APUNTE.COM.DO.- Las palabras que una persona escoge para relatar un sueño o describir un momento de distracción podrían revelar más de lo que aparentan. Un estudio que analizó más de 3.000 relatos detectó que la estructura del lenguaje empleado en sueños y divagaciones mentales guarda relación con síntomas de depresión y ansiedad.
En la investigación participaron especialistas de la Universidad de Cambridge, la Universidad de Stanford, la Universidad de Turku y otras instituciones. El trabajo, difundido en Communications Psychology, revisó textos escritos por 176 participantes de Reino Unido y Australia.
El equipo aplicó la teoría de grafos, un método matemático que representa conexiones entre elementos. Cada palabra funcionó como un punto de una red y los vínculos se trazaron entre términos que aparecían contiguos en cada texto.
Los resultados señalan que los sueños y las divagaciones mentales muestran patrones narrativos distintos. Además, una menor variedad de vocabulario se relacionó con síntomas autoinformados más intensos de depresión o ansiedad.
Los investigadores examinaron 3.053 informes de sueños y divagaciones mentales reunidos durante dos semanas en una plataforma en línea. Los participantes debían describir experiencias nocturnas y pensamientos espontáneos surgidos mientras estaban despiertos.
Los relatos de sueños presentaron una organización más cerrada y conectada. Los autores describieron ese patrón como una estructura de “mundo pequeño”, es decir, una red con grupos de palabras muy vinculadas y trayectos breves entre distintos términos.
“Los relatos de sueños tendían a tener una estructura más compleja con características de mundo pequeño, con alta agrupación y trayectorias cortas”, indicaron Peter Coppola, Pilleriin Sikka y sus colegas.
Las personas parecían volver con mayor frecuencia a conceptos cercanos al describir lo que habían soñado. Esa forma de narrar puede estar vinculada a que el sueño se recupera después de un intervalo y suele recordarse como una experiencia fragmentada.
El análisis no se centró en los temas de los sueños, como caídas o persecuciones. En cambio, estudió cómo se organizaban y repetían las palabras dentro de cada relato.
Los textos sobre divagación mental tuvieron otra estructura. Solían ser más extensos, con menos repeticiones y una mayor diversidad léxica. Los participantes usaron un vocabulario más variado para describir pensamientos que aparecían durante la vigilia.
Los investigadores escribieron que esos informes eran “menos densos, con mayor diversidad léxica, y presentaban trayectorias o estructuras más largas”. También detectaron palabras que funcionaban como puentes entre partes diferentes de un mismo texto.
Esa medida se conoce como centralidad de intermediación. Permite identificar los términos que conectan ideas separadas dentro de un relato. Para los autores, los informes de divagación mental eran más verbosos y contenían “puntos de transición esenciales” en su estructura.
Estas diferencias permitieron distinguir de manera cuantitativa los textos surgidos de dos estados de conciencia: el recuerdo de un sueño y la aparición espontánea de pensamientos mientras la persona está despierta.
La investigación halló que la estructura de los relatos no cambiaba por completo entre un texto y otro. Cuando una misma persona enviaba varios informes, mantenía rasgos reconocibles en el uso y la conexión de las palabras.
“Descubrimos que la estructura de los relatos de sueños y de divagación mental contenía información específica de cada individuo”, indicaron los autores.
Los participantes aportaron informes durante 14 días. Eso permitió comparar textos de una misma persona y buscar regularidades más allá del contenido puntual de cada sueño o pensamiento.
La teoría de grafos facilitó el análisis de esas diferencias sin clasificar previamente los textos por temas. El método midió la densidad de las conexiones, la distancia entre palabras y el peso de los términos que articulaban las narraciones.
El resultado de mayor interés estuvo relacionado con los cuestionarios de salud mental que respondieron los participantes. En los relatos de sueños, una menor diversidad léxica y una mayor concentración de las conexiones entre palabras se asociaron con puntuaciones más altas en el Cuestionario de Salud del Paciente-9 (PHQ-9), que evalúa síntomas depresivos.
“Una menor diversidad léxica se asoció con síntomas depresivos y de ansiedad más graves informados por el participante”, señalaron los investigadores.
La relación varió según el tipo de relato. En los sueños, la centralidad de las palabras se vinculó con los síntomas de depresión. En los informes de divagación mental, esa medida mostró una relación con la puntuación de ansiedad de la Evaluación del Trastorno de Ansiedad Generalizada-7 (GAD-7).
Los resultados no demuestran que la manera de describir un sueño permita detectar un trastorno. El estudio identificó asociaciones entre patrones del lenguaje y síntomas informados por las personas, pero no una relación de causa y efecto.
Los autores sostuvieron que el método podría servir para estudiar grandes conjuntos de lenguaje escrito.