APUNTE.COM.DO.- El presidente de Francia, Emmanuel Macron, admitió este lunes que hubo "fallas en la previsión y la inteligencia" después de las violentas protestas que sacudieron el país, aunque se negó a aceptar la renuncia del ministro del Interior, Laurent Nunez, según informó el Palacio del Elíseo.

Nunez había presentado su dimisión el domingo, luego de que las manifestaciones por el costo de vida derivaran en algunos de los episodios de violencia urbana más graves registrados en Francia en los últimos años. Sectores de la oposición habían exigido su destitución.

"El ministro del Interior presentó su renuncia al presidente el domingo", indicó el Elíseo en un comunicado. "Dada la necesidad de mantener el liderazgo de las fuerzas del orden en este momento, el presidente la rechazó", añadió.

De acuerdo con el Ministerio del Interior, cerca de 2.400 personas fueron detenidas el sábado y alrededor de 1.000 policías y gendarmes resultaron heridos. Los enfrentamientos entre agentes y manifestantes, los saqueos masivos y los incendios se extendieron por diversas zonas del país.

Macron solicitó a Nunez que "adopte todas las medidas necesarias para garantizar la transparencia sobre las fallas en la planificación y la inteligencia que condujeron a la violencia", según el comunicado oficial.

El mandatario también le ordenó "establecer nuevos métodos operativos para las fuerzas de seguridad" para enfrentar la crisis.

Durante un discurso a la nación el domingo por la noche, el presidente prometió que los responsables de los destrozos y de los ataques contra edificios públicos responderán ante la Justicia. "Quienes saquearon deberán pagar por los daños, y quienes buscaron derrocar la República deberán rendir cuentas", declaró.

El jefe de Estado atribuyó los episodios de violencia a la actuación de grupos radicales y a personas que aprovecharon las movilizaciones para cometer delitos. Según su descripción, en las protestas participaron "elementos insurreccionales de grupos radicales de extrema izquierda, acompañados por numerosos delincuentes".

Las manifestaciones fueron convocadas por un sindicato, organizaciones estudiantiles y activistas que buscaban reactivar el movimiento de los chalecos amarillos, surgido en 2018 contra la injusticia social. Las protestas derivaron en enfrentamientos con la policía, incendios y saqueos en ciudades como París, Marsella, Lyon y Burdeos.

"Saquearon tiendas y destruyeron edificios públicos. ¿Por qué incendiar el ayuntamiento de Limoges? (…) ¿Cómo pudieron llegar a esto? Nada lo explica, nada lo justifica. Todos sentimos rabia y vergüenza", expresó Macron durante su intervención.

El presidente también pidió distinguir entre quienes participaron en las marchas para expresar sus demandas y quienes cometieron actos de violencia. En ese sentido, reconoció la existencia de manifestantes con "reivindicaciones legítimas", pero los diferenció de "aquellos que han destruido, destrozado y saqueado".

Respecto al desempeño de las fuerzas de seguridad, Macron afirmó que los agentes fueron víctimas de una violencia excepcional. "Los agentes del orden, a pesar de su profesionalidad, fueron objeto de una violencia sin precedentes. He pedido al gobierno que extraiga todas las lecciones necesarias sobre la recopilación de inteligencia y que haya total transparencia. Las investigaciones se llevarán a cabo con la máxima firmeza", sostuvo.

El alcance de los daños quedó expuesto en distintos puntos del país. En Limoges, las llamas alcanzaron el ayuntamiento del siglo XIX, cuyo techo se derrumbó y dejó el edificio cerca de la destrucción. Un grupo irrumpió en las instalaciones cuando había funcionarios electos, empleados, personal de seguridad y ciudadanos en el interior.

En Marsella, algunos manifestantes ingresaron brevemente al vestíbulo del ayuntamiento, mientras que un grupo con capuchas y máscaras dañó una comisaría. En Lyon, las autoridades informaron de un incendio dentro de una oficina de turismo. Ante la magnitud de los daños, los alcaldes de París, Marsella y Lyon solicitaron una reunión con el primer ministro, Sébastien Lecornu.

Las autoridades calcularon que unas 550.000 personas participaron en las manifestaciones en todo el país, mientras que los organizadores elevaron la cifra a cerca de 800.000. En la región de París, la fiscalía informó de 855 detenidos, de los cuales 557 permanecían bajo custodia policial.

El balance de los disturbios también incluyó investigaciones por lesiones graves sufridas durante las movilizaciones. La fiscalía de Mulhouse abrió una causa después de que una adolescente de 17 años perdiera un ojo. Otra pesquisa comenzó el sábado tras la pérdida de una mano de un joven manifestante en Saint-Étienne.

La crisis también abrió un nuevo frente de disputa política de cara a las elecciones presidenciales previstas para la próxima primavera. La líder de extrema derecha Marine Le Pen cuestionó al gobierno centrista de Macron, al que calificó de "agotado, desorientado y aparentemente incapaz de hacer otra cosa que comentar su propia impotencia".

Por su parte, el dirigente de izquierda Jean-Luc Mélenchon acusó a Lecornu de "jugar con fuego" y sostuvo que la estrategia del primer ministro había unido a jóvenes y sindicatos.