APUNTE.COM.DO.- Las autoridades federales de Puerto Rico investigan las redes de tráfico de personas que operan desde República Dominicana hacia la isla, luego del naufragio de una embarcación clandestina ocurrido la semana pasada cerca de Isla de Mona, que dejó un saldo de tres fallecidos y 12 desaparecidos.

El fiscal jefe interino de la Fiscalía federal en San Juan, Héctor Ramírez Carbó, informó este jueves sobre la ampliación de la pesquisa y confirmó la radicación de cargos contra tres personas vinculadas al caso, según declaraciones recogidas por el periódico El Nuevo Día.

Ramírez Carbó señaló que la investigación contará con los recursos del Grupo de Trabajo de Seguridad Nacional (HSTF) y que el propósito es superar la persecución de los simples operadores de la embarcación.

«Traer ante la justicia a todo aquel que planificó, que se haya lucrado, o haya llevado a cabo este cruce ilegal de personas que resultó en una tragedia», declaró al diario.

Agregó que no se detendrán en acusar únicamente a quienes dirigían la operación en el navío: «No vamos a descansar con meramente acusar a las personas que estaban en el navío dirigiendo la operación. Vamos a ir más allá. Estamos en coordinación con las autoridades dominicanas, y los acuerdos de colaboración que tenemos entre las agencias federales y diferentes países, para dar con las personas que estaban organizando estas travesías».

Durante una conferencia de prensa, el fiscal evitó precisar a qué personas o estructuras se investiga, pero indicó que mantienen comunicación con las autoridades de República Dominicana y que también rastrean posibles «enlaces» en Puerto Rico.

Bajo el título «Comerciantes de la muerte», Ramírez Carbó explicó que existen «cientos de viajes» de traficantes de humanos, aunque «muchos no llegan a salir de aguas de la República Dominicana y ya hay personas fallecidas».

En cuanto a los móviles de estos viajes, señaló que además de facilitar la entrada de extranjeros sin autorización del gobierno federal, en ocasiones también se transportan cargamentos de sustancias controladas.

«Si hay trata humana, venta de niños y cosas así por el estilo, eso es objeto de investigación. Donde lo detectemos, vamos a investigar ese ángulo también», enfatizó.

«Hay redes que se dedican a esto. No voy a entrar en detalles de identidades de estas redes, pero son viajes coordinados», añadió.

El funcionario sostuvo que cuentan con personal en República Dominicana que sirve de enlace con las agencias federales, aunque evitó ofrecer detalles sobre el avance de esas pesquisas.

«No puedo entrar en detalles de en qué etapa estamos en las investigaciones que puedan estar surgiendo en la República Dominicana, pero sí estamos trabajando en colaboración cercana», recalcó.

No obstante, reconoció las limitaciones para interceptar todos los viajes clandestinos: «Ciertamente, no vamos a poder dar con la totalidad de los viajes clandestinos que llegan a Puerto Rico. Algunos son exitosos en traer gente. Los viajes siempre están, y siempre estarán estos traficantes de personas que los van a incitar a venir».

De acuerdo con lo publicado por El Nuevo Día, las personas que realizan la travesía suelen pagar entre 1,000 y 5,000 dólares.

Por su parte, el capitán de navío de la Guardia Costera, Robert Stiles, explicó que la frecuencia de los viajes depende usualmente de las condiciones del tiempo, así como de otros factores.

El director en Puerto Rico de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), Yariel Ramos, declaró al diario que «en los últimos dos meses ha incrementado» la cantidad de embarcaciones con inmigrantes intervenidas.

«Ellos esperan el momento oportuno. Hacen sus análisis, hacen su propia inteligencia», expuso Ramos, quien lamentó que el caso de la semana pasada se sume a otros viajes que han terminado en muertes, como el de un niño haitiano de tres años registrado en 2023.

«A los traficantes… sabemos lo que hacen. No son los ayudantes que dicen ser. Son comerciantes de la muerte», afirmó. «Suben a hombres, mujeres y niños a lanchas podridas y sobrecargadas, sabiendo que el mar no perdona».