APUNTE.COM.DO.- Un país puede ocupar una extensión menor que una gran ciudad y, aun así, ejercer soberanía, sostener relaciones diplomáticas y tener presencia en organismos internacionales. Esa es la condición que define a los microestados, una categoría que carece de una definición única en el derecho internacional y que suele vincularse a territorios, poblaciones o ambos factores de escala muy reducida.
La discusión sobre qué países forman parte de ese grupo no se agota con una tabla de superficies. En su acepción más difundida en la bibliografía académica y en documentos europeos, el término alude a cinco Estados soberanos que conservaron su independencia mediante lazos estrechos con vecinos de mayor tamaño: Andorra, Liechtenstein, Mónaco, San Marino y la Ciudad del Vaticano.
Los cinco disponen de gobiernos, ordenamientos jurídicos, fronteras y capacidad de acción exterior. Sin embargo, su escala territorial condiciona varios aspectos de su funcionamiento diario. La defensa, las aduanas, la circulación monetaria o determinados servicios públicos se coordinan, en distintos grados, con España, Francia, Italia, Suiza o Austria.
Existe además una acepción más amplia, habitual en clasificaciones geográficas, que suma a Malta por sus 316 kilómetros cuadrados. Otras listas se guían únicamente por el criterio territorial e incluyen a Nauru, Tuvalu, las Islas Marshall, San Cristóbal y Nieves, las Maldivas, Granada, Barbados o Palaos.
Esos Estados figuran entre los más pequeños del planeta, pero no entran en la nómina estricta de microestados, una definición que pone el acento en los vínculos institucionales con un Estado vecino de mayor tamaño.
La Ciudad del Vaticano representa el caso más singular. Es el Estado soberano más pequeño del mundo y está completamente rodeado por Roma. Su creación moderna quedó formalizada en 1929 con los Pactos de Letrán. La Santa Sede, entidad distinta del territorio vaticano, conduce las relaciones diplomáticas y actúa como sujeto de derecho internacional en nombre de la Iglesia católica.
Muy cerca en la clasificación por superficie aparece Mónaco, un principado mediterráneo casi enteramente rodeado por Francia. El país mantiene una monarquía constitucional, mientras que Francia asume responsabilidades en materia de defensa y participa en funciones aduaneras.
San Marino se encuentra enclavado en Italia. Su sistema institucional se organiza como república parlamentaria y cuenta con dos capitanes regentes que ejercen de manera simultánea por períodos de seis meses. La unión aduanera y otros acuerdos reflejan su integración práctica con el país que lo circunda.
Más al norte, Liechtenstein se ubica entre Suiza y Austria. Es el único Estado del mundo que limita con dos países sin salida al mar. Emplea el franco suizo y mantiene acuerdos por los cuales Suiza brinda representación diplomática en determinados ámbitos, aunque el principado conserva sus propias instituciones y una monarquía constitucional.
El grupo lo completa Andorra, situada en los Pirineos entre España y Francia, y considerada la de mayor superficie entre los cinco microestados reconocidos en la definición estricta. Desde 1993 funciona como democracia parlamentaria; el presidente francés y el obispo de Urgel son sus copríncipes, con funciones principalmente ceremoniales.
Ordenados por superficie, la Ciudad del Vaticano encabeza la lista con 0,44 kilómetros cuadrados, seguida por Mónaco con 2,1; San Marino con 61; Liechtenstein con 160; y Andorra con 468. La diferencia entre el primero y el último explica por qué el concepto no responde a un límite numérico universal: combina tamaño, población y condiciones históricas de viabilidad estatal.
En los rankings de Estados soberanos por superficie, después de Mónaco aparecen Nauru, con 21 kilómetros cuadrados, y Tuvalu, con cerca de 25. Luego se sitúan San Marino y Liechtenstein. La presencia de los dos países de Oceanía en los primeros puestos permite distinguir entre un país pequeño y un microestado en sentido estricto.
Nauru es una república insular sin fronteras terrestres, mientras que Tuvalu está conformado por atolones e islas bajas del Pacífico. Ambos integran las Naciones Unidas y administran amplias zonas marítimas en relación con su territorio emergido. Sus desafíos, en particular los vinculados al cambio climático y a la conectividad, derivan de su condición insular antes que de una dependencia política respecto de otro Estado.
Malta ofrece otro caso fronterizo. El archipiélago mediterráneo aparece en varias clasificaciones de microestados europeos, aunque suele diferenciarse de los cinco casos históricos por tener una población superior al medio millón de habitantes y por ser miembro pleno de la Unión Europea.