APUNTE.COM.DO.- Cuatro militares salvadoreños que forman parte de la misión internacional en Haití continúan retenidos por grupos armados, en un contexto de escalada de violencia que coincide con las dificultades de la comunidad internacional para completar el despliegue de la fuerza antipandillas.
El caso ha incrementado la preocupación por la seguridad de los integrantes de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés), una misión que sigue muy por debajo de la cantidad de efectivos prevista para octubre, a pesar de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas extendió su mandato hasta el 31 de marzo de 2027.
De acuerdo con el reporte oficial presentado ante el Consejo de Seguridad con fecha del 12 de octubre de 2026, la fuerza disponía de apenas 1,563 uniformados sobre el terreno, frente a los 5,500 que debía desplegar para alcanzar su capacidad operativa durante ese mes.
Esa cifra equivale a un cumplimiento de solo el 28.4 % de la meta, con un déficit de 3,937 efectivos. El plan contempla además 50 asesores y empleados civiles, para un total de 5,550 integrantes.
Aunque el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, señaló después que la fuerza se situaba cerca de los 2,000 efectivos gracias a la llegada de nuevos contingentes, esa cantidad sigue muy por debajo del objetivo fijado.
Los cuatro militares salvadoreños fueron secuestrados el domingo 18 de octubre tras una emboscada en el sector de Santo, en Croix-des-Bouquets, en las afueras de Puerto Príncipe.
El Gobierno haitiano declaró prioritaria su liberación y anunció el refuerzo de las operaciones de seguridad. La medida se adoptó tras una reunión de alto nivel en la oficina del primer ministro, en la que las autoridades evaluaron las acciones en marcha y acordaron intensificar la búsqueda en coordinación con la GSF.
El Ejecutivo haitiano aseguró que ha movilizado recursos para localizar a los militares y lograr su liberación, mientras los enfrentamientos con grupos armados han dejado varios presuntos pandilleros muertos y cuatro integrantes de la fuerza internacional heridos.
La situación evidencia los riesgos que asumen los contingentes internacionales desplegados en Haití, donde las bandas armadas mantienen capacidad para organizar emboscadas, secuestros y ataques contra las fuerzas de seguridad.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, exigió la liberación con vida y sin daños de sus cuatro compatriotas y anunció el inicio de una operación militar para rescatarlos.
“Hoy hemos lanzado una operación militar para rescatarlos. Tenemos un solo objetivo: hacer que nuestros cuatro compatriotas regresen a casa vivos, sin ningún daño”, publicó el mandatario en sus redes sociales.
Bukele también advirtió a los jefes de las pandillas que mantienen retenidos a los militares: “entiendan algo muy claramente: el ataque de hoy no es nada comparado con lo que está por venir si no liberan a los cuatro rehenes vivos”.
El gobernante salvadoreño subrayó que sus declaraciones no debían interpretarse como amenazas vacías, en un mensaje que aumenta la presión sobre los responsables del secuestro y anticipa una respuesta más contundente si los militares no son liberados.
Bukele ha logrado un amplio respaldo interno con su política de seguridad, aunque su estrategia también ha recibido críticas de organizaciones internacionales de derechos humanos por denuncias de detenciones arbitrarias y otras presuntas violaciones.
El secuestro se produce en medio de las dificultades de la comunidad internacional para reunir los efectivos necesarios para enfrentar a las pandillas haitianas.
La GSF fue creada para sustituir a la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), dirigida anteriormente por Kenia, que tampoco logró completar el despliegue previsto ni detener la expansión de los grupos armados.
El Consejo de Seguridad prorrogó el mandato de la nueva fuerza hasta marzo de 2027, mientras Estados Unidos y otros países impulsan la llegada de más contingentes para ampliar las operaciones.
Sin embargo, el retraso en el despliegue y el secuestro de los cuatro militares salvadoreños generan dudas sobre la capacidad de la misión para proteger a sus propios integrantes y cumplir los objetivos de seguridad planteados.
A más de un año de los esfuerzos internacionales por reforzar la seguridad haitiana, la fuerza antipandillas aún no alcanza la cantidad de efectivos prevista y sus integrantes siguen expuestos a ataques de las organizaciones criminales. La liberación de los cuatro militares y el cumplimiento de las metas de despliegue son ahora dos pruebas inmediatas para la respuesta internacional ante la crisis de Haití.
Mientras se aguarda el refuerzo de la misión, la población civil padece la violencia de las pandillas. Según la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, más de 5,700 personas han muerto en Haití en lo que va de año debido a la violencia armada. Muchas de las víctimas civiles fallecen por balas perdidas o por el uso de drones por parte de las mafias.