APUNTE.COM.DO.- Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán tomó el gobierno de la Arquidiócesis de Santo Domingo después de que el papa León XIV aceptara la renuncia de monseñor Francisco Ozoria Acosta, con lo que se abre una nueva etapa en la conducción de la Iglesia católica en la capital dominicana.

El nuevo arzobispo puede ejercer plenamente sus funciones sin necesidad de una nueva ceremonia de toma de posesión, ya que había sido designado arzobispo coadjutor con derecho a sucesión y ya había cumplido con la correspondiente toma de posesión canónica al asumir esa responsabilidad.

Por esa razón, Morel Diplán pasó a ser arzobispo metropolitano de Santo Domingo de forma automática en el momento en que se hizo efectiva la renuncia de Ozoria Acosta.“Eliminar personas no soluciona el problema”: arzobispo Morel Diplán cuestiona

Un panorama diferente se presenta en el Ordinariato Castrense de la República Dominicana, cuya conducción también recae en el arzobispo de Santo Domingo, de acuerdo con el acuerdo firmado en 1958 entre la Santa Sede y el Estado dominicano.

Aunque ambas responsabilidades corresponden a la misma persona, se trata de dos jurisdicciones eclesiásticas distintas, por lo que exigen procedimientos jurídicos y canónicos por separado.

El mismo día en que el papa León XIV aceptó la renuncia de monseñor Francisco Ozoria Acosta como arzobispo de Santo Domingo, también aceptó su dimisión como ordinario militar y designó a Morel Diplán para reemplazarlo en ese cargo.

Se prevé que en los próximos días se den a conocer la fecha y el lugar de la ceremonia que marcará el inicio formal de su ministerio al frente del Ordinariato Castrense.

Esa jurisdicción tiene como misión brindar asistencia espiritual y acompañamiento pastoral a los miembros de las Fuerzas Armadas y a las demás personas que quedan comprendidas en su ámbito de competencia, a través del trabajo de los capellanes militares.

Los desafíos del nuevo arzobispo

Morel Diplán asume la conducción de una Iglesia que afronta profundas transformaciones sociales, culturales y tecnológicas, las cuales representan nuevos retos para su misión evangelizadora.

La Arquidiócesis de Santo Domingo, erigida en 1511 y luego elevada a sede metropolitana, ha acompañado durante más de cinco siglos los principales cambios de la sociedad dominicana.

El nuevo arzobispo recibe una amplia estructura pastoral formada por parroquias, comunidades religiosas, centros educativos, movimientos apostólicos y organizaciones de servicio, cuya coordinación es una herramienta clave para fortalecer y renovar la labor de la Iglesia.

De ese modo, Morel Diplán comienza una nueva etapa al frente de la Arquidiócesis de Santo Domingo y se prepara para asumir formalmente la conducción del Ordinariato Castrense, dos responsabilidades diferenciadas pero complementarias que amplían el alcance de su misión pastoral en la sociedad dominicana.