APUNTE.COM.DO.- Un emprendedor identificado como Martínez tiene su negocio en la provincia de Matanzas, a unos 100 kilómetros al este de La Habana, una de las zonas más afectadas por la escasez de agua en Cuba. De acuerdo con datos oficiales, el problema alcanza a cerca del 29% de los 9,4 millones de habitantes de la isla, y se suma a los efectos de la grave crisis económica que atraviesa el país, agravada desde enero por el bloqueo petrolero y otras sanciones de Washington.
Los extensos apagones que padece la isla reducen el suministro de agua, porque el bombeo depende en lo fundamental de turbinas eléctricas. Cuando falta electricidad por la merma de combustible, el abastecimiento se resiente.
"En varias ocasiones tuvimos que cerrar el local porque carecíamos de agua (...) y esto fue lo que nos llevó al punto de tener que hacer el pozo", relató Martínez a la AFP en su restaurante.
El joven emprendedor se queja de que no imaginaba que tendría que perforar un pozo para conseguir agua, ni cocinar con carbón o instalar paneles solares para hacer frente a la crisis energética. Aunque la excavación le resulta "un poco costosa", le permitirá ahorrarse el pago del servicio de tres camiones cisterna cada semana.
En la isla, 2,7 millones de personas no reciben agua en sus hogares, explicó a la AFP Yunior González, alto funcionario de la empresa nacional de Agua y Saneamiento, en el Acueducto de Albear, una de las principales fuentes de abasto de La Habana.
González señala que entre el 80 y el 85% del agua del país debe ser bombeada para llegar a las viviendas. Según el funcionario, en la crisis también influyen las roturas de equipos de bombeo, las fugas y la sequía.
La falta de agua obliga a muchos cubanos a cargarla y transportarla, en ocasiones desde lugares lejanos, en carretillas, bicitaxis, cajuelas de autos, triciclos eléctricos e incluso carretas tiradas por caballos.
Maykel Aguilar, de 30 años, llena con paciencia un depósito de 200 litros y varios cubos en una tubería conectada a un manantial en una calle del barrio de La Habana Vieja. Lo más complicado llega después: trasladar la carga en una carretilla hasta su vivienda y subirla a pulso hasta un segundo piso.
Según este cocinero, un viaje de ese tipo alcanza para "una lavada" de ropa, limpiar la casa y la comida, y luego se queda sin agua. En el lugar, los vecinos forman una fila con tanques, cubetas y bidones para marcar su turno.
"Los apagones aquí son todos los días y tenemos que estar cargando agua", dice Yusimy Guerra, de 40 años y madre de dos niños. "Es la lucha cotidiana", apunta, visiblemente agotada.
La escasez de agua se suma a la inflación galopante que registra el país, así como a la falta de alimentos y medicinas, en un contexto de creciente malestar social. En los últimos meses se han producido varias protestas por la falta de agua en municipios de La Habana, lideradas por mujeres.
Cada vez más cubanos perforan pozos en sus hogares, construyen cisternas en los jardines, instalan tanques e incluso recurren a los llamados "ladrones de agua", una bomba que succiona el hilo de agua desde la red y lo impulsa hacia las viviendas. La instalación de varias de estas turbinas en un mismo vecindario puede reducir la presión de la red y dificultar aún más el acceso al agua para otros hogares.
El pocero Elizardo Cardoso, que encontró agua a 10 metros de profundidad en el restaurante de Martínez, asegura que muchas personas quieren contratar sus servicios para perforar pozos en sus casas, "al ver que da resultado".
Paralelamente, el funcionario de la empresa de Agua y Saneamiento destaca que, frente a la crisis, el gobierno avanza en su estrategia de transformar la matriz energética del sector para reducir su dependencia de la red eléctrica nacional, afectada por colapsos masivos recurrentes. Según él, como parte de esa estrategia ya se han instalado más de 870 bombas de agua alimentadas por energía solar, de las 1.300 previstas, lo que ha beneficiado a medio millón de cubanos en todo el país.
De hecho, el Acueducto de Albear, que sirve a cinco municipios del centro de la capital, exhibe desde hace unos días dos grandes y nuevos generadores de respaldo que funcionan con diésel. Sin embargo, "son programas muy caros", advierte.