APUNTE.COM.DO.- Santo Domingo.- Detrás de muchas canciones que han acompañado desamores, reconciliaciones, despedidas y recuerdos imborrables hay una historia que alguien tuvo la sensibilidad de escuchar y transformar en música. En el universo de la salsa, Mimi Ibarra ha construido una trayectoria haciendo precisamente eso: convertir las emociones humanas en canciones capaces de trascender voces, generaciones y fronteras.
Compositora e intérprete, la artista llega a sus tres décadas de carrera con la mirada puesta en el camino recorrido y la gratitud de quien reconoce que el talento también implica responsabilidad. Su historia musical comenzó mucho antes de alcanzar el reconocimiento, cuando todavía era una adolescente y las melodías empezaron a ocupar sus pensamientos.
“Mi carrera profesional empezó como compositora, pero desde que era una niña siempre supe que sería una intérprete”, relata Ibarra al recordar aquellos primeros encuentros con la inspiración.
Una noche, cuenta, una melodía desconocida le robaba el sueño mientras frases contagiosas danzaban en su mente. Con el tiempo comprendió que aquella experiencia era mucho más que una inquietud pasajera. “Me di cuenta de que Dios realmente no abandona a sus hijos y de lo afortunada que soy porque puedo compartir con otros mi talento”, expresó.
En una industria en la que el intérprete suele ocupar el primer plano, Mimi Ibarra ha encontrado una forma particular de trascender: escribir canciones que otros artistas hacen suyas y que, en ocasiones, terminan convirtiéndose en parte de la memoria colectiva de la salsa.
Para ella, escuchar a otro cantante convertir en éxito una historia nacida de su imaginación representa una satisfacción difícil de medir. Su visión de la creación musical está alejada de la necesidad de protagonismo. Reconoce que puede existir la tentación de interpretar personalmente cada canción que escribe, pero entiende que la madurez artística consiste también en identificar la voz que mejor puede transmitir la esencia de una obra.
“Las canciones tienen nombre y apellido, e ir en contra de eso no es ser inteligente. No hay espacio para el egoísmo, además es tu obra y quieres verla brillar”, sostiene. Esa capacidad de reconocer el potencial de otros intérpretes forma parte de su identidad profesional.
La vida, afirma, continúa siendo su principal fuente de inspiración. No necesita haber protagonizado personalmente cada historia, porque las emociones humanas se repiten de una generación a otra. “Al fin y al cabo, el ser humano está hecho de carne y hueso, nos corre sangre en las venas; no importa el color ni el idioma, seguimos siendo seres humanos”, reflexiona.
El desamor, las lágrimas y las decepciones ocupan un lugar importante en el repertorio salsero. Sin embargo, para la compositora, la popularidad de esas historias también revela una realidad que invita a reflexionar. Considera que el dolor suele llamar la atención y generar identificación porque muchas personas encuentran en la música una manera de expresar aquello que no consiguen decir con palabras.
Aunque reconoce que esa realidad entristece su corazón, no establece una competencia entre las canciones tristes y las que celebran la belleza del amor. “Todos los colores son hermosos, solo depende del momento que estés viviendo o por lo que estés pasando”, afirma. Desde su perspectiva, la música cumple múltiples funciones: puede servir de desahogo, acompañar una celebración, aliviar una tristeza o despertar recuerdos. Su valor está, precisamente, en esa capacidad de conectar con la experiencia humana.
Mantenerse durante 30 años en el mundo de la música no es una tarea sencilla, especialmente para una mujer que ha desarrollado su carrera en el ámbito de la salsa. Ibarra reconoce los desafíos que ha enfrentado, pero asegura que la preparación, el respeto por el oficio y la fidelidad a su esencia han sido fundamentales para permanecer.
La relación de Mimi Ibarra con República Dominicana ocupa un lugar especial en su historia. La artista asegura que ha encontrado en el país una acogida que la hace sentirse parte de su gente.