APUNTE.COM.DO.- La quietud de Baní se ha visto sacudida por segunda ocasión en pocas semanas, luego de que salieran a la luz imágenes y denuncias sobre cortes mecánicos ejecutados en la falda del emblemático Cerro Gordo.

Cerro Gordo no es una simple elevación: se trata de un accidente geográfico que constituye un hito histórico esencial para el origen del municipio costero. En la época colonial, el territorio donde hoy se extiende la parte llana de la ciudad formaba parte de un amplio hato ganadero llamado Cerro Gordo, propiedad de figuras coloniales como Francisco Báez y Bartolomé del Castillo, vinculados a linajes como el de Ana de Pravia. Fue el 3 de marzo de 1764 cuando los vecinos de los hatos cercanos unieron voluntades para comprar esos terrenos, dando paso a la fundación formal del valle de flores.

De ahí que alterar Cerro Gordo sea tocar las raíces históricas del pueblo banilejo. Junto al Cucurucho de Baní, Cerro Gordo forma un cordón montañoso de bosque seco y de transición que protege la cuenca del Río Baní. Su vegetación densa retiene la humedad de las nubes, regula el microclima local y mantiene el caudal hídrico que abastece a la región, además de servir como zona de amortiguamiento entre las áreas costeras áridas y la Cordillera Central.

El cerro alberga más de 304 especies de plantas vasculares, un 15% de ellas endémicas de la isla, con ejemplares adaptados como el guayacán, el cambrón, el olivo, el aceituno y cactáceas imponentes como cayucos, alpargatas y el melón espinoso. Es hábitat seguro de aves silvestres como tórtolas ala blanca, rolones, rolitas y guineas cimarronas, además de reptiles y polinizadores clave para la agricultura del valle.

El corte visible en las imágenes pone en riesgo directo ese delicado ecosistema de contención hídrica y biodiversidad. Las alarmas se encendieron cuando circuló en redes sociales una nota informativa sobre los trabajos ejecutados en la parte trasera de Cerro Gordo por parte de la empresa Constructora Danilo Cintrón, S.R.L.

En la falda del santuario natural, las fotografías evidencian un desmonte y tajado de la capa rocosa y caliza subyacente, que dejó al descubierto una franja de color blanco amarillento donde antes crecía la vegetación nativa del bosque seco. La remoción del suelo fértil y de la vegetación de cobertura no solo altera de forma irreversible el paisaje emblemático de Baní, sino que destruye la capacidad natural de retención hídrica de la ladera, dejando el terreno expuesto a la erosión y amenazando la estabilidad de la cuenca.

Documentos oficiales revelan la participación de instancias estatales en la discusión del asunto. Mediante una comunicación firmada el 28 de octubre de 2026 por el ingeniero Francisco Bremón, director regional del Sistema de Riego Ozama Nizao del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), y el encargado de riego de la zona, Franklin Reyes Suero, la entidad notificó al alcalde de Baní, Santos Ramírez, que no tiene objeción a los trabajos. La intervención contempla la habilitación de 1,200 metros lineales de berma del Canal Marcos A. Cabral y obras de drenaje de escorrentía hacia el canal, que previamente habían sido interrumpidas por la referida constructora.

Por su parte, la constructora posee la Certificación No. 395-2026, expedida el 5 de octubre de 2026 por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. El documento avala que la parcela No. 305270624267 se ubica fuera del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Sin embargo, el Ministerio enfatizó de manera textual: “La presente certificación de ningún modo implica el otorgamiento de autorización ambiental alguna a favor de la parte solicitante e interesada para la realización de cualquier obra o proyecto en el área indicada. Tampoco implica una no objeción a saneamiento, deslinde, subdivisión o cualquier proceso que involucre modificación o registro parcelario”.

Mientras tanto, la Resolución número 008/2010, emitida por la Alcaldía de Baní, declaró a Cerro Gordo y sus apéndices (el Cerro del Vigía y el Cerrito de las Iguanas) como Patrimonio Ecológico del Municipio de Baní, con el fin de preservar ese monumento natural para las presentes y futuras generaciones. Los considerandos de la resolución resaltan sus “hermosas vistas panorámicas de la ciudad de Baní, de la llanura costera banileja, del litoral costero y de las montañas”, así como el alto valor ecológico reconocido por grupos ambientales y el Ministerio de Medio Ambiente.

Un hecho destacable, que contrasta con el silencio oficial tras el reciente escándalo de la tala del roble centenario en la Gobernación de Peravia, ocurrió al encenderse las primeras alarmas: la actitud de la Constructora Danilo Cintrón, S.R.L., cuyos voceros informaron que proyectan un plan ecológico con senderos para caminantes, ciclistas y villas turísticas en terrenos de su propiedad situados fuera del área protegida. Aunque afirman contar con maquetas proyectadas que incluyen la siembra de nuevas especies de árboles, decidieron no hacerlas públicas por el momento y solicitaron un compás de espera para presentar sus planes a la población.

Mientras los trabajos avanzan sobre la falda del cerro, la ciudadanía banileja se mantiene alerta, porque Cerro Gordo representa el equilibrio ecológico, la seguridad hídrica y el testimonio vivo de la fundación de Baní en 1764. Se exige una aclaración inmediata y un peritaje riguroso que garantice la protección de su patrimonio natural ante cualquier intento de alteración del paisaje. Los continuos delitos contra el medioambiente, como la reciente tala de robles en Baní, están empujando a la ciudadanía a exigir castigo para los responsables, advirtiendo que cada agresión ignorada se convertirá en un nuevo atropello.