APUNTE.COM.DO.- El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, consiguió un cuarto mandato al revertir la ventaja que Flávio Bolsonaro había obtenido en la primera vuelta y vencer en el balotaje con 64.256.232 votos, equivalentes al 51,79% de los sufragios válidos, frente a los 59.826.041 de su contrincante, que llegó al 48,21%. La campaña del líder del Partido de los Trabajadores (PT) combinó conquistas territoriales con un aumento de la participación electoral y una movilización en las calles y en las redes sociales.
A sus 80 años, Lula se convirtió en el mandatario brasileño con más periodos democráticos completos. Además, desde el retorno de la democracia al país en 1985, ningún gobernante había logrado dar la vuelta en la segunda vuelta a una derrota sufrida en la primera. El resultado también amplió la diferencia que alcanzó en 2022 ante Jair Bolsonaro, padre de su rival y entonces presidente, cuando se impuso por 2,1 millones de votos y 1,8 puntos porcentuales.
En el balotaje, Lula superó a Flávio Bolsonaro por 4,4 millones de votos, una diferencia de 3,58 puntos porcentuales. En la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, el senador había logrado el 47,03% de los sufragios, frente al 45,16% del presidente. No obstante, en las tres semanas previas al balotaje, el presidente sumó 10,4 millones de votos más que en la primera ronda, mientras que el senador incorporó alrededor de 3,7 millones. Ambos candidatos procuraron captar parte de los 9,3 millones de votos obtenidos por los postulantes eliminados y movilizar a los electores que no habían acudido a la primera votación.
La distribución geográfica del voto explica en parte el cambio electoral. Lula pasó de imponerse en 2.663 municipios en la primera vuelta a ganar en 2.870 en el balotaje, mientras que Flávio Bolsonaro retrocedió de 2.906 a 2.695 localidades, según los datos difundidos por el Tribunal Superior Electoral (TSE) con el 99% del escrutinio.
El presidente logró imponerse en 213 municipios donde su rival había ganado en la primera vuelta, con cambios en 18 estados. Entre ellos figuran las capitales de Río de Janeiro y Macapá. Minas Gerais fue el estado con más municipios que cambiaron de candidato, con 76, seguido de São Paulo, con 33; Paraná, con 20; Río Grande del Sur, con 19; Goiás, con 14; y Tocantins, con 12.
En Minas Gerais, el segundo estado con mayor electorado del país, Lula pasó de perder por casi 590.000 votos a ganar por unos 99.000. El cambio representó una variación de cerca de 690.000 votos en la diferencia entre los candidatos. El estado, que respaldó al vencedor de todas las elecciones presidenciales directas desde 1989, volvió a coincidir con el resultado nacional.
Flávio Bolsonaro conservó la ventaja en los estados de São Paulo y Río de Janeiro, pero Lula se impuso en las capitales de ambos distritos, las dos ciudades más grandes de Brasil. En la ciudad de Río de Janeiro, el senador había obtenido el 47,88% en la primera vuelta, frente al 43,91% del presidente. En el balotaje, Lula revirtió el resultado con el 51,54% de los votos, contra el 48,46% de su rival.
Otro factor fue el respaldo del presidente en los nueve estados del nordeste, una región clave para el PT. La combinación de esos resultados con los avances en otros territorios permitió compensar la ventaja de Bolsonaro en parte del electorado del sur y el sudeste.
La reducción de la abstención fue otro elemento central de la remontada. El porcentaje de electores que no acudieron a votar pasó del 21,08% en la primera vuelta a aproximadamente el 19,2% en la segunda. En términos absolutos, la cantidad de personas que no votaron cayó de unos 33 millones a 30 millones, lo que sumó cerca de tres millones de electores a la participación.
La movilización adicional no se tradujo íntegramente en votos para Lula, pero resultó relevante en una elección cuya primera vuelta había terminado con una diferencia de poco más de 2,2 millones de sufragios. También disminuyeron los votos nulos y en blanco, que alcanzaron su nivel más bajo, según los datos difundidos sobre la elección.
La campaña del PT reforzó su estrategia digital después de quedar en segundo lugar en la primera ronda. El objetivo no consistía únicamente en convencer a los indecisos, sino también en conseguir que los ciudadanos que ya respaldaban al presidente acudieran a votar.
Una de las iniciativas fue el canal de WhatsApp "Ejército de Lula", impulsado por el diputado André Janones, del partido Rede Sustentabilidade por Minas Gerais. El grupo reunió a más de 10 millones de personas y difundió audios, videos e instrucciones para compartir contenidos de la campaña en las redes sociales.
La estrategia electoral también incluyó medidas e iniciativas dirigidas a preocupaciones concretas de los votantes. Lula promulgó una ley para ampliar el límite de facturación del régimen de microemprendedores individuales, planteó nuevas propuestas para renegociar las deudas de los consumidores y defendió terminar con las apuestas en línea, cuya expansión contribuyó al endeudamiento de los hogares.
La economía fue uno de los principales factores de desgaste para el presidente durante la campaña. Aunque la inflación disminuyó y el empleo registró mejoras, esos indicadores no eliminaron el malestar por el costo de vida, las deudas y los gastos familiares.
En seguridad, Lula también se acercó a una de las principales banderas de la derecha al expresar su disposición a reducir a