APUNTE.COM.DO.- El mercado inmobiliario dominicano ha experimentado importantes transformaciones durante los últimos cinco años. La recuperación económica después de la pandemia, los aumentos en los materiales de construcción, las variaciones de las tasas de interés y el encarecimiento de las propiedades han cambiado las condiciones para compradores, constructores e inversionistas. Analizar lo ocurrido nos permite comprender mejor la situación actual y las perspectivas para 2027.

En 2022, la economía dominicana registró un crecimiento de 4.9 %, favorecida por el turismo, las remesas y la inversión extranjera. Sin embargo, comenzaron a sentirse incrementos importantes en los costos de construcción. Durante 2023, el crecimiento económico descendió a 2.2 %, mientras las condiciones del financiamiento dificultaron la adquisición de viviendas, obligando a numerosas familias a modificar sus presupuestos o posponer sus decisiones de compra.

El año 2024 presentó una recuperación económica de aproximadamente 5.0 %, acompañada de medidas monetarias destinadas a estimular el crédito. No obstante, los precios de las viviendas no regresaron a sus niveles anteriores. Los aumentos acumulados en terrenos, materiales, salarios y transporte habían establecido nuevas referencias de costos, especialmente en las principales zonas urbanas y turísticas del país.

Durante 2025, la economía volvió a desacelerarse, registrando un crecimiento de solamente 2.1 %. Esta situación demostró que el desarrollo inmobiliario no puede evaluarse únicamente por la cantidad de proyectos anunciados o edificios en construcción. También debemos considerar las ventas efectivas, el poder adquisitivo de las familias, las condiciones hipotecarias y la capacidad del mercado para absorber las nuevas unidades disponibles.

En 2026 encontramos señales de recuperación. Según los datos del Banco Central, entre enero y agosto la actividad económica acumuló un crecimiento de 4.5 %. La construcción registró una expansión interanual de 7.9 % en agosto, mientras el crédito destinado a este sector aumentó 16.2 %. Estas cifras son alentadoras, aunque una mayor actividad constructora no significa necesariamente que todas las viviendas estén vendiéndose al mismo ritmo.

Las tasas de interés continúan siendo determinantes. En septiembre, la tasa de política monetaria se situó en 5.50 %, mientras la tasa activa promedio ponderada de la banca múltiple alcanzó 13.65 %. Aunque esta última no corresponde exclusivamente a préstamos hipotecarios, refleja las condiciones generales del crédito. Para muchas familias, las cuotas mensuales representan el principal obstáculo para adquirir una vivienda, incluso cuando cuentan con recursos para completar el inicial.

Otro factor importante es la inflación, cuya variación interanual alcanzó 5.12 % en septiembre de 2026. El encarecimiento de alimentos, transporte y otros gastos reduce la capacidad de ahorro de los hogares. Asimismo, las fluctuaciones internacionales de los combustibles y los materiales importados pueden incrementar los costos de construcción, aunque no siempre resulta posible trasladar esos aumentos completamente al precio de venta.

Debemos reconocer que el mercado inmobiliario dominicano presenta realidades diferentes. Santo Domingo, Santiago, Punta Cana, Bávaro y Cap Cana tienen características particulares de demanda, precios y oportunidades. Mientras algunas zonas responden principalmente a necesidades habitacionales, otras dependen considerablemente del turismo, los alquileres y las inversiones. Por eso, no sería correcto afirmar que todas las propiedades aumentan de valor en la misma proporción.

Los dominicanos residentes en el exterior constituyen un segmento importante del mercado. Muchos adquieren viviendas pensando en regresar algún día al país, mientras otros compran para alquilar, invertir o beneficiar a sus familiares. Sus decisiones requieren especial atención a la ubicación, los precios, la seguridad jurídica, los gastos de mantenimiento y las posibilidades reales de obtener ingresos o vender posteriormente la propiedad.

También merecen atención las viviendas de bajo costo y los programas habitacionales del Gobierno. Los bonos y facilidades disponibles para compradores que cumplen determinados requisitos representan oportunidades para numerosas familias. Sin embargo, persiste el desafío de construir viviendas cuyos precios y condiciones de financiamiento correspondan verdaderamente a los ingresos de quienes necesitan adquirir su primer hogar.

Para los últimos meses de 2026, considero poco probable un desplome generalizado de los precios inmobiliarios. Sin embargo, tampoco podemos asegurar que todas las propiedades continuarán aumentando de valor. Algunos desarrolladores podrían mantener sus precios, mientras otros necesitarán ofrecer descuentos, mayores facilidades de pago o incentivos comerciales para estimular las ventas y competir en un mercado cada vez más exigente.

Las perspectivas para 2027 dependerán principalmente de la inflación, las tasas de interés, los costos de construcción y el comportamiento de la economía nacional e internacional. Si mejoran las condiciones financieras, podrían presentarse nuevas oportunidades para compradores e inversionistas. Por el contrario, mayores presiones sobre los combustibles, los materiales y el crédito podrían provocar decisiones de compra más cautelosas y ajustes comerciales en determinados proyectos.

Desde mi experiencia en bienes raíces, considero que estamos entrando en una etapa donde será más importante comprar correctamente que comprar apresuradamente. Antes de adquirir una propiedad debemos evaluar su ubicación, precio por metro cuadrado, documentación legal, calidad de construcción, condiciones de financiamiento y posibilidades de reventa o alquiler. U