SANTO DOMINGO.- Galletas, bebidas azucaradas, cereales de colores, sopas instantáneas y comidas listas para calentar forman parte de la rutina de muchas familias. Por su facilidad y larga duración, estos productos aparecen con frecuencia en la mesa, pero la investigación científica ha encendido alertas sobre el consumo habitual de alimentos ultraprocesados.

La clasificación NOVA denomina ultraprocesados a formulaciones industriales elaboradas principalmente con sustancias extraídas o derivadas de alimentos, junto con aditivos que suelen emplearse para modificar el sabor, el color o la textura. Entre los ejemplos comunes figuran refrescos, golosinas, snacks empaquetados y algunos platos listos para consumir.

Un ensayo controlado realizado en el Centro Clínico de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos comparó durante un mes las dietas de 20 adultos: cada participante recibió por dos semanas una alimentación ultraprocesada y por otras dos una basada en alimentos sin procesar. Durante la primera etapa, las personas consumieron en promedio unas 508 calorías diarias más y aumentaron de peso. Por su tamaño y duración, el estudio aporta evidencia experimental, pero no permite por sí solo establecer los efectos a largo plazo en toda la población.

Por otra parte, una revisión publicada en la revista BMJ en 2024 encontró asociaciones entre una mayor exposición a ultraprocesados y diversos resultados adversos de salud. La mayoría de los estudios incluidos fueron observacionales: muestran relaciones y posibles riesgos, pero no prueban que cada producto, por sí solo, cause una enfermedad.

Los especialistas también advierten que el procesamiento no convierte automáticamente un alimento en perjudicial. La leche pasteurizada, las verduras congeladas o las legumbres enlatadas, por ejemplo, pueden ser opciones prácticas; conviene revisar sus ingredientes y el contenido de sodio, azúcares añadidos y grasas saturadas.

Una forma sencilla de empezar es comparar etiquetas, limitar bebidas azucaradas y snacks empaquetados, y elegir con más frecuencia alimentos frescos o mínimamente procesados, según las necesidades y posibilidades de cada hogar. La recomendación no exige eliminar de golpe todos los productos preparados, sino prestar atención a cuánto ocupan en la alimentación diaria.

Fotografía: Eren Li / Pexels.

La información sobre el ensayo procede de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y la revisión científica fue publicada en BMJ.