APUNTE.COM.DO.- La consulta ginecológica va más allá de atender la menstruación, el embarazo o la menopausia: también es un espacio para conversar sobre la salud de las mamas, aclarar dudas y reconocer situaciones que necesitan atención. En ese encuentro, el ginecólogo puede convertirse en un aliado frente al cáncer de mama, gracias a la relación de confianza que se construye con los años y que facilita expresar inquietudes difíciles de compartir y comunicar cambios.
El temor a un diagnóstico, la vergüenza o la idea de que una molestia desaparecerá por sí sola pueden retrasar la consulta. Escuchar sin juzgar y explicar con claridad forman parte del cuidado.
Miguel A. Montalvo Batista, gineco-obstetra en los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias médicas y Telemédicas (Cedimat), señala que una de las contribuciones del ginecólogo es valorar el riesgo individual. Para ello necesita conocer los antecedentes personales y familiares, por lo que conviene informar si hay casos de cáncer de mama u ovario en la familia, tanto materna como paterna, y la edad aproximada en que fueron diagnosticados.
Con esos datos, el especialista puede determinar si la paciente necesita una evaluación especializada, asesoramiento genético o un seguimiento distinto al habitual.
El maestro de la medicina dominicana aclara que tener antecedentes familiares no significa que la enfermedad vaya a desarrollarse, y que no tenerlos no elimina la posibilidad de padecerla. Por eso, el cuidado de las mamas debe formar parte de la atención de la salud, aunque la persona se sienta bien.
La conversación con el médico permite comprender la situación particular de cada paciente y establecer un plan que evite tanto la falsa tranquilidad como la preocupación innecesaria. La detección temprana ocupa un lugar fundamental.
La mamografía permite buscar alteraciones antes de que produzcan síntomas y es una herramienta central de los programas de detección. A partir de los 40 años, se recomienda conversar con el ginecólogo sobre su realización. La frecuencia debe acordarse según el riesgo, las recomendaciones aplicables y las preferencias de la paciente, después de conocer los beneficios y las limitaciones del estudio.
“La sonomamografía puede complementar la evaluación cuando está indicada, pero no sustituye automáticamente a la mamografía. Cada estudio aporta información distinta y su selección responde a una necesidad clínica. Tampoco todos los hallazgos requieren los mismos pasos: en ocasiones basta con vigilancia; en otras se necesitan imágenes adicionales o una biopsia. Pedir una evaluación complementaria no equivale, por sí mismo, a un diagnóstico de cáncer”, añade el galeno.
Conoce tu cuerpo
El especialista manifiesta que también es importante conocer el aspecto y la sensación habituales de las mamas. Una masa nueva en la mama o la axila, cambios en la forma, hundimientos de la piel, retracción reciente del pezón o secreción anormal merecen valoración. Aunque muchas alteraciones tienen causas benignas, corresponde estudiarlas.
La ausencia de dolor no debe ser motivo para posponer la consulta, ni se necesita esperar al próximo control si se nota un cambio.
Refiere que conviene distinguir dos situaciones: realizar estudios de detección cuando no hay síntomas y evaluar una alteración ya observada. Cada una requiere un abordaje diferente. Si aparece un cambio, hay que consultar aunque se tenga una mamografía reciente informada como normal. Conocer las mamas ayuda a comunicar lo que se nota, pero no reemplaza los estudios indicados ni la valoración profesional.
Cuando existe una sospecha, el ginecólogo puede orientar, facilitar los estudios necesarios y coordinar la derivación oportuna. El diagnóstico y el tratamiento requieren la participación de profesionales de distintas disciplinas, entre ellos especialistas en imágenes, patología, cirugía mamaria y oncología. Reconocer cuándo corresponde referir a la paciente es parte de una atención responsable. La comunicación entre quienes atienden ayuda a evitar confusiones y favorece la continuidad del cuidado.
Manejo integral
Montalvo Batista dijo que su acompañamiento puede mantenerse durante y después del tratamiento. La fertilidad, la anticoncepción, la sexualidad, la sequedad vaginal y los síntomas de la menopausia pueden generar preguntas que merecen atención. No se debe guardar silencio sobre asuntos que afectan el bienestar. El manejo debe individualizarse y coordinarse con el equipo oncológico, considerando las características de la enfermedad y los tratamientos recibidos.
Agrega: “Hay además una dimensión emocional que necesita espacio. Una indicación de biopsia o un diagnóstico pueden despertar miedo, incertidumbre y preocupación por la familia”.
Aclara que la paciente merece recibir información comprensible, preguntar cuantas veces sea necesario y conocer los pasos que siguen. Si lo desea, acudir acompañada por alguien de confianza puede ayudarle a recordar las explicaciones y organizar sus preguntas. Solicitar apoyo psicológico también puede formar parte del cuidado.
Comenta que la falta de tiempo, las responsabilidades familiares o las dificultades económicas pueden complicar el seguimiento. Hablar de esas barreras permite buscar alternativas y organizar mejor la atención. “Lleva a la consulta tus estudios anteriores y asegúrate de conocer los resultados y la conducta indicada”, apuntó.
El valor de comunicar
El doctor expresó que la consulta es también una oportunidad para decidir con información y expresar qué se necesita para sentirse escuchada, acompañada y segura durante cada etapa del proceso.
El valor de un aliado en salud
Ser un aliado significa escuchar, orientar, reconocer los límites de la propia especialidad y actuar a tiempo.