes, y la ventana de oportunidad se habrá cerrado.
3. Dejarlos dormir. Nunca olvidaré aquella ocasión en que mi marido y yo encontramos el tiempo para dormir una siesta JUNTO con el bebé, solo para tener que levantarnos minutos después a abrirle a las visitas que de todos modos no pudieron ver a nuestro hijo, porque estaba dormido… Antes de ir, siempre llama, para no estar importunando de más a tus anfitriones.
4. Darles tiempo para comer. Lo que MÁS sufrí cuando nació mi primer hijo, fue que no encontraba tiempo para sentarme a comer. Recuerdo cómo pasaban las horas y mi marido y yo nos moríamos de hambre, no atreviéndonos a decirle a las visitas que no habíamos tenido oportunidad de probar bocado en muchas horas, más que los cacahuatitos, los chocolatitos y las galletitas que nunca pueden faltar en el hogar en donde acaba de aterrizar la cigüeña.
5. No tener que vestirse para recibir visitas. Al día siguiente de llegar del hospital con mi segundo hijo, salía de bañarme cuando mi marido, que había ido a la farmacia a comprar algo de emergencia, me llamó para avisarme que sus tíos tocarían el timbre en exactamente 2 minutos más. Como no tenía ganas de pensar en qué ponerme, me volví a enfundar en una bata y así los recibí. Me di cuenta que los incomodé, pero la que estuvo muy cómoda fui yo. Si una nueva mamá te recibe en batas o pantuflas, compréndela: es muy probable que ya no quiera usar ropa de embarazo y la suya todavía no le quede.
6. No tener que preocuparse por tener algo que ofrecer a las visitas. La afluencia de gente de pronto es tanta, que los nuevos papás se tienen que estar preocupando por rellenar los dulceros de la sala de las galletitas, los cacahuatitos y los chocolatitos antes mencionados, en lugar de encontrar tiempo de hacer cualquiera de los puntos 1,2,3 y 4. Si vas a hacer una visita a conocer a un recién nacido, no te olvides de llevar también algo de beber y/o alguna botana.
7. El primogénito (si es que lo tienen). Cuando el bebé no es el primero, sino el segundo, en casa hay un nivel de dificultad agregado que es el temperamento del hijo mayor, naturalmente afectado por la llegada del hermanito. Las visitas solo generan más estrés en este pobre crío, que no entiende qué tiene de bonito ese humanito arrugado que no para de llorar. Si vas a visitar a un segundo bebé, nunca, NUNCA olvides llevar un regalito también al hermano mayor, y sobre todo, dedicarle bastante atención también.
La llegada de un bebé es toda una revolución en cualquier hogar, pero también es un momento muy lindo el cual es comprensible que mucha gente quiera compartir con la nueva familia.
Si a pesar de lo anterior, no puedes esperar a conocer al nuevo bebé, entonces pon atención en lo mencionado en el puntos 4, 6 y 7. Evita los horarios complicados como los de la comida o el baño del bebé, si puedes lleva algo más que una botana (un platillo para que los papás puedan olvidarse de preparar la siguiente comida es un gran gesto), ayuda en lo que puedas (ofrécete para lavar los trastes, doblar la ropa limpia o cuidar al hermanito mayor para que los papás puedan descansar) y procura que tu visita sea rápida y prudente. Como decía mi abuela: “Hay visitas que da mucho gusto cuando llegan, pero más cuando se van”.