APUNTE.COM.DO.- La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil afianza los vínculos políticos y económicos entre Brasilia y Pekín, una asociación que se habría visto afectada si Flávio Bolsonaro hubiera ganado los comicios. Este resultado se produce en medio de la pugna entre Estados Unidos y China por ampliar su influencia en América Latina.

Lula obtuvo su cuarto mandato al imponerse el domingo en la segunda vuelta con el 51,76 % de los votos, frente al 48,24 % de Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, según los datos oficiales con el 99,81 % de las urnas escrutadas.

China, que no suele felicitar a un presidente electo antes de que transcurran 24 horas desde los comicios, lo hizo este lunes con Lula. Este gesto revela la importancia que el país asiático concede a su socio suramericano, con el que desea "seguir avanzando en la construcción de una comunidad de futuro compartida".

La posibilidad de una alternancia política había despertado interés entre los especialistas chinos, quienes señalaron las diferencias entre la apuesta de Lula por una política exterior diversificada y el acercamiento a Estados Unidos que defendía su adversario.

Una eventual llegada al poder de Bolsonaro hijo se habría sumado a la cadena de triunfos de líderes conservadores en Latinoamérica, como en Chile y Colombia, y antes en Argentina. Estos mandatarios son más afines a Washington, aunque con escaso margen para renunciar por completo al comercio con China.

El país asiático es el mayor socio comercial de Brasil desde 2009. El intercambio bilateral alcanzó en 2025 un récord de 171.000 millones de dólares, un 8,2 % más, mientras que Brasil fue el principal destino mundial de las inversiones chinas ese año, con 6.100 millones de dólares, lo que supuso un aumento del 45 %.

Antes de las elecciones, la analista Zhang Jieyu, del Instituto de Estudios Internacionales de China, había advertido a la prensa local que si la derecha brasileña llegaba al poder, "el panorama geopolítico de América Latina podría transformarse por completo".

No obstante, Zhang matizó que no se produciría "una ruptura drástica" en los lazos entre China y Brasil, que mantendrían "cierta solidez" en caso de una victoria de Bolsonaro.

Otros especialistas habían introducido matices. Xu Tianqi, de la Universidad Renmin, declaró al medio local Guancha que el peso del comercio y las inversiones dificultaba que un eventual Gobierno de Bolsonaro abandonara los BRICS, bloque inicialmente formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y cuya expansión ha impulsado Pekín, pese a los planteamientos de parte de su entorno político.

La dirigencia china, sin embargo, ha evitado vincular expresamente sus relaciones con América Latina al signo político de sus gobiernos. El representante especial chino para la región, Qiu Xiaoqi, aseguró en octubre que Pekín "no establece divisiones ideológicas" y respeta las decisiones electorales de cada país.

Xi Jinping y Lula conversaron por teléfono en julio, cuando el presidente chino expresó su apoyo a la soberanía brasileña y rechazó las "interferencias externas", en medio de las tensiones comerciales entre Brasilia y la Administración estadounidense de Donald Trump.

Washington había anunciado ese mes nuevos aranceles del 25 % a determinados productos brasileños, a los que el Gobierno de Lula respondió con el inicio de los trámites para aplicar su ley de reciprocidad.

Pese al acercamiento, persisten diferencias comerciales: China comenzó en octubre a aplicar un arancel adicional del 55 % a la carne bovina brasileña que exceda la cuota anual fijada por Pekín, después de que los envíos de Brasil agotaran el volumen asignado.