APUNTE.COM.DO.- PALABRAS DE JULIO VIRGILIO BRACHE
Presidente de la Asociación de Industrias de la República Dominicana
Galardones Industriales 2026
Nos reúne nuevamente una de las celebraciones más significativas de nuestra Asociación, una ocasión para reconocer la trayectoria, la excelencia y el compromiso inquebrantable de empresarios, industrias e instituciones que han contribuido al desarrollo productivo de la República Dominicana. Felicito sinceramente a quienes reciben en el día de hoy, nuestros Galardones Industriales. Sus trayectorias nos recuerdan que detrás del desarrollo económico siempre hay personas, empresas e instituciones que han decidido creer, invertir, innovar y trabajar incansablemente por nuestro país.
Este encuentro tiene lugar, además, en un momento particularmente crucial. El mundo atraviesa transformaciones profundas que están redefiniendo la manera de producir, comerciar e invertir. Se reorganizan las cadenas globales de suministro, la tecnología transforma industrias completas, la super inteligencia reconfigura procesos productivos y puestos de trabajo, y países que durante décadas parecieron dejar atrás las políticas industriales vuelven hoy su mirada hacia el fortalecimiento de sus capacidades productivas locales.
En ese escenario global, República Dominicana cuenta con oportunidades extraordinarias. Nuestra economía continúa creciendo, las exportaciones muestran un comportamiento favorable, la inversión extranjera mantiene una trayectoria positiva y comenzamos a explorar actividades de mayor contenido tecnológico. Son señales alentadoras, pero jamás deben conducirnos a la complacencia. El gran desafío que tenemos por delante es convertir el crecimiento económico en una verdadera transformación productiva. **Y en el centro de ese proceso debe estar indefectiblemente, la industria*
Desde la AIRD hemos insistido durante estos años en que aprovechar las oportunidades que ofrece este nuevo escenario requiere fortalecer algunas bases fundamentales. La primera de ella es la energía. Una economía que aspira a desarrollar manufactura avanzada, atraer nuevas inversiones y competir en los mercados internacionales, necesita energía suficiente, confiable, sostenible y a costos competitivos. Hemos señalado reiteradamente que la política energética debe ser entendida también como una política de estratégica de competitividad y de desarrollo productivo.
La segunda base es el talento. La transformación productiva a la que aspiramos requerirá técnicos, ingenieros, científicos, especialistas y trabajadores preparados para nuevas ocupaciones. Necesitamos fortalecer la educación técnica y las capacidades STEM, pero también acercar cada vez más la formación a las necesidades presentes y futuras del aparato productivo. No podremos aspirar a una economía de mayor valor agregado si las capacidades de nuestra gente no avanzan al mismo ritmo que la tecnología y las empresas.
La tercera es la productividad. Las empresas dominicanas tendrán que incorporar tecnología, automatizar procesos, aprovechar las posibilidades de la super inteligencia y desarrollar permanentemente nuevas capacidades. La transformación digital ha dejado de ser una ventaja diferenciadora para convertirse en una condición indispensable para sobrevivir y competir.
Y la cuarta es la formalidad. Debemos lograr que crear una empresa formal, contratar trabajadores formalmente y crecer dentro del marco legal resulte atractivo. La informalidad reduce productividad, limita salarios y pensiones y genera condiciones desleales de competencia. Por eso las reformas en materia laboral, de la Seguridad Social y tributaria deben orientarse a ampliar la base formal de nuestra economía y no a generar nuevos incentivos para permanecer fuera de ella.
En todos estos ámbitos existe un pilar transversal que no debemos subestimar: la confianza. Las empresas necesitan continuar contando con estabilidad para planificar, reglas claras para invertir e instituciones predecibles para asumir riesgos. Las inversiones productivas se realizan pensando no solamente en el próximo año, sino en las próximas décadas.
Ser una economía abierta al mundo no significa renunciar a nuestra capacidad de producir. Todo lo contrario: Tenemos que exportar más, atraer más inversión y conquistar nuevos mercados, pero asegurándonos de que cada nueva inversión y cada nueva exportación generen vínculos más sólidos con nuestro tejido productivo local. De ahí la importancia de fortalecer los encadenamientos productivos entre manufactura local, zonas francas, agroindustria, turismo, MiPymes y otros sectores estratégicos.
Cada dólar adicional que una empresa exportadora compra a un proveedor dominicano multiplica el impacto de esa exportación, pues dinamiza la producción local, genera empleos, transfiere conocimiento y fortalece el talento empresarial nacional. El éxito de una nueva inversión no debería medirse solamente por el capital que atrae al país, sino también por los proveedores nacionales que desarrolla, el talento dominicano que incorpora, el conocimiento que transfiere y el valor que permanece en nuestra economía.
Ninguno de estos desafíos puede ser enfrentado por un solo sector. Necesitamos al Gobierno, al Congreso Nacional, a los colaboradores, a las empresas, a las universidades y a la sociedad civil. Por eso hemos defendido permanentemente el diálogo público-privado como una herramienta indispensable para el desarrollo.
El diálogo, sin embargo, no puede convertirse en un fin en sí mismo. Tenemos que pasar del diálogo sobre los problemas, al diálogo sobre las soluciones, y de las soluciones acordadas a su ejecución. República Dominicana necesita acuerdos de largo plazo alrededor de los asuntos fundamentales que hemos planteado, así como de otros de igual trascendencia. El verdadero éxito del diálogo público-privado no se mide por la cantidad de reuniones cele