APUNTE.COM.DO.- El sonido de un cohete, el silbido de misiles, las sirenas de alarma y las balas pasando por encima de sus cabezas marcaron el inicio del secuestro del argentino-israelí Luis Har, quien permaneció 129 días en poder del grupo terrorista Hamás.
El ataque ocurrió el 7 de octubre de 2023 en Nir Itzhak, una localidad situada a pocos kilómetros de la Franja de Gaza. En paralelo, varias zonas quedaron destruidas y numerosas personas fueron asesinadas por los terroristas.
Se trata de uno de los episodios más sangrientos en la memoria de Israel: cerca de 1,200 israelíes murieron, más de 3,000 resultaron heridos y 255 fueron secuestrados.
Entre los rehenes estaba Luis Har junto a cinco integrantes de su familia: su pareja, Clara Marman; los hermanos de ella, Fernando y Gabriela, quien se encontraba de visita desde Jerusalén con su hija Mía y su perrita Bella.
"Estábamos abrazados en un rincón. Las balas nos pasaron por encima de la cabeza y no nos tocaron; después empezamos a gritar: ¡No tiren, no tiren! Y dejaron de tirar, pero empezaron a sacarnos de forma muy brusca hacia fuera del cuarto, empujándonos y arrastrándonos. Todo era gritos y caos", rememoró Har sobre los minutos previos al rapto, cuando los terroristas irrumpieron en su vivienda.
Apenas un día antes del ataque, la vida seguía su curso habitual para esta familia argentina radicada en Israel. Incluso habían celebrado el cumpleaños de la nieta de Clara en Nir Yitzhak.
La rutina cambió de manera abrupta a la mañana siguiente. Cuando el reloj marcó las 6:29 a. m., sonaron las primeras sirenas. "Eso significa que hay que ir al cuarto de refugio del kibutz, se espera unos 10 minutos y se vuelve a salir. El 7 de octubre no fue así", recordó Har durante una conversación con Listín Diario, en un encuentro en el que estuvo acompañado por Ianir Drori, vicepresidente del Centro Israelita de la República Dominicana.
Har explicó que se trataba de una rutina de resguardo que practicaban cada semana desde hacía más de 20 años en Israel para protegerse de los cohetes lanzados desde Gaza. Sin embargo, aquel día las sirenas no dejaron de sonar y, al encender el televisor, vieron las imágenes impactantes de lo que parecía ser una masacre en Israel.
En medio del caos y los gritos de desesperación, la familia argentina fue sacada de su casa, descalza y en ropa de dormir, y se convirtió en rehén de Hamás.
Tras el secuestro, los subieron a una camioneta. Durante el trayecto hacia la frontera, cerca de Jan Yunis, un grupo de jóvenes armados con tijeras de podar interceptó a los secuestrados e intentó lincharlos, aunque finalmente los dejaron con vida.
Aun sin dimensionar la magnitud de lo que ocurría, la única prioridad de la familia era mantenerse unida. Por ello acataron cada orden de los captores, quienes empleaban sus armas para infundir terror, con la esperanza de evitar que exterminaran a todo el grupo.
En un momento, los bajaron de la camioneta y los obligaron a entrar por un portón que conducía a un túnel de unos 40 metros bajo tierra. Allí permanecieron por más de cuatro horas corriendo hasta salir por una trampilla camuflada como un gallinero de pavos, con una alfombra hecha de tierra y pasto que tapaba la salida del túnel para que nadie la advirtiera.
"Este era un túnel de paso. Porque hay túneles que están hechos como casas, hay piezas, hay cocinas; también hay otros como cárceles con rejas, como jaulas, donde muchos de los secuestrados quedaron adentro. Nosotros tuvimos la suerte de que solamente fue un túnel de paso", explicó.
Al salir del túnel, la familia fue trasladada de nuevo en auto a la ciudad de Rafah, en el sur de Israel.
A pesar de afirmar que durante los días de cautiverio no sufrió violencia física, el terror psicológico ejercido por sus captores fue mucho más agresivo, debido a que toda la información que recibían provenía únicamente de los terroristas, quienes les aseguraban que a Israel no le importaba su situación.
"Sabemos que hubo gente en cautiverio que estaba no solamente también en túneles que los tenían también en cadenas, también con capucha; no fue el caso nuestro. Nosotros estuvimos en un departamento en un segundo piso. ¡Ojalá hubiera sido para todos el mismo!", expresó con nostalgia Har.
Para sobrellevar el encierro y la incertidumbre, Luis Har asumió la tarea de cocinar con los pocos tomates, berenjenas y arroz que les proveían los terroristas. Pero había días de calamidad en los que no recibieron nada para comer.
"Hubo muchos días que no tuvimos nada de comida o que nos traían una pita de pan y lo repartíamos a la mitad y comíamos de pedacitos para tener algo durante todo el día y no comer media pita y no tener nada después. Pero hubo días que no recibimos nada. El agua la recibíamos casi todos los días, pero también hubo días que ni eso nos trajeron", narró.
Como consecuencia de la falta de alimentos, Luis perdió 16 kilos durante su cautiverio, según comentó Har.
Paralelamente, las condiciones higiénicas también eran escasas: se bañaban cada varios días, a veces semanas, y la hora del baño resultaba incómoda, ya que les daban un balde de agua para compartir entre todos.
"Tuvimos suerte y fue un milagro, porque sabemos de otros secuestrados que pasaron hambre. Los tenían encadenados, los tenían todo el tiempo la cara tapada con sacos y son cosas terribles que no nosotros no las vivimos", expresó.
A finales de noviembre de 2023, el Movimiento de Resistencia Islámica acordó un cese al fuego para liberar a las mujeres y niños. Fue así como, tras 53 días de cautiverio, Clara, la esposa de Luis Har, Gabriela, Mía, su perrita y otras mujeres fueron liberadas.
Después de la liberación de las mujeres, el encarcelamiento continuó, el cese al fuego fue temporal y la incertidumbre volvió a instalarse en su rutina diaria. No sabían si serían los siguientes en ser liberados ni cuánto tiempo permanecerían retenidos.
Tras 129 días de espera, Luis Har y su cuñado Fernando fueron rescatados por el ejército de Israel.