APUNTE.COM.DO.- Lula da Silva revirtió una desventaja de casi dos puntos registrada en la primera vuelta y se alzó con la presidencia de Brasil en el balotaje con el 51,8% de los votos válidos, frente al 48,2% de Flávio Bolsonaro, de acuerdo con el escrutinio completo dado a conocer por el Tribunal Superior Electoral (TSE). La diferencia final equivalió a 4,4 millones de votos sobre un total de 124 millones, el doble del margen que separó a Lula de Jair Bolsonaro en 2022. Con ese resultado, Lula se transformó en el primer presidente de Brasil en ganar cuatro elecciones presidenciales.

El sociólogo económico Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo Sostenible en la organización Fundar y autor del newsletter El Atlas, examinó el vuelco electoral y explicó cómo cambió el mapa de votos entre la primera vuelta del 5 de octubre y el balotaje del domingo.

Hace tres semanas el escenario era el opuesto: Flávio había logrado 47,0% frente a 45,2% de Lula, lo que constituyó la primera vez desde 1989 que el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) llegaba a una segunda vuelta en desventaja. Entre una instancia y otra, Lula sumó 10,4 millones de votos y Flávio solo 3,7 millones.

Lo sucedido el domingo no tiene antecedentes en el país: desde la instauración del balotaje en 1989, quien ganaba la primera vuelta también se imponía en la segunda, incluso en definiciones cerradas como las de 2014 (Dilma Rousseff superó a Aécio Neves por 3,3 puntos) o 2022 (Lula a Jair Bolsonaro, por 1,8).

Ninguna primera vuelta, sin embargo, había sido tan pareja como la de este año: la ventaja más pequeña hasta entonces había sido la de Lula en 2022, de 5,2 puntos. En el resto de América Latina las remontadas fueron más habituales: en 22 de los 62 balotajes presidenciales desde 1990 el candidato que había quedado segundo en la primera vuelta terminó ganando, como ocurrió con Mauricio Macri en 2015 y Javier Milei en 2023 en Argentina, Gabriel Boric en 2021 y José Antonio Kast en 2025 en Chile, y Luis Lacalle Pou en 2019 en Uruguay.

En ese sentido, según el análisis de Schteingart, Brasil "se volvió un poco más latinoamericano". La remontada de Lula fue, además, una de las más pequeñas en distancia de partida registradas en la región, aunque Flávio venía de obtener el mejor resultado de un rival del PT en primera vuelta desde 1998.

En la primera vuelta, casi todo Brasil se había desplazado hacia Flávio respecto de 2022. En el balotaje, el movimiento fue igual de extendido pero en sentido inverso: la diferencia se movió hacia Lula en el 97% de los municipios y el candidato oficialista mejoró en los 27 estados del país.

Medido sobre los votos de los dos finalistas (la única comparación válida, ya que en primera vuelta competían otros candidatos), Lula subió desde 1,2 puntos en Piauí, donde ya obtenía 75%, hasta 4,3 puntos en Río de Janeiro, el estado donde más creció, y 3,8 en São Paulo. Flávio había ganado unos 2.900 municipios en la primera vuelta, de los cuales 211 pasaron a Lula en el balotaje; el camino inverso lo hizo uno solo.

A escala estadual, el único estado que cambió de ganador fue Minas Gerais, que había votado por Flávio en primera vuelta (48,2% contra 43,3%) y le dio a Lula el 50,4% en la segunda. El estado volvió a funcionar como termómetro nacional: desde 1989, el candidato más votado en Minas fue siempre el más votado en el país, en los 18 turnos presidenciales, incluidas las dos vueltas de este año.

En la primera vuelta, el tamaño del municipio explicaba cerca del 40% de las diferencias respecto de 2022, porque Lula había caído mucho más en los pueblos pequeños que en las grandes ciudades. En el balotaje ese patrón se diluyó: agrupados por ingreso per cápita, proporción de hogares con Bolsa Família o peso de los evangélicos, el voto se corrió hacia Lula entre 4 y 6 puntos en casi todos los grupos, cerca del promedio de 5,3 puntos.

La remontada de Lula no se explica solo por el reparto de los votantes de los demás candidatos de primera vuelta: entre una vuelta y otra también cambió quién votó y cómo. La participación subió de 79,1% a 81,0% del padrón, casi 3 millones de personas más, un salto poco habitual en Brasil, ya que en 2022 el aumento había sido de apenas 0,3 puntos. El voto en blanco y nulo bajó de 4,8% a 3,2% de los sufragios, con 1,8 millones de votos menos.

El incremento de la participación fue mayor en el Sudeste (2,4 puntos), el Sur (2,3) y el Nordeste (1,9), mientras que el Norte fue la excepción, con una caída de casi 2 puntos. El día de la votación, las campañas de ambos candidatos pidieron extender el horario (la de Lula por la falta de colectivos en Salvador y otras ciudades de Bahía, la de Flávio por las lluvias en municipios del Sur y de São Paulo).