APUNTE.COM.DO.- El procesamiento del arroz en cáscara en República Dominicana genera una serie de subproductos derivados que resultan esenciales para otras actividades agropecuarias nacionales, y que el cereal importado desde Estados Unidos no podría suplir, según expuso el productor y procesador Germán Despradel, de Angelina, Sánchez Ramírez.

Despradel advirtió que la importación de arroz blanco procedente de Estados Unidos podría perjudicar no solo a los productores y procesadores locales, sino también a otros sectores que dependen de los derivados del cereal.

Entre los principales subproductos señaló la cascarilla de arroz, empleada en las granjas avícolas como material de cama o piso para pollos y gallinas ponedoras. Indicó que en las granjas de pollo, cuya crianza suele durar un máximo de 45 días, la paja se transforma en gallinaza que se reutiliza como alimento para ganado, mezclada con afrecho —otro derivado del arroz— o con melaza. De las granjas de gallinas ponedoras, que permanecen en producción unos dos años, se obtiene gallinaza como fertilizante, muy valorada para abonar plantaciones de todo tipo.

Explicó que la cascarilla de arroz se comercializa a precios que oscilan entre 20 y 30 pesos por quintal, aunque en épocas de escasez puede llegar a los 100 pesos, debido a su importancia en las operaciones de las granjas dedicadas a la producción de carne de pollo y huevos.

El afrecho o salvado de arroz es uno de los derivados de mayor utilidad para la alimentación pecuaria, y puede incorporarse a la elaboración de alimentos para cerdos y ganado.

Despradel señaló que estos productos pueden mezclarse con soya, maíz, afrechillo de trigo y micronutrientes para fabricar alimentos concentrados destinados a distintas especies animales. Asimismo, indicó que estas mezclas pueden someterse a procesos de peletización, mediante los cuales se transforman en pequeños gránulos que facilitan su manejo y comercialización como alimento para animales.

El precio del saco de afrecho de 125 libras ronda los 650 pesos, pero en época de escasez, como la actual, se ubica hasta en 750 pesos.

Otro derivado es la ceniza obtenida de los hornos de secado del arroz que, de acuerdo con Despradel, se utiliza en cultivos de vegetales destinados a la exportación, así como en la producción de flores y en los invernaderos. Los precios varían entre 20 y 25 pesos por quintal.

También mencionó el grano vano, un producto del grano de arroz que no se desarrolló y quedó vacío por dentro sin llenar la cáscara, y que se utiliza en terrenos agrícolas con el propósito de mejorar las condiciones del suelo. Igualmente hizo referencia a la paja de arroz, los tallos que quedan en los campos después de la cosecha, empleados para alimentar ganado.

Este aprovechamiento permite que una parte del arroz que no termina convertida en grano blanco para consumo humano tenga un uso productivo en la cadena agroalimentaria de cultivos y la pecuaria nacional.

Sobre las importaciones, Despradel indicó que cualquier evaluación de sus efectos debe considerar no solo el mercado del arroz destinado al consumo humano, sino también la disponibilidad, el costo y otros aprovechamientos.

El productor advirtió que, si el arroz importado desplaza una parte significativa de la producción nacional, los efectos podrían extenderse a las granjas avícolas, las explotaciones ganaderas y las empresas dedicadas a producir alimentos para animales, siempre que estas no encuentren fuentes alternativas de abastecimiento en condiciones competitivas.

“No es solamente traer el arroz blanco”, planteó Despradel al llamar la atención sobre la importancia de evaluar el impacto de las importaciones en el conjunto de la economía agropecuaria, y sostuvo que la producción arrocera nacional debe analizarse como una cadena de valor que involucra a agricultores, factorías y comerciantes de subproductos.